EMERGENCIA. El flagelo del hambre ha llegado a Palestina
Una masacre cotidiana
Jean Ziegler, relator especial de la ONU para el derecho a la alimentación, comenta las nuevas cifras del hambre y lanza la alarma a propósito de los Territorios ocupados en Palestina: «Aquí se está produciendo una catástrofe humanitaria. El nivel de desnutrición en Gaza es como el de los paupérrimos países subsaharianos». Entrevista
por Paolo Mattei

Preparación de la comida en el poblado de Akot, Sudán, y ayudas alimentarias en un campo de refugiados palestino en Rafah
Profesor, ¿qué opinión le merecen los números del hambre?
JEAN ZIEGLER: Según los datos del Banco Mundial, son mil doscientos millones las personas víctimas de la miseria absoluta. De éstas, el 75% está representado por campesinos. Es algo absurdo que la población encargada de la producción de alimentos primarios sea la principal víctima del hambre. Los datos sobre las muertes por pobreza y hambre son más tremendos que los oficiales: son más de cien mil las personas que mueren de hambre y miseria cada día. Una masacre cotidiana. Pero también según las cifras publicadas por las agencias especializadas de la ONU, las muertes causadas por el subdesarrollo económico y la miseria extrema en los países del Tercer Mundo fueron en 2002 más de 58 millones. El hambre, la sed, las epidemias y los conflictos locales, causados por la miseria, destruyen cada año a un número de hombres, mujeres y niños que es casi equivalente al de la Segunda Guerra Mundial durante seis años. Para los pueblos del Tercer Mundo la Tercera Guerra Mundial ya ha estallado.
Una guerra que no detiene la circulación global de las mercancías y los capitales…
ZIEGLER: De ninguna manera. En la base de la actual globalización capitalista se encuentra ante todo el dogma ultraliberalista teorizado por Adam Smith, a finales del siglo XVIII, y por David Ricardo, a principios del XIX. Según este dogma, que es obligatorio aplicar, se ha de dejar al capital libre y sin control para que se dirija espontáneamente allá donde las ganancias serán mayores. Para resolver el problema de la redistribución, ambos filósofos teorizan el trickle down effect, el “efecto a cascada”: una vez que la “multiplicación de los panes” ha alcanzado cierto nivel, la distribución a los pobres se realizará casi automáticamente. Esta teoría queda trágicamente desmentida cada día por la realidad, no existe ningún automatismo que acerque naturaliter los beneficios a los más necesitados. Estamos en realidad frente a una dinámica globalizadora que tiende a la reductio ad unum de todas las diversidades, como ha dicho Philippe Zarifian: «La globalización corresponde a la visión satélite del globo elaborada por los dirigentes de las grandes empresas… Es el sueño del todo-uno que los filósofos platónicos nunca han dejado de evocar, y que por fin ven realizado. El todo-uno es el territorio del capitalismo realizado». La aplicación de estas visiones del mundo se traduce concretamente en pobreza, hambre y muerte. El mundo globalizado consiste en una serie de islotes de prosperidad y riqueza que flotan en un océano de pueblos agonizantes.
¿Cómo funciona este tipo de nuevo capitalismo?
ZIEGLER: La forma actual de capitalismo globalizado obliga a los Estados del Tercer Mundo a luchar entre sí para atraer las inversiones productivas controladas por las empresas de servicios extranjeras, reduciendo la protección social, las libertades sindicales y el poder de negociación de los asalariados autóctonos. Las empresas industriales “deslocalizan” las instalaciones en “zonas especiales de producