ERITREA. Entrevista con monseñor Menghisteab Tesfamariam
Ni en guerra ni en paz
El conflicto con Etiopía hace años que terminó, pero desde entonces la población sigue en armas. Porque la guerra podría volver a estallar, con la excusa del contencioso sobre las fronteras. Habla el obispo de Asmara
Entrevista con monseñor Menghisteab Tesfamariam por Giovanni Cubeddu

En la página de al lado, una procesión de católicos eritreos en oración por la paz por las calles de Asmara
Esto era así antiguamente. Hoy islam y cristianismo están en igualdad de condiciones, y si existe un país en el que la lucha por la liberación haya unido, más si cabe, a todos indistintamente, este país es precisamente Eritrea. No hay ni rastro de conflictos religiosos entre los musulmanes, los coptos, los católicos y los protestantes que abarrotan las mezquitas y las iglesias. La convivencia era calurosa y sencilla desde antes, todos se alegraron por el final de la guerra y consolaron a los que habían perdido a sus seres queridos.
A casi trece años del referéndum por la independencia, con una relación con Addis Abeba definido de “no guerra, no paz”, todos los hombres siguen en armas, y si el gobierno sigue construyendo infraestructuras, las economías familiares se dejan en gran parte a la responsabilidad femenina. Al sistema de educación nacional, que tendría que formar los talentos para el futuro del país, se le pide ahora que ponga de su parte para aportar competencias en un posible conflicto bélico.
Y luego está la lluvia… tan importante para un pueblo dedicado a la agricultura y la ganadería, y que cae tan de tarde en tarde.
La Conferencia Episcopal Eritrea ha hablado ya amplia y francamente (diez años después de la independencia, en una carta pastoral de 2001, God loves this country, Dios ama a este país) de lo que el pueblo sigue esperando del gobierno. Los problemas de todos son también los de la mayoría católica eritrea. Nos lo atestigua el obispo de Asmara, el comboniano Menghisteab Tesfamariam.
MESGHISTEAB TESFAMARIAM: Eritrea es un país pequeño y joven. Ha tenido una guerra de independencia de treinta años, y luego otra contra Etiopía. De ahí nace la crisis económica, además de por la pertinaz sequía de estos últimos cinco años. La gente encuentra dificultad a la hora de conseguir su comida cotidiana.
Efectivamente, más de la mitad de la población depende de las ayudas internacionales, en varios niveles.
FESFAMARIAM: Es difícil responder con estadísticas, no poseo datos exactos, pero sé con seguridad que mucha gente necesita ayuda. La economía ha de ser sostenida por la producción agrícola, por el trabajo. Y para esto es necesario que haya paz, y que llueva. Si no, es natural que haya sufrimiento.
Pero la guerra terminó en 2000.
TESFAMARIAM: Ustedes dicen “terminó”, pero para nosotros esto es relativo. Es cierto, desde 2000 no se combate, pero mientras la cuestión de la frontera no se resuelva , el país seguirá en una “casi guerra”. No olvidemos que los hombres en edad de trabajar siguen en el frente.
Inmediatamente después de la independencia de Eritrea, la Iglesia se puso al lado del presidente Afeworki. Luego la Conferencia Episcopal Eritrea publicó un documento con críticas. ¿Cuándo cambió la actitud de los obispos?
TESFAMARIAM: Estoy en Asmara desde 2001 y no veo ningún cambio notable en las relaciones con el gobierno. La Iglesia ha alentado siempre lo que es justo y necesario para el desarrollo del país y la vida del pueblo. El documento de los obispos publicado en 2001 nació como valoración del camino realizado a los diez años de la independencia. Había cosas buenas, pero también había que hablar de las que no se habían realizado. Fue un gesto espontáneo y natural que, por lo demás, tomaba pie de las celebraciones de los diez años de la independencia organizadas por el gobierno en aquellos mismos días…
Las peticiones que la Iglesia le hace al gobierno por el bien de la sociedad, ¿son escuchadas?
