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CUBA
Sacado del n. 03 - 2003

Cinco años después del histórico viaje de Juan Pablo II

La Isla no está hecha para el aislamiento


En 1998 el Papa le pidió al mundo que se abriera a Cuba, y a Cuba que se abriera al mundo. ¿Qué ha cambiado desde entonces? Responde en esta entrevista Isidro Gómez Santos, embajador cubano ante la Santa Sede, quien habla también del estado de las relaciones entre la Iglesia católica y el Gobierno de La Habana


por Gianni Cardinale


Juan Pablo II con Fidel Castro durante el viaje a Cuba que tuvo lugar del 21 al 25 de enero de 1998

Juan Pablo II con Fidel Castro durante el viaje a Cuba que tuvo lugar del 21 al 25 de enero de 1998

En enero de 1998 Juan Pablo II fue el primer pontífice que realizó una visita a Cuba. Cinco años después de la histórica visita a la Perla del Caribe, 30Días le ha planteado algunas preguntas al embajador Isidro Gómez Santos, representante desde diciembre de 1999 de La Habana ante la Santa Sede. El diplomático cubano, de 65 años, antes de desempeñar el actual cargo había sido primer secretario de la embajada ante la Santa Sede (72-74) y consejero de embajada ante el Estado italiano (87-90). Desde 1975 hasta 1987, y desde 1991 hasta 1999 trabajó como funcionario en la Oficina de asuntos religiosos del Comité central del PC cubano.
Han pasado ya cinco años desde la visita del Papa. En aquella ocasión el Pontífice expresó su deseo de que Cuba se abriera más al mundo y que el mundo se abriera más a Cuba. ¿Se ha realizado este deseo?
ISIDRO GÓMEZ SANTOS: Cuba ha seguido abriéndose al mundo, como siempre ha hecho. Nuestro país nunca ha tenido vocación de aislamiento. Son otros los que han hecho de todo para separarnos del resto del mundo, aunque sin conseguirlo. Cuando el Papa manifestó este deseo, por ejemplo, teníamos relaciones diplomáticas con 163 países, ahora las tenemos con más de 170. Además han seguido aumentando las inversiones procedentes del exterior, estimuladas por Cuba con una legislación que hace ya tiempo que las favorece en los sectores interesantes para nosotros y según nuestras opciones socialistas, salvaguardando de este modo el interés público. Nuestro país ha hecho, con grandes esfuerzos, grandes inversiones en el sector turístico, y el año pasado fueron a Cuba casi un millón ochocientos mil turistas, entre ellos muchos italianos. Nos preparamos a recibir a muchos más, incluso estadounidenses, cuando su gobierno se decida a dejarlos visitar nuestro país.
Otro elemento, creo yo, muy importante de esta vocación universal cubana es el ejercicio permanente de la solidaridad, que, por lo demás, va en la misma línea del llamamiento del Papa para globalizarla, como dijo el presidente Fidel Castro recibiendo al Pontífice en el aeropuerto José Martí de La Habana el 21 de enero de 1998. Hoy son más de tres mil los trabajadores de la sanidad voluntarios de nuestro país, en su mayoría médicos, que trabajan en 18 países de Latinoamérica, Asia y África. Además, hoy hay en Cuba más de seis mil estudiantes becados por nuestro gobierno, procedentes de 24 países, todos procedentes de familias pobres, incluidos 35 jóvenes de los Estados Unidos. Evidentemente, sin esta posibilidad ofrecida por Cuba sería muy difícil, por no decir imposible, que todos estos jóvenes pudieran estudiar, por ejemplo, medicina, una facultad que, en otros países, es muy cara, pero que en Cuba, como toda la educación en todos los niveles, es gratuita.
¿Qué decisiones ha tomado el gobierno sobre la cuestión religiosa después de la visita del Papa?
GÓMEZ SANTOS: En Cuba, antes y después de la visita del Papa, existe absoluta libertad religiosa. Hay en nuestro país, además de la Iglesia católica, otras 52 denominaciones cristianas, más las religiones cubanas de origen africano, las más extendidas junto a los espiritualistas; estas últimas están ambas mezcladas con la fe católica en un complejo sincretismo religioso. Están presentes también comunidades judías. Todas estas instituciones desarrollan, con total independencia del Estado, que es laico, sus actividades, la formación del personal, el nombramiento de los dirigentes, la movilidad interior y hacia el exterior, las actividades sociales; organizan la participación en los órganos de representación pública del propio personal consagrado, incluso en los niveles más altos, como en el caso de nuestro Parlamento, donde, por ejemplo, tres pastores protestantes son diputados (la Iglesia católica, como todos sabemos, no permite la participación de su personal consagrado en los cargos públicos, con pocas excepciones).
La Iglesia, por lo demás, por citar sólo dos ejemplos, ahora está más presente en la vida pública, organizando con mayor frecuencia procesiones religiosas y celebraciones fuera de los templos, y sigue incrementando sus instituciones asistenciales, que están apoyadas por el Estado.
La Iglesia cubana se ha quejado varias veces de que no puede acceder adecuadamente a los medios de comunicación. ¿Cree que podrán cambiar las cosas por lo que a esto se refiere?
GÓMEZ SANTOS: En nuestro país, según la Constitución aprobada en 1976 con casi el 99% de votos favorables de toda la población, los medios de comunicación son públicos. En un Estado laico como el nuestro todas las instituciones religiosas y las comunidades religiosas, y ya hemos visto las que hay, tienen los mismos derechos y son tratadas con igual consideración. En diferentes ocasiones algunos representantes de las mismas, incluida la Iglesia católica, han tenido sus propias emisiones radiofónicas, cosa que siguen haciendo.
La Iglesia cubana se “empeña” en no registrar sus publicaciones ante el temor de que se las someta a la censura. ¿Son temores justificados?
GÓMEZ SANTOS: Actualmente circulan libremente en el país más de 50 publicaciones católicas de todo tipo, pese a que la Iglesia todavía no las haya registrado. Se trata de un requisito de administración común, previsto en todos los países. Este registro ya lo hicieron hace tiempo todas las demás publicaciones del país, incluso las de otras instituciones religiosas, que son numerosas. Ninguna de estas publicaciones, naturalmente, ha sido sometida a ningún tipo de censura. Lo mismo ocurrirá, como es obvio, con las publicaciones de la Iglesia católica.
El disidente católico Oswaldo Payá Sardiñas, fundador del Movimiento cristiano Liberación, recibió el pasado 17 de diciembre el premio Sajarov del Parlamento europeo y luego saludó al Papa al finalizar la audiencia general del miércoles 8 de enero. Payá es el coordinador del llamado Proyecto Varela, y como tal ha recogido firmas para celebrar un referéndum institucional en el país. ¿Qué opina de la actividad de Payá? ¿Temen ustedes que en la Iglesia se esté organizando una oposición política?
GÓMEZ SANTOS: En una reciente entrevista, el cardenal Jaime Lucas Ortega y Alambino, arzobispo de La Habana y presidente de la Conferencia episcopal cubana, reafirmó que la Iglesia cubana nada tiene que ver con la actividad política ni de Payá ni de nadie más, católico o no. Parece que estas palabras son la expresión de la posición de la Iglesia con respecto a la política.
En marzo llegan a La Habana las monjas brigidinas. Y, sin embargo, a veces se escucha decir que Cuba concede muy pocos visados al personal religioso que desearía desarrollar su misión en Cuba. O bien que no existen criterios objetivos para conseguir estos visados que se conceden de manera arbitraria. ¿Son críticas justificadas?
GÓMEZ SANTOS: Que hablen los hechos. Ahora existen en nuestro país 55 congregaciones religiosas femeninas y 22 masculinas, más de las que había al principio de la revolución. Nueve de ellas entraron después del año 2000. La congregación de San Salvador de Santa Brígida será la número cincuenta y seis, y residirá en un palacio que el gobierno ha puesto gratuitamente a su disposición –como también ha hecho con el terreno para el nuevo seminario interdiocesano en La Habana– y en cuya reconstrucción también ha colaborado.
El número de sacerdotes, religiosos y religiosas en Cuba que proceden del exterior, además, sigue aumentando. Ahora este personal consagrado extranjero procede de 39 países. En estos años ha habido más ordenados, o han tomado votos perpetuos, más de veinte entre sacerdotes, religiosas y religiosos cubanos. Además hay casi ochenta seminaristas en los dos seminarios que siempre existieron en Cuba y, en las distintas casas de formación de las órdenes religiosas, siguen preparándose otros tantos estudiantes. Un centenar, entre seminaristas y aspirantes a religiosos y religiosas, siguen sus estudios en el extranjero.
