Entrevista con el cardenal José Saraiva Martins
Beatos para sus gentes
De ahora en adelante, como regla general, las beatificaciones no se celebrarán ya en Roma, sino en las diócesis que hayan promovido la causa de beatificación, o en otras localidades consideradas adecuadas, explica el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos: «El que las nuevas normas establezcan mayor implicación de las Iglesias locales es pastoralmente estupendo»
Entrevista con el cardenal José Saraiva Martins
Una de las primeras novedades introducidas por
Benedicto XVI ha sido la que establece que el Papa, por lo general, no
presidirá las ceremonias de beatificación, sino solo las de
canonización. En realidad, más que de una novedad real se
trata de un regreso a lo antiguo, es decir, a la práctica de los
últimos siglos hasta 1971. Esta importante decisión la
tomó el papa Ratzinger con motivo de los ritos de
beatificación que se celebraron en San Pedro el pasado 14 de mayo
cuando la ceremonia estuvo presidida “de mandato Summi
Pontificis” por el prefecto de la Congregación para las Causas
de los Santos. Pero sólo el pasado 29 de septiembre L’Osservatore Romano publicaba
con gran relieve en primera página una
“Comunicación”, en latín e italiano, con la
que la Congregación oficializa y formaliza las “nuevas
disposiciones” que regulan las ceremonias en las que se eleva al
honor de los altares a los nuevos beatos.

30Días le ha
hecho algunas preguntas sobre el tema al cardenal José Saraiva
Martins, portugués, prefecto de la Congregación de las Causas
de los Santos desde 1998.
Eminencia, ¿cuáles son los contenidos de esta “Communicatio”?
JOSÉ SARAIVA MARTINS: Es muy sencillo. En cierto sentido, más que de novedad se trata de un regreso a la práctica seguida desde 1662 a 1971, cuando no era el papa el que presidía la ceremonia de beatificación. Además se reafirma que la beatificación sigue siendo un acto pontificio, pero que está presidido por un representante suyo, que por lo general es el prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos.
¿Dónde se celebrarán las ceremonias de beatificación?
SARAIVA MARTINS: En el pasado este tipo de celebraciones se celebraban por lo general en Roma; de ahora en adelante las beatificaciones se celebrarán en las diócesis que hayan promovido la causa de beatificación, o en otras localidades que se consideren adecuadas.
¿Pero sigue siendo posible que se celebren en Roma?
SARAIVA MARTINS: Sí, pero sólo si lo piden motivadamente el obispo y los actores de la causa de beatificación y tras el beneplácito de la Secretaría de Estado.
Buena parte de las beatificaciones previstas para este octubre y para noviembre se desarrollarán, de todos modos, en Roma…
SARAIVA MARTINS: Es cierto, pero en la mayor parte de los casos se trata de ritos establecidos antes de la entrada en vigor de las nuevas normas.
¿Qué razones han llevado al papa Benedicto XVI a esta novedad, que en realidad es un regreso a lo antiguo?
SARAIVA MARTINS: Son, como dice nuestra Comunicación, disposiciones dictadas por “razones teológicas” y por “exigencias pastorales”. El que las nuevas normas establezcan más implicación de las Iglesias locales es pastoralmente estupendo. Es un bien que toda la comunidad local, y no sólo los que podrían acudir a Roma, se una y celebre la subida a los altares de un miembro suyo. Es una ocasión privilegiada de catequesis.
¿Cuáles son las “razones teológicas” de estos cambios?
SARAIVA MARTINS: Las razones teológicas tienen que ver con la necesidad de mantener distinguidas las ceremonias de beatificación y las de canonización. Una necesidad que este dicasterio ha tratado siempre de poner en evidencia. Aun siendo ambos actos pontificios –y esto siempre es bueno recordarlo–, con las beatificaciones el papa concede que localmente o solo a determinadas familias religiosas se ejercite el culto público a un siervo de Dios, mientras que con las canonizaciones el beato es declarado santo y el culto se vuelve obligatorio para toda la Iglesia. A esto ha de añadirse, como escribí en el comentario que acompañaba en L’Osservatore Romano del 29 de septiembre [p. 7, n. de la r.] la publicación de la “Communicatio”, que en las canonizaciones la Iglesia actúa «con pronunciamiento de carácter decretorio, definitivo y preceptivo para toda la Iglesia a través del Magisterio solemne del romano pontífice». En las beatificaciones, en cambio, esto no ocurre.
