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IRAK
Sacado del n. 03 - 2005

La intervención del presidente del grupo de los Verdes-La Unión en el Senado italiano, el 9 de marzo de 2005

Bajo el fuego de los “Faluya cowboys”


La muerte de Nicola Calipari en Bagdad no es un “trágico accidente”. En realidad los soldados americanos están aterrorizados y disparan contra todo lo que se mueve. Ya no es posible continuar en una pesadilla colectiva determinada por locas estrategias de exportación armada de la democracia


por Stefano Boco


Un marine estadounidense observa la ciudad de Faluya arrasada por las tropas de su país

Un marine estadounidense observa la ciudad de Faluya arrasada por las tropas de su país

Señor presidente del Gobierno, señores ministros, señoras y señores diputados, no hace más de tres semanas reconfirmábamos en este Aula, con motivo de la discusión sobre la financiación de la misión italiana en Irak, nuestras convicciones sobre la naturaleza bélica de la misión y reafirmábamos nuestra firme negativa a continuar lo que no podía ser considerado –ni ahora ni nunca– una misión de paz.
Hoy el Grupo de los Verdes expresa su profundo dolor por la pérdida de Nicola Calipari, funcionario del Estado que, en cambio, en aquel contexto, había interpretado que la suya era una acción de paz y solidaridad. Lo hizo hasta las últimas consecuencias. Era un funcionario que, a nuestro parecer, había entendido profundamente lo que en aquel escenario, en aquella situación de emergencia, resultaba útil poner en práctica para salvar vidas humanas, para interpretar señales de peligro y hacer análisis más realistas y acertados en aquel infierno indescifrable de Irak.
Cuando, tras el 11 de septiembre, sosteníamos –en este mismo Aula y fuera de ella– que era prioritario reforzar el sistema de intelligence en coordinación con la Unión Europea y las Naciones Unidas en la lucha contra el terrorismo, pretendíamos privilegiar la acción de los sistemas de seguridad y de prevención frente a la opción militar.
Este gobierno, en Afganistán primero y luego en Irak, ha preferido seguir la opción de los músculos en vez de la del trabajo de la intelligence y la diplomacia. Creemos que esta orientación de nuestra política exterior es extremadamente peligrosa.
Ello ha costado vidas humanas y la anulación de un patrimonio de conquistas civiles y políticas como país portador de paz y contribuyente en las misiones más importantes de peace-keeping del planeta (desde Timor Oriental a Kosovo, desde Albania a Eritrea); un patrimonio por el que tenemos que estar agradecidos a nuestras fuerzas armadas, a nuestros funcionarios, a nuestros diplomáticos, a nuestros voluntarios y operadores de organizaciones humanitarias, a todos aquellos que, como Nicola Calipari, han dado su vida por la idea de este país como portador de paz.
En esta ocasión volvemos a preguntarnos, como se lo pregunta la gran mayoría de los italianos: ¿pero estamos realmente convencidos, están ustedes realmente convencidos –me dirijo, como es obvio, al gobierno y a la mayoría parlamentaria– de ser partícipes de una misión de paz, y no de una guerra, de una guerra de verdad?
¿Están realmente convencidos de que conviene quedarnos y ser de este modo corresponsables de 17.000 muertos iraquíes, de 1.500 muertos americanos y de tantas víctimas de todas las nacionalidades? El trágico epílogo del pasado viernes plantea de manera aún más aplastante estos interrogantes.
Queridos colegas, hasta el mismo New York Times se plantea cuestiones sobre el uso fácil de las armas para detener a los vehículos que se acercan a los controles. No creemos que el incidente sea un caso aislado; parece ser un drama repetido en los largos meses de ocupación de Irak. Según las reglas que allí se aplican, los soldados americanos están autorizados a abrir el fuego en cuanto se sienten amenazados. También según el New York Times, el pasado 18 de enero los soldados americanos dispararon más de cincuenta proyectiles contra un coche que se acercaba sin aminorar la marcha, y a bordo no había terroristas sino una familia de seis iraquíes: el padre y la madre cosidos a balazos y cuatro niños en un baño de sangre.
Quiero recordar que en Irlanda del Norte y en Israel nunca –nunca, repito– se han tolerado “errores” ni horrores de este tipo. Hoy, por desgracia, estamos frente a una situación que corre el peligro de pasar a la historia también como “trágico incidente”. Nosotros no creemos que sea posible clasificarla sencillamente de ese modo.
De hecho, el Gobierno admite que existe una sustancial diferencia entre lo que declaran las autoridades americanas y lo que en realidad pasó. Son muchos los puntos oscuros de este caso, y todos han de llevar a reflexiones verdaderas, en un contexto en el que somos convencidos defensores de la no participación en una operación de guerra.
La reconstrucción del Gobierno que ha presentado en la Cámara el ministro Fini nos ha parecido puntual y meticulosa: ¿por qué es tan distinta de la de la Administración americana? Tenemos la sensación de que la comisión mixta de investigación que usted, presidente del Gobierno, hay presentado hoy oficialmente no servirá de mucho si el papel de los comisarios italianos no es un papel verdadero, con capacidad de investigar a fondo y autónomamente, con las mismas prerrogativas que los investigadores militares estadounidenses, que muchas, demasiadas veces, han ocultado responsabilidades, han minimizado y traspapelado. Incidentes como el del viernes son cotidianos en Irak: los militares americanos –lo documentan importantes reporteros– no están preparados para afrontar la situación iraquí.
La intelligence americana no parece brillar por su adecuación a aquel escenario. He de recordar, con grave preocupación, las declaraciones de Seymour Hersh, el periodista que hace 35 años descubrió la matanza de My Lai en Viet Nam y que ahora, más recientemente, ha sacado a la luz el escándalo de las torturas en la cárcel de Abu Ghraib: en Irak Hersh ha sido testigo de episodios terribles en donde están implicados los militares estadounidenses.
Estos están aterrorizados y disparan contra todo lo que se mueve, como en el caso de hace algunas semanas: cuando un coche blindado fue alcanzado por un proyectil, los soldados americanos saltaron fuera del vehículo y comenzaron a disparar a ciegas, matando incluso a un grupo de niños que jugaban en las cercanías. Esta es la realidad de Irak, estos son los horrores a los que cada día asistimos.
Y, de nuevo, espero que no quieran ustedes seguir afirmando que estamos en una misión de paz, que estamos bajo la protección de la acción de la ONU. ¿Cuál va a ser el papel de la ONU si Bagdad y su aeropuerto están controlados por chiquillos asustados y no coordinados, odiados por la población civil porque se les percibe como fuerza de ocupación? ¿Dónde está el trabajo de peace-building invocado siempre fuera de propósito por ustedes?
Entre los escombros de su casa destruida, una mujer de Faluya muestra el montón de casquillos de proyectiles disparados por las tropas americanas