Parece que nuestro país llama la atención de muchas personas en la Iglesia. Este interés en querer venir a trabajar a Cuba nos halaga. Las peticiones, pues, son muchas, procedentes de las diócesis cubanas, pero también de las órdenes religiosas, presentes ya en la isla o todavía no. Pero quizá no parecen estar bien coordinadas. Hasta ahora parece que ha sido difícil para la Iglesia establecer un orden de prioridades, que sin embargo se le ha pedido.
En Cuba, de las relaciones con la Iglesia católica y las demás comunidades religiosas se encarga una oficina del PC cubano, la Oficina para asuntos religiosos, que es un órgano del partido y no del gobierno. ¿No es una anomalía?
GÓMEZ SANTOS: Todo país y toda institución, como la misma Iglesia católica, adopta las estructuras que le parece más convenientes, según su propia historia y de acuerdo con las exigencias necesarias para desarrollar adecuada y legalmente su propia actividad, decisiones que el Estado cubano respeta para todos.
Por lo demás, esta oficina es una pequeña estructura, realmente pequeña, que facilita las relaciones de las instituciones y comunidades religiosas cubanas con el Estado laico en el ámbito de la libertad garantizada por nuestra Constitución.
En enero se celebraron las elecciones con gran participación popular. ¿Cree que en el futuro también podrá llegar a Cuba el multipartidismo?
GÓMEZ SANTOS: Evidentemente, precisamente esta gran participación popular, que llega a más del 97% de la población con más de dieciséis años, que es la edad mínima para votar (cosa que, por lo demás, no es obligatoria), es la demostración de que la gran mayoría del pueblo cubano, empezando por los jóvenes, comparte y apoya el sistema democrático y socialista que por decisión soberana ha adoptado nuestro país.
En Cuba, los miembros de los órganos de representación popular a todos los niveles, comenzando por la Asamblea nacional del poder popular, que es nuestro Parlamento, no son propuestos ni elegidos por el Partido comunista. Las candidaturas las proponen los propios ciudadanos y sus organizaciones sociales según el mérito personal. Las elecciones son directas y secretas, y ni siquiera es necesario pertenecer al partido para ser propuesto y salir elegido.
Hay que recordar que en Cuba conocimos en el pasado el llamado multipartidismo, sistema con el que sufrimos hambre, miseria, analfabetismo, discriminación, latrocinio, corrupción, ausencia de verdadera democracia, de libertad y soberanía, con los gobiernos y los capitales estadounidenses como dueños de un país condenado por estos intereses a una deformación estructural, subdesarrollada de la economía.
Nuestra democracia es perfectible, como por lo demás pueden serlo todas, pero nosotros creemos que el nuestro es el camino justo, partiendo de nuestra historia y de nuestra realidad, teniendo en cuenta el nivel educativo y cultural alcanzado. La población cubana posee actualmente, como mínimo, el noveno grado de instrucción general y más de ochocientos mil licenciados e intelectuales (de los cuales los médicos son más de sesenta y seis mil) de una población de once millones de habitantes. Al principio de la revolución, en cambio, los analfabetos eran casi el 50% de la población, y un 90% no llegaba al sexto grado, mientras que los licenciados eran solo unos treinta mil, en una población que se acercaba ya a los siete millones de personas.
Cuba sufre desde hace decenios el embargo impuesto por los Estados Unidos. ¿Hay o va a haber cambios en este tema?
GÓMEZ SANTOS: Creo que esta pregunta merece una respuesta no precisamente breve, si queremos hacer comprender bien la importancia y la sustancia de este genocidio –porque no es más que esto– contra nuestro país.
En primer lugar, creo que es justo decir que es más, mucho más que un simple embargo. Se trata de un verdadero bloqueo económico, el más largo de la historia de la humanidad. Con consecuencias que van mucho más allá de nuestras relaciones bilaterales con los Estados Unidos, como sabe perfectamente la comunidad internacional, que cada año, en su gran mayoría, vota en las Naciones Unidas contra esta injusta e inhumana agresión que viene sufriendo nuestro país desde hace más de cuarenta años. Sólo dos naciones votan a favor de que continúe esta práctica cruel: los Estados Unidos y su aliado incondicional, el Estado de Israel.
La catedral de La Habana