SARAIVA MARTINS: Son opiniones teológicas, a decir verdad no muy difundidas, pero que no representan la posición oficial de la Iglesia. Sobre este punto conviene recordar que cuando en 1998 se promulgó el motu proprio de Juan Pablo II Ad tuendam fidem, en una “Nota doctrinal ilustrativa” aneja, firmada por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, entre «las doctrinas propuestas por la Iglesia de manera definitiva» se citaban explícitamente «las canonizaciones de los santos» junto a la ordenación sacerdotal, reservadas solo a los hombres, la ilicitud de la eutanasia, la enseñanza sobre la ilicitud de la prostitución y de la fornicación, la legitimidad de la elección del sumo pontífice o de la celebración de un concilio ecuménico, la declaración de León XIII sobre la invalidez de las ordenaciones anglicanas.
Para subrayar aún más la diferencia entre beatificación y canonización, ¿está prevista la composición de un Ordo beatificationis et canonizationis?
SARAIVA MARTINS: La oficina de las ceremonias litúrgicas del sumo pontífice, junto con este dicasterio y la Congregación para el Culto Divino, está ya trabajando en este sentido. La finalidad es hacer que destaquen las diferencias entre ambas celebraciones y también proponer un modelo sustancialmente uniforme de rito para las beatificaciones que se celebrarán en distintas partes del mundo.
El cardenal Joseph Ratzinger parecía desear en el pasado un número más sobrio de nuevos beatos y santos. ¿Hemos de esperar que el papa Benedicto XVI pueda llevar a cabo el deseo expresado en su momento por el cardenal Ratzinger?
SARAIVA MARTINS: Hasta el momento no hay señales en este sentido. Nuestra Congregación cuenta con unas dos mil causas en lista de espera y ya hay 400 positio que están listas para ser examinadas. El trabajo sigue adelante igual que en estos últimos años.
Eminencia, ¿permite algunas preguntas sobre el status de algunas causas de beatificación seguidas con especial atención por muchos fieles?
SARAIVA MARTINS: Veamos.
¿Cómo va la causa de Juan Pablo II?
SARAIVA MARTINS: Según las normas. Después de que el papa Benedicto XVI concediera el indulto de no tener que esperar los cinco años a partir de la muerte, la causa ha comenzado su fase diocesana y va adelante como todas las demás.
¿Considera posible, como se ha dicho, que Juan Pablo II sea proclamado beato como mártir?
SARAIVA MARTINS: Como se sabe pueden considerarse mártires solo aquellos que han derramado voluntariamente su sangre, que han muerto in odium fidei. No dudo de que si el siervo de Dios Juan Pablo II se hubiera encontrado en estas circunstancias hubiera afrontado con valor la prueba del martirio. Pero, con los hechos en la mano, no creo que esta situación se haya producido.
A propósito de martirio, durante el Gran Jubileo de 2000 se hizo una notificación en la que se recordaba que el término “mártir” había de atribuirse sólo a quienes la Iglesia, tras un proceso de su dicasterio, había atribuido este título, y que a los demás se les podía atribuir el título de “testigos de la fe”. ¿Sigue siendo válida esta distinción?
SARAIVA MARTINS: Por supuesto que sí, en este caso no ha habido cambios. Usar el término mártir para quien no ha sido reconocido por la Iglesia como tal sigue siendo un abuso deplorable.
¿Cómo va la causa de Pío XII?
SARAIVA MARTINS: Hoy ya no es un misterio para nadie que la Positio super virtutibus se ha completado. Ahora se esperan las valoraciones de los teólogos y el juicio de los cardenales reunidos en Congregación ordinaria. Se espera que puedan intervenir para el próximo año.
Antes del verano se supo la noticia de que había sido suspendida la ceremonia de beatificación de León Dehon por haber sido acusado de antisemitismo. En la prensa se filtró la noticia de que la Santa Sede ha creado una comisión para estudiar la cuestión. ¿Ha terminado sus trabajos esta comisión?
SARAIVA MARTINS: Sí, ha terminado. Más no puedo decir. Sólo que en este caso, como en otros, el interés de la Santa Sede es llegar a la verdad histórica.
