Duns Escoto y la Inmaculada Concepción
Una apostilla al artículo sobre los ciento cincuenta años de la proclamación del dogma
por René Laurentin

La Inmaculada Concepción, Giambattista Tiepolo, Museo del Prado, Madrid
Los trabajos sobre Duns Escoto, que continúan en la universidad franciscana Antonianum de Roma, me ofrecen nuevos elementos que no tenía a mi disposición cuando redacté mi artículo: el libro del padre Stefano Cecchin ofm sobre la Inmaculada Concepción y otro texto que va a ser publicado.
Brevemente. La edición crítica que se está llevando a cabo de las obras de Duns Escoto atestigua hoy que nuestro autor no sólo estableció la posibilidad y la conveniencia de la Inmaculada Concepción, sino que la afirmó claramente. Si en algunos escritos la necesaria prudencia detuvo la afirmación de la que fue promotor por excelencia, en sus clases de Oxford y París y en muchos de sus escritos la afirmación es clara: María no contrajo el pecado original (Ordinatio II, d. 3, q.1). En ese mismo escrito (Ordinatio III, d. 1, q.1, n. 21) no dice sólo que Dios pudo «preservar » a María, sino que concluye explícitamente: por tanto Dios lo hizo.
Es, por lo demás, lo que un alumno suyo de París había comprendido perfectamente en sus notas hoy publicadas: «La perfección del Mediador requiere […] la preservación de toda culpa, incluso original: por tanto la Virgen fue eximida de toda mancha original» (Reportatio parisiensis III, d. 3, q.2).
Escoto ha tenido más importancia y mérito por las argumentaciones doctrinales que fue el primero en plantear, creando y fijando exactamente la noción de preservación y relacionando la Concepción inmaculada de María a los méritos de Cristo Redentor, que por la afirmación de esta preservación. Pero no cabe duda de que la afirmara en muchos escritos suyos y en sus clases; y esta edición crítica de Duns Escoto merecía ser subrayada. Por esto he considerado importante hacer esta puntualización que completa lo que decía sobre el papel fundamental de Duns Escoto en la historia de este dogma.