Sesenta y ocho, mística, satanismo
Actualidad de la antigua gnosis y de sus perversiones que pueden insinuarse en el pensamiento católico incluso a nivel superior. Entrevista a Alessandro Olivieri Pennesi, profesor de la Pontificia Universidad Lateranense
por Giovanni Cubeddu

La última cena, Salvador Dalí, National Gallery of Art, Washington
El único autor italiano citado en los estudios cristianos tomados como referencia por los redactores del informe es Alessandro Olivieri Pennesi, sacerdote romano y profesor de la Universidad Lateranense, gracias a su libro Il Cristo del New Age, editado por la Libreria Editrice Vaticana. Texto exhaustivo, que se abre con un capítulo dedicado a Cristo en el gnosticismo contemporáneo (que, al igual que el antiguo, vive «de la devaluación respecto del presente», suprimiendo desde el principio toda posibilidad de salvación histórica para el hombre) y evidencia una vez más «el fondo común esotérico-ocultista» de quien, teniendo acceso a las mismas fuentes» de los cristianos, las ha interpretado con la pretensión de superarlas, en la perspectiva de una nueva era, y para afirmar un “Cristo de siempre”, principio abstracto y desencarnado.
Con el padre Olivieri Pennesi hemos comenzando la entrevista partiendo del documento vaticano.
ALESSANDRO OLIVIERI PENNESI: En los ambientes de los estudiosos se esperaba el documento vaticano. Y algunos han señalado que su publicación ha llegado con notable retraso, si bien se estaba preparando desde hacía tiempo. De todos modos, hay que decir que ya en 1993 el Papa había advertido de la expansión de la Nueva Era en una audiencia con los obispos norteamericanos, aunque algunos de ellos, más atentos, ya conocían la situación y habían escrito cartas pastorales sobre el contagio en algunas comunidades locales; lo mismo hizo la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) con el documento de 1993: El compromiso pastoral de la Iglesia frente a los nuevos movimientos religiosos y a las sectas. Ahora bien, es apreciable el esfuerzo que han hecho los redactores vaticanos para ofrecer un instrumento de trabajo que puede utilizarse en todas partes, ya que el fenómeno de la Nueva Era existe desde América Latina hasta Japón.
Hoy la difusión de estas prácticas y creencias es a nivel popular.
OLIVIERI PENNESI: El documento de la Congregación para la doctrina de la fe de 1989, Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre algunos aspectos de la meditación, ya es un texto de referencia sobre la atención que hay que poner en la actualización de los antiguos gnosticismos, donde la salvación se da por medio del conocimiento, esotérico, para pocos. Sobre la práctica de la Nueva Era (o gnóstica, que es decir más o menos lo mismo) a nivel de base, hay innumerables ejemplos. Por citar uno, el último texto vaticano sobre la Nueva Era habla del uso, en alarmante expansión, del eneagrama: un símbolo originariamente de iniciación desarrollado en ámbito esotérico-sincretista, que luego se convierte en sistema de clasificación de la personalidad en nueve tipos psicológicos y que sirve para la búsqueda de una autorrealización por vía esotérica y/o mágica. En este último caso, la autodivinización sirve para la adquisición del poder, que se vuelve concreta también mediante la forma extrema del satanismo. Es gnosticismo puro. En ambientes cristianos angloamericanos este método encuentra espacio en el campo de la guía y de la dirección espirituales (y los obispos estadounidenses han creado una comisión específica para este fenómeno).
¿Qué nota usted en la reflexión teológica?
OLIVIERI PENNESI: En el terreno del diálogo interreligioso conozco autores que, buscando puntos de contacto con las religiones orientales, terminan por adherirse a temas gnósticos. Añado que hay una espiritualidad ecológica católica que casi acepta la divinización del mundo creado en la figura de la madre tierra (con lo que se puede llegar a ensalzar el arquetipo universal de la Virgen Madre en lugar de la virgen María). Son temas que han promovido en algunos de sus escritos personajes como Leonardo Boff y el ex dominico Matthew Fox, que ha fundado en Oklahoma la University of Creation Spirituality. En general, quien acepta estas tesis elimina también el pecado original, substituyéndolo con la “bendición original”. Entonces el hombre, si es bueno y no necesita ninguna gracia, debe ocuparse por sí mismo de recuperar la chispa de Dios puesta en él ab initio. Se cancela la dialéctica entre naturaleza y gracia. Existe asimismo una teología de la energía, que recuerda los flujos cósmicos de la Nueva Era, y que parece tener buena acogida en el campo de la inculturación católica, sobre todo en Extremo Oriente.
¿Qué prácticas, según usted, pueden llegar a desnaturalizar la fe?
OLIVIERI PENNESI: En pocas palabras, se quiere, tal vez con las mejores intenciones, estar a la moda, ir hacia el hombre de hoy, pero degradándose y creyendo que el sentido religioso es el factor del encuentro. Y además, este gnosticismo de la Nueva Era afirma que puede transformar al hombre sin dolor, anula la idea misma de pecado. Mientras que en la vida cristiana está presente el misterio de la cruz, del dolor que Jesús mismo padeció. Si no es Jesús quien salva, es una idea no católica de autosalvación que termina por seducir a ciertos ámbitos eclesiásticos. Como en La Profecía Celestina de James Redfield, biblia gnóstica contemporánea, donde después de nueve grados se llega a la iluminación perfecta. O como en la llamada teología católica del proceso, igualmente en ámbito norteamericano, que corre el riesgo de abrir las puertas a la autosalvación.
