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ORTODOXOS
Sacado del n. 01 - 2004

El delicado problema del patriarcado greco-católico en Ucrania

Y Bartolomé escribió al Papa…



por Gianni Valente


«Quisiera presentar a su atención una cuestión muy seria […]. Se trata de su intención de instituir el patriarcado unido [greco-católico, n de la r.] en Ucrania, intención que ha sido comunicada a nuestro hermano Alexis, patriarca de Moscú y de todas las Rusias, por su cardenal Walter Kasper, como me ha notificado el mismo patriarca de Moscú». Desde las primeras líneas va al grano la reciente carta enviada directamente a Juan Pablo II por el patriarca ecuménico Bartolomé I sobre el ventilado reconocimiento papal del rango de patriarcado a la Iglesia greco-católica ucrania.
La larga carta patriarcal lleva la fecha del 29 de noviembre de 2003 y confirma indirectamente el alto nivel de los debates que tienen lugar en Roma y entre el Vaticano y las Iglesias ortodoxas respecto al reconocimiento del patriarcado greco-católico en Ucrania. Bartolomé I revela que el mismo patriarca Alexis II le ha hecho llegar a él y a todos los patriarcas ortodoxos la carta que el Vaticano envió a Moscú en la que se exponían las intenciones papales respecto a la delicada cuestión. Añade también que la carta llevaba adjunto un escrito “de apoyo” de carácter histórico-canónico respecto a la génesis y al desarrollo de la institución de los patriarcados, que el patriarca ecuménico atribuye al cardenal alemán Walter Kasper, presidente del Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos.
Gran parte de la larga y conceptuosa carta de Bartolomé I consiste en una refutación de dicho estudio, llena de citas de los cánones de los primeros Concilios ecuménicos. Según el patriarca, en el testo enviado por el cardenal alemán hay «interpretaciones infundadas» que «pueden considerarse como una vuelta anacrónica a los esquemas medievales de la polémica teológica», cuando los teólogos católicos usaban argumentaciones «contra el trono de Constantinopla y el instituto mismo de los patriarcados» para justificar «la teoría del primado papal».
De dicho documento, Bartolomé I crítica sobre todo la tendencia a leer la voluntad imperial como el factor predominante en la génesis histórica de los patriarcados (y en especial del de Constantinopla). Según el patriarca ecuménico es fácil demostrar que ya en los tres primeros siglos había tomado forma en la Iglesia «no sólo el instituto sinodal sino también el primado de ancianidad honorífica de las sedes eclesiásticas más importantes (Roma, Alejandría, Antioquía, Jerusalén, Cartago, Éfeso, etcétera)», para enfrentarse a cuestiones graves como los periodos de persecución y la defensa de la fe de las herejías. «Esta tradición activa en los primeros tres siglos fue consagrada como costumbre antigua (archaion ethos) en los cánones 6 y 7 del primer Concilio ecuménico de Nicea (325) y ha constituido la base canónica de la configuración definitiva del sistema patriarcal con el cuarto Concilio ecuménico de Calcedonia (451)». Por tanto, según Bartolomé I, «puede definirse antihistórica la caracterización del sistema patriarcal como “construcción imperial” en la época de Justiniano. Si por hipótesis dicha caracterización tuviera algún valor, habría que atribuirla con mayor razón a la sede de Roma, como sede de la capital del Imperio romano, titular del primado honorífico de ancianidad entre los cinco tronos patriarcales» [Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía, Jerusalén, n. de la r.]. En la reconstrucción firmada por Bartolomé I se subraya que tampoco los legados papales en los Concilio ecuménicos en cuestión se opusieron a la forma del naciente sistema patriarcal: «El cardenal sabe muy bien que hasta el momento del cisma entre las Iglesias de Oriente y de Occidente los obispos de Roma se comportaban y consideraban como patriarcas del Occidente». Tampoco la multiplicación efectiva de los patriarcas en Oriente, que tuvo lugar a raíz de las controversias y de las rupturas doctrinales que siguieron al Concilio de Éfeso y de Calcedonia, puede, según Bartolomé I, ser usada como argumentación histórica para justificar de alguna manera el reconocimiento de un nuevo patriarcado para los católicos ucranianos de rito oriental. Bartolomé I advierte que «poner al mismo nivel el sistema canónico de los tronos patriarcales con los patriarcados nestorianos y de los anticalcedonianos contradice la postura papal antes del gran cisma», cuando el obispo de Roma, en comunión con la Iglesia de Constantinopla, había compartido la ruptura con los nestorianos y con todos los que no habían aceptado los cánones del Concilio de Calcedonia.
Tras la larga disquisición histórico-canónica, la carta de Bartolomé I (que aparece también en la página web del patriarcado ecuménico en lengua griega) teme las posibles consecuencias negativas de un reconocimiento del título patriarcal para la Iglesia greco-católica ucraniana: «[Esto] provocará fuertes reacciones de todas las Iglesias hermanas ortodoxas y hará saltar los intentos para la continuación del diálogo teológico entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas, que después del fracaso de la reunión de Baltimore vive un momento crítico». Según Bartolomé I existe «el peligro de volver al clima de hostilidad que se vivía hasta hace pocos decenios. Por tanto, es necesario que usted asegure con fuerza persuasiva al pueblo ucraniano y a todas las Iglesias ortodoxas que no tiene intención de llevar a cabo la institución del patriarcado greco-católico en Ucrania como refiere el texto del cardenal Kasper».
No es difícil pensar que también de esto hablará Kasper con el patriarca Alexis II, jefe de la Iglesia ortodoxa rusa, y con el metropolitano Kirill de Smolensko y Kaliningrado, en su inminente reunión en Moscú anunciada para la tercera semana de febrero.




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