La catedral de La Habana

Por ejemplo, Cuba no tiene ninguna, y subrayo lo de ninguna, posibilidad de conseguir préstamos de las organizaciones económicas internacionales, que están todas controladas por el gobierno estadounidense. Nuestro país ni siquiera puede utilizar el dólar en sus transacciones internacionales, porque corre el peligro de que le roben en los bancos del Estado que acuña esta moneda. Por no hablar de la persecución a que se ven sometidos todos aquellos que quieren invertir o realizar otro tipo de comercio con Cuba, como pueden atestiguar varias empresas españolas o canadienses, por citar sólo a dos países.
No hay ninguna otra nación en el mundo que haya tenido que soportar un estado de cosas similar.
Por desgracia la repetida condena del Papa de esta situación no ha sido escuchada por los Estados Unidos –que por lo demás ni siquiera escuchan las palabras de paz de Su Santidad–, si bien dentro de la sociedad estadounidense son cada vez más quienes se oponen a estas medidas restrictivas, contrarias a los principios recogidos en la Constitución norteamericana, como la libertad de viajar, prohibida “democráticamente” a los ciudadanos americanos que quieren ir a Cuba.
Parece que esta creciente toma de postura contra el embargo dentro de los Estados Unidos, incluso por parte de importantes representantes de la cultura, de la política y de la economía, puede contribuir de manera sustancial a reducir, y a eliminar en último extremo, esta situación. Aunque es difícil conocer cuándo ocurrirá esta posible evolución.
Los vientos de guerra soplan cada vez más impetuosos hacia Iraq. ¿Cuál es la actitud de Cuba?
GÓMEZ SANTOS: Repetiré lo que dije el pasado 17 de febrero en el discurso de inauguración de la exposición de pintura cubana organizada por nuestra embajada con la colaboración del Pontificio Consejo para la cultura y del Círculo San Pedro, en conmemoración del quinto aniversario de la visita del Papa a Cuba. Cuba está contra la guerra, que en este caso tiene el objetivo evidente, por parte de la extrapotencia estadounidense, de redibujar la región según sus intereses políticos y económicos, comenzando por la apropiación de los recursos energéticos. Cuba está también contra el terrorismo, que por lo demás nuestro país ha tenido que sufrir durante todos estos años, procedente precisamente del territorio de los Estados Unidos, donde estos terroristas siguen recibiendo apoyo, protección e impunidad, incluso por parte de las autoridades de aquel país, por paradójico que pueda parecerles a quienes no conocen esta verdad histórica. Quiero recordar que este terrorismo ha causado en Cuba la muerte de 3.478 ciudadanos y la invalidez de otros 2.099.





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