Entre los escombros de su casa destruida, una mujer de Faluya muestra el montón de casquillos de proyectiles disparados por las tropas americanas

Se empeñan en afirmar que no estamos en un escenario de guerra y en esto se colocan ustedes fuera de la estrategia que desde hace tiempo los grandes países europeos han adoptado: la petición de que se cambie radicalmente de escenario, la participación de toda la comunidad internacional, la retirada de las tropas, el lanzamiento de un imponente plan de reconstrucción.
Esperemos que el sacrificio de Calipari sirva por lo menos para esto: para que reflexionen ustedes sobre el horror de esta guerra y sobre la necesidad de que nuestro ­­p­aí­s­ cambie de rumbo en política exterior. Hemos apoyado fuertemente la acción del Gobierno cuando se trataba de intentar todos los caminos para liberar a Giuliana Sgrena; estamos convencidos de que era justa la línea elegida por el Gobierno tanto en el caso del secuestro de las dos Simonas, como en otras ocasiones, así como también en este caso, que luego se ha transformado en la tragedia de todos.
Pero de aquí ha de partir nuestra reflexión más profunda: no es posible abandonar esta línea, la línea de la diplomacia y las conversaciones, de la solución no cruenta y la búsqueda del diálogo; no es posible dejar que nos dicten las estrategias de intelligence los americanos, ya no es posible seguir en esta pesadilla colectiva determinada por locas estrategias de exportación armada de la democracia.
Concluyendo, señor presidente, quisiera decir que los Verdes, a hombres como Calipari, a hombres como él le decimos eternamente gracias; a su familia, con conmoción, le decimos que no lo olvidaremos nunca; a ustedes, ministros y presidente del Gobierno, les pedimos humildemente que hallen el valor de reflexionar y, si es posible, de cambiar de rumbo.


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