Una última pregunta sobre la figura del inolvidable arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero, asesinado mientras celebraba misa. El postulador de su causa ha afirmado que las reservas de la Congregación para la Doctrina de la Fe han sido ya superadas y que la causa ha vuelto a su dicasterio para seguir el procedimiento normal…
SARAIVA MARTINS: No, que yo sepa.

El cardenal José Saraiva Martins preside la celebración para la beatificación de las siervas de Dios Ascensión Nicole Goñi y Mariana Cope, Basílica de San Pedro, 14 de mayo de 2005
Eminencia, ¿cuáles son los contenidos de esta “Communicatio”?
JOSÉ SARAIVA MARTINS: Es muy sencillo. En cierto sentido, más que de novedad se trata de un regreso a la práctica seguida desde 1662 a 1971, cuando no era el papa el que presidía la ceremonia de beatificación. Además se reafirma que la beatificación sigue siendo un acto pontificio, pero que está presidido por un representante suyo, que por lo general es el prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos.
¿Dónde se celebrarán las ceremonias de beatificación?
SARAIVA MARTINS: En el pasado este tipo de celebraciones se celebraban por lo general en Roma; de ahora en adelante las beatificaciones se celebrarán en las diócesis que hayan promovido la causa de beatificación, o en otras localidades que se consideren adecuadas.
¿Pero sigue siendo posible que se celebren en Roma?
SARAIVA MARTINS: Sí, pero sólo si lo piden motivadamente el obispo y los actores de la causa de beatificación y tras el beneplácito de la Secretaría de Estado.
Buena parte de las beatificaciones previstas para este octubre y para noviembre se desarrollarán, de todos modos, en Roma…
SARAIVA MARTINS: Es cierto, pero en la mayor parte de los casos se trata de ritos establecidos antes de la entrada en vigor de las nuevas normas.
¿Qué razones han llevado al papa Benedicto XVI a esta novedad, que en realidad es un regreso a lo antiguo?
SARAIVA MARTINS: Son, como dice nuestra Comunicación, disposiciones dictadas por “razones teológicas” y por “exigencias pastorales”. El que las nuevas normas establezcan más implicación de las Iglesias locales es pastoralmente estupendo. Es un bien que toda la comunidad local, y no sólo los que podrían acudir a Roma, se una y celebre la subida a los altares de un miembro suyo. Es una ocasión privilegiada de catequesis.
¿Cuáles son las “razones teológicas” de estos cambios?
SARAIVA MARTINS: Las razones teológicas tienen que ver con la necesidad de mantener distinguidas las ceremonias de beatificación y las de canonización. Una necesidad que este dicasterio ha tratado siempre de poner en evidencia. Aun siendo ambos actos pontificios –y esto siempre es bueno recordarlo–, con las beatificaciones el papa concede que localmente o solo a determinadas familias religiosas se ejercite el culto público a un siervo de Dios, mientras que con las canonizaciones el beato es declarado santo y el culto se vuelve obligatorio para toda la Iglesia. A esto ha de añadirse, como escribí en el comentario que acompañaba en L’Osservatore Romano del 29 de septiembre [p. 7, n. de la r.] la publicación de la “Communicatio”, que en las canonizaciones la Iglesia actúa «con pronunciamiento de carácter decretorio, definitivo y preceptivo para toda la Iglesia a través del Magisterio solemne del romano pontífice». En las beatificaciones, en cambio, esto no ocurre.
Una de las primeras novedades introducidas por Benedicto XVI ha sido la que establece que el Papa, por lo general, no presidirá las ceremonias de beatificación, sino solo las de canonización. En realidad, más que de una novedad real se trata de un regreso a lo antiguo, es decir, a la práctica de los últimos siglos hasta 1971. Esta importante decisión la tomó el papa Ratzinger con motivo de los ritos de beatificación que se celebraron en San Pedro el pasado 14 de mayo cuando la ceremonia estuvo presidida “de mandato Summi Pontificis” por el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.