Hay escritos del religioso americano Maloney sobre Nueva Era y misticismo cristiano que parecen defender la Nueva Era aceptando algunos principios como la “conciencia crística”: algo que, desde cierto punto de vista, no tiene dificultad para insinuarse en el pensamiento católico, incluso a nivel superior.
En pocas palabras, se quiere, tal vez con las mejores intenciones, estar a la moda, ir hacia el hombre de hoy, pero degradándose y creyendo que el sentido religioso es el factor del encuentro. Y además, este gnosticismo de la Nueva Era afirma que puede transformar al hombre sin dolor, anula la idea misma de pecado. Mientras que en la vida cristiana está presente el misterio de la cruz, del dolor que Jesús mismo padeció.
Esto quiere decir que también en la Iglesia puede difundirse un pensamiento no católico…OLIVIERI PENNESI: Las interpretaciones distorsionadas sobre la pastoralidad del Concilio Vaticano II tienen sus responsabilidades, al igual que la incomprensión de lo que significaba atención a los “signos de los tiempos”. No cabe duda de que la Nueva Era es un signo de los tiempos, con el que confrontarse, estamos de acuerdo… pero no para ir más allá de la tradición, lo concreto, como induce a hacer desde siempre el gnosticismo. Aldo Natale Terrin, estudiando lo postmoderno, sostiene que la Iglesia actual vive en la aceptación de una doble pertenencia: poder ser católica (pero ¿de qué modo?) y poder ser algo distinto al mismo tiempo, ostentando impunemente su acceso a otras fuentes. La doble pertenencia no sólo es aceptada dentro de la Iglesia a varios niveles, sino que forma parte de la propuesta misma de la Iglesia al hombre contemporáneo. Es un pacto tácito, interno y externo. Aldo Natale Terrin añade que el cristianismo reducido a religión no puede de ninguna manera protegerse de la Nueva Era, no puede defenderse porque ésta lleva consigo el espíritu de una época que no pretende contraponerse a un mundo religioso definido (cf. Terrin, New Age. La religiosità del postmoderno, Bolonia, 1993, p. 247). Además, hay un peligro serio respecto a la Nueva Era; la revista Jesus (marzo 2003) sostiene que debería contextualizarse en el ámbito del esoterismo y del ocultismo. Estoy de acuerdo, porque la Nueva Era es sólo una etiqueta para esos contenidos, y es un fenómeno que certifica simplemente la extensión que ha alcanzado el esoterismo y el ocultismo.
¿Están muy difundidos?
OLIVIERI PENNESI: Hay una expresión atribuida a Malraux, desde cierto punto de vista inquietante y profética, según la cual el siglo XXI sería místico o no sería nada. Esto, unido a la pérdida de la experiencia de la fe en la Europa que se creía cristiana, nos muestra lo común que puede ser la adhesión a una fe que sea pagana, precristiana (a la creación originaria se superpone un “re-encantamiento” del mundo, recuperando una visión mítica que la primera evangelización había dejado a un lado), mágica. Y aquí volvemos a la doble pertenencia que decíamos antes.
Por lo demás, la presencia de cierto satanismo está in nuce en las raíces mismas de la Nueva Era, es decir, en la teosofía, donde el culto luciferino está previsto. Lucifer no es el mal, sino la otra cara de Dios. La fundación cultural a la que se refería Alice Bailey, primera anunciadora de la nueva era, se llamaba Lucis Trust (Lucis es abreviación de Lucifer). Su revista ha escrito mucho sobre Jacob Frank, el frankismo… y sobre la purificación buscada a través del mal (dado que para ellos el mal mismo viene de Dios).
El intento de divinización del hombre que la Nueva Era propaganda, mediante una transformación que puede realizarse con un trabajo sobre sí mismo, tiene lugar con una recuperación de la idea de alquimia. En La Profecía Celestina tenemos la metáfora de la espiritualización del hombre que se vuelve pura energía: un intento gnóstico de volver a la chispa divina. Y también la encontramos en otros de los textos sagrados de la Nueva Era, Un curso de milagros. Es un volumen nacido en ambientes académicos de Estados Unidos, realizado por la judía Helen Schucman. Esta afirma que entra en contacto con su yo profundo y recibe la “revelación” de Cristo…
En definitiva, de la figura de Jesucristo no queda nada en la Nueva Era.
OLIVIERI PENNESI: Pero ¿en qué se convierte el cristianismo sin una esperanza histórica? Entre los estudiosos de la Nueva Era se habla, entre otras cosas, de una “cristosofía” que va contra la historia, que recupera textos alternativos o apócrifos para “llenar el tiempo” entre la presentación en el Templo y la vida pública de Jesús introduciendo subrepticiamente –como han hecho los que hicieron el 68– los viajes esotéricos de Jesús, su iniciación con los esenios de la comunidad de Qumrán o sus visitas a la India budista… Y es sintomático el ejemplo de una revista como Re Nudo, donde quien vivió y participó en los movimientos del 68, tras una larga peregrinación partiendo del marxismo encuentra ahora una nueva colocación en clave gnóstica. Sería interesante –en tiempos en que la escatología quiere conducirnos a todos hacia una guerra mundial definitiva– una lectura de tipo político de los resultados de dicha nueva colocación.