TESFAMARIAM: Bueno, nosotros tratamos de dialogar, porque fundamentalmente estamos convencidos de que también es intención del gobierno que nuestro país crezca. Claro, no todas nuestras peticiones son escuchadas. Pero nosotros somos sólo un pequeño porcentaje y hacemos lo que podemos. En nuestra actividad nos dedicamos a las escuelas, hospitales, la promoción humana, espiritual y pastoral.
Si todos los hombres en edad laboral están en servicio militar, ¿quién construirá el país del mañana?
TESFAMARIAM: No sabría comentar ni decir nada. La situación de tensión no ha terminado y es difícil juzgar en este momento. Ciertas cosas las puede comprender solo quien las vive.
La tensión con Etiopía vuelve a ser muy alta…
TESFAMARIAM: La comunidad internacional, las Naciones Unidas, la Unión Europea y la Unión Africana, todos han colaborado para encontrar un acuerdo entre nosotros y los etíopes en Argel, en el año 2000. También se ha creado una Comisión internacional para establecer las fronteras, para llegar a una demarcación y alcanzar la paz duradera entre dos naciones hermanas. La ONU envió aquí sus fuerzas para hacer ver su compromiso. Pero la Comisión se pronunció en 2002, y no se ha hecho nada en la demarcación de las fronteras. A nosotros nos asombra, porque la comunidad internacional no ha mantenido la palabra dada para ayudar a los dos países a hacer efectivo el acuerdo. Pero no soy quien para comentar la política exterior de mi gobierno.

Soldados etíopes montan guardia en la frontera con Eritrea
TESFAMARIAM: Espero y rezo por que no sea así. Pero si la tensión sigue siendo tan alta, entonces tenemos miedo. Yo, de todos modos, espero realmente que no.
¿Qué porcentaje de fieles poseen las distintas religiones presentes en el país?
TESFAMARIAM: La mitad de la población es cristiana, y la otra mitad musulmana. Los católicos son quizá el 4 por ciento de los cristianos, y el resto son todos coptos ortodoxos, más un pequeño número de protestantes. La convivencia es buena, sin problemas, y se intenta dialogar.
Pero también existen aquí sectas y movimientos modernos, que están hoy por casi todo el mundo, cuya consistencia y actividades es difícil comprender. Algunos de nuestros fieles, católicos y coptos ortodoxos, se sienten atraídos por ellos. Nosotros, en cambio, tenemos nuestro culto, rezamos, hacemos nuestro trabajo pastoral siempre con recíproco respeto.
Después del 11 de septiembre, y por problemas internacionales –por ejemplo la guerra en Irak–, ¿han empeorado las relaciones de ustedes con los musulmanes?
TESFAMARIAM: No, no. Aquí estamos bien y no han surgido problemas recientemente. Porque aquí nuestra relación tiene una historia de siglos, existe una costumbre arraigada en la gente.
¿Se han presentado iniciativas comunes al gobierno a favor de la paz o de la población?
TESFAMARIAM: Cuando vemos que el pueblo tiene necesidad, pedimos reunirnos con el gobierno y normalmente no hay obstáculos. Para favorecer la paz con Etiopía, los jefes religiosos de ambos países se reunían con regularidad; ahora ya no, porque el proceso de delimitación de fronteras se ha interrumpido y, como ya he dicho, nos falta la ayuda de la comunidad internacional.
¿No tienen, pues, contactos con los obispos etíopes? Los obispos eritreos y etíopes se sientan en una única Conferencia Episcopal…
TESFAMARIAM: Sí, pero hemos de tener en cuenta el momento actual. Rezamos por la paz y tratamos de hacer lo que podemos; la situación, sin embargo, no es fácil, y no podemos hacer algo tan vistoso, de tan fuerte impacto. Claro que cuando es posible hablamos con los etíopes, aunque con dificultades: la frontera está cerrada, y las comunicaciones telefónicas y postales no están permitidas.