Eminencia, algunos teólogos consideran que
tampoco en las canonizaciones interviene el Magisterio infalible de la
Iglesia…
SARAIVA MARTINS: Son opiniones teológicas, a decir verdad no muy difundidas, pero que no representan la posición oficial de la Iglesia. Sobre este punto conviene recordar que cuando en 1998 se promulgó el motu proprio de Juan Pablo II Ad tuendam fidem, en una “Nota doctrinal ilustrativa” aneja, firmada por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, entre «las doctrinas propuestas por la Iglesia de manera definitiva» se citaban explícitamente «las canonizaciones de los santos» junto a la ordenación sacerdotal, reservadas solo a los hombres, la ilicitud de la eutanasia, la enseñanza sobre la ilicitud de la prostitución y de la fornicación, la legitimidad de la elección del sumo pontífice o de la celebración de un concilio ecuménico, la declaración de León XIII sobre la invalidez de las ordenaciones anglicanas.
Para subrayar aún más la diferencia entre beatificación y canonización, ¿está prevista la composición de un Ordo beatificationis et canonizationis?
SARAIVA MARTINS: La oficina de las ceremonias litúrgicas del sumo pontífice, junto con este dicasterio y la Congregación para el Culto Divino, está ya trabajando en este sentido. La finalidad es hacer que destaquen las diferencias entre ambas celebraciones y también proponer un modelo sustancialmente uniforme de rito para las beatificaciones que se celebrarán en distintas partes del mundo.
El cardenal Joseph Ratzinger parecía desear en el pasado un número más sobrio de nuevos beatos y santos. ¿Hemos de esperar que el papa Benedicto XVI pueda llevar a cabo el deseo expresado en su momento por el cardenal Ratzinger?
SARAIVA MARTINS: Hasta el momento no hay señales en este sentido. Nuestra Congregación cuenta con unas dos mil causas en lista de espera y ya hay 400 positio que están listas para ser examinadas. El trabajo sigue adelante igual que en estos últimos años.
Eminencia, ¿permite algunas preguntas sobre el status de algunas causas de beatificación seguidas con especial atención por muchos fieles?
SARAIVA MARTINS: Veamos.
¿Cómo va la causa de Juan Pablo II?
SARAIVA MARTINS: Según las normas. Después de que el papa Benedicto XVI concediera el indulto de no tener que esperar los cinco años a partir de la muerte, la causa ha comenzado su fase diocesana y va adelante como todas las demás.
¿Considera posible, como se ha dicho, que Juan Pablo II sea proclamado beato como mártir?
SARAIVA MARTINS: Como se sabe pueden considerarse mártires solo aquellos que han derramado voluntariamente su sangre, que han muerto in odium fidei. No dudo de que si el siervo de Dios Juan Pablo II se hubiera encontrado en estas circunstancias hubiera afrontado con valor la prueba del martirio. Pero, con los hechos en la mano, no creo que esta situación se haya producido.
A propósito de martirio, durante el Gran Jubileo de 2000 se hizo una notificación en la que se recordaba que el término “mártir” había de atribuirse sólo a quienes la Iglesia, tras un proceso de su dicasterio, había atribuido este título, y que a los demás se les podía atribuir el título de “testigos de la fe”. ¿Sigue siendo válida esta distinción?
SARAIVA MARTINS: Por supuesto que sí, en este caso no ha habido cambios. Usar el término mártir para quien no ha sido reconocido por la Iglesia como tal sigue siendo un abuso deplorable.
¿Cómo va la causa de Pío XII?
SARAIVA MARTINS: Hoy ya no es un misterio para nadie que la Positio super virtutibus se ha completado. Ahora se esperan las valoraciones de los teólogos y el juicio de los cardenales reunidos en Congregación ordinaria. Se espera que puedan intervenir para el próximo año.
Antes del verano se supo la noticia de que había sido suspendida la ceremonia de beatificación de León Dehon por haber sido acusado de antisemitismo. En la prensa se filtró la noticia de que la Santa Sede ha creado una comisión para estudiar la cuestión. ¿Ha terminado sus trabajos esta comisión?
SARAIVA MARTINS: Sí, ha terminado. Más no puedo decir. Sólo que en este caso, como en otros, el interés de la Santa Sede es llegar a la verdad histórica.
Una última pregunta sobre la figura del inolvidable arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero, asesinado mientras celebraba misa. El postulador de su causa ha afirmado que las reservas de la Congregación para la Doctrina de la Fe han sido ya superadas y que la causa ha vuelto a su dicasterio para seguir el procedimiento normal…
SARAIVA MARTINS: No, que yo sepa.