¿Y qué es lo que piden con más insistencia los fieles?
TESFAMARIAM: ¡Pues la paz! ¡La paz y la lluvia! Para nosotros son cosas esenciales. La paz, para poder vivir con todos, para que los que están en el frente puedan volver y trabajar. ¡Porque si llega la lluvia se necesitan manos que cultiven la tierra!... La lluvia es preciosa para nosotros y la gente reza mucho, se la piden a Dios, a todos los santos.

Menghisteab Tesfamariam
TESFAMARIAM: Sí, estoy más que seguro de ello, son las cosas esenciales que volverían a infundir vida a este país. Cuando nos reunimos con los islámicos y los ortodoxos, al final terminamos siempre hablando de paz y de lluvia.
¿Se reúnen ustedes a menudo con los musulmanes y los coptos ortodoxos?
TESFAMARIAM: En los pueblos se vive espontáneamente juntos la alegría por un matrimonio, la tristeza por alguien que muere. Hay interacción entre todas las religiones en la vida cotidiana. Luego, a nivel oficial, los jefes religiosos eritreos nos reunimos en las distintas celebraciones.
La convivencia de las religiones en Eritrea es un ejemplo para todos.
TESFAMARIAM: Puedo confirmarlo. A diferencia de otros países, aquí hay respeto, colaboración, especialmente entre la gente común, y en todas partes puede verse una iglesia católica junto a otra copta, o una protestante junto a una mezquita. Cada cual adora y reza según su fe, y en las otras cosas se vive juntos como paisanos.
¿Ha habido recientemente acciones terroristas en el país?
TESFAMARIAM: No que yo sepa.
¿Está habiendo alguna crisis en las obras de caridad católicas, vista la dificultad general del país?
TESFAMARIAM: Intentamos dialogar con el gobierno, pese a que las leyes a veces pueden ser exigentes. No perdemos las esperanza, seguimos pidiendo, hablando. En nuestras obras se trabaja como antes. Pero ha cambiado el mundo occidental, o quizá existen demasiados países necesitados de ayuda, por lo que se ocupan menos de nosotros por lo que se refiere a los alimentos y las medicinas. En los últimos cinco años nuestra Iglesia católica ha trabajado, mediante la Caritas nacional e internacional, buscando ayuda y distribuyéndola. No es exacto decir que ahora la ley nos impide hacerlo. Sí, en el pasado ha habido declaraciones adversas por parte del gobierno, pero en la práctica pocas cosas han cambiado. Somos lo suficientemente libres para hacer lo que podemos, es decir, no ya la distribución generalizada de comida, algo que compete al gobierno, sino ayudar a las personas más afectadas, a los niños, ancianos y mujeres, eso sí. Pienso que, gracias a Dios, lo estamos haciendo bien: veo que la gente está contenta.
¿Pero entonces qué tipo de colaboración pueden ustedes tener con el gobierno? Ya en el documento de 2001 le pedían ustedes que hiciera su parte. ¿Cómo ha respondido?
TESFAMARIAM: No ha habido ninguna declaración oficial favorable o contraria, hubo opiniones poco benévolas por parte de miembros del gobierno, pero a título personal. Otros recibieron bien el documento, y se asombraron por cómo habíamos sido capaces de interpretar los deseos del país en aquel momento. Nosotros tenemos los pies en la tierra, no perdemos el tiempo en los intríngulis de una ley, sino que acudimos a la Oficina de asuntos religiosos cada vez que algo afecta a nuestra Iglesia y les pedimos explicaciones cuando tenemos quejas que hacer. Ellos nos escuchan, pero… que una ley inicua se cambie, bueno, esto depende del tiempo y de la línea que el gobierno quiere adoptar. De todos modos, la vía de comunicación con el gobierno no se ha cerrado.
¿Cuál es la organización religiosa más filogubernamental? ¿Manifiesta el gobierno algún tipo de preferencia religiosa?
TESFAMARIAM: Es difícil responder. A nivel formal poco se puede decir. El gobierno reconoce a cuatro grupos religiosos: musulmanes, coptos, católicos y protestantes. Esto es lo oficial. No sabría decir a quién prefiere el gobierno como interlocutor. Además, que la religión mayoritaria goce de más atención por parte del gobierno… es algo normal. De los jefes religiosos no podría decir que uno sea más filogubernamental que los otros. Estamos todos de acuerdo en querer mantenernos fuera de la política. Este es el pacto no escrito, aunque firme, entre nosotros. Dicho esto, cada Iglesia posee su propia identidad, su modo de actuar, hay quien se siente más libre y quien más cerca del gobierno. Esto depende no solo de los grupos sino también de las personas.
¿Han llegado las sectas americanas creando problemas?
TESFAMARIAM: Sí, el gobierno ha declarado que han de ser registradas. En cuanto llegan turban a las comunidades cristianas existentes, porque se llevan a sus miembros, y el gobierno está muy atento al fenómeno porque crea divisiones en un país pequeño como el nuestro. Quien por motivos religiosos o étnicos crea división está mal visto por el gobierno, que desde siempre propugna y quiere defender la unidad de un país que no cuenta todavía con quince años de vida.

El presidente eritreo Isaias Afeworki con el ministro de Defensa Sebhat Ephrem
TESFAMARIAM: Es un gesto extremo por parte americana, y ni siquiera creo que esté justificado. Aquí más del 90 por ciento de la población practica normalmente su religión. No es justo paragonarnos a Arabia Saudí.
La decisión americana de compararnos hacia abajo creo que no ha ayudado al país. Nos ayudarían realmente si comprendieran que los gobiernos van y vienen, y que el pueblo eritreo se queda. Es decir, es necesario mirar al bien del pueblo, no juzgar todo negativamente. La política actual del gobierno eritreo puede gustar o no, a nosotros o a otro gobierno, pero la mirada y la acción sobre las cosas deberían tener un carácter humanitario, es decir, de ayuda al pueblo. Si la comunidad internacional tuviera esta actitud, entonces sí que podría trabajar para que vuelva la paz, para que también las fronteras con Etiopía se definan. Las tropas de las Naciones Unidas están, pero falta la presión para que las decisiones tomadas por la Comisión Internacional sobre las fronteras se hagan realidad. Si no, esta será una derrota de las Naciones Unidas y de todos los países –incluidos los Estados Unidos–, que fueron testigos de aquel compromiso. En fin, que los eritreos nos sentimos traicionados.
¿Falta solo la voluntad política o hay quienes están en contra de la solución del problema entre Etiopía y Eritrea?
TESFAMARIAM: Pero, ¿por qué no hacer la paz entre estos dos países? La paz es importantísima. Hace tres años, cuando vinieron aquí los quince representantes del Consejo de Seguridad de la ONU y quisieron entrevistarse también con los jefes religiosos, yo les hice este comentario: «Por favor, aquí estamos hablando de vidas humanas, de pueblos enteros. Dejen por un momento a un lado la política y coloquen en primer lugar a la gente». Existen dificultades entre los dos países, de acuerdo, pero la guerra entre ellos nace de no haber podido resolver sus problemas de manera pacífica.
¿Cree que también esta vez Afeworki y Zelawi aceptarán las peticiones de la comunidad internacional?
TESFAMARIAM: Pienso que sí. Visto que la comunidad internacional ha conseguido que se sienten en una mesa en Argelia cuando todavía se oía el fragor de la guerra, ¿por qué no puede usar la misma fuerza de convicción ahora? Como cristianos nosotros seguimos rezando para que Dios, en cuyas manos está la Historia, del mismo modo que ha resuelto otros problemas nos ayude a superar también éste. Pero Dios se sirve también de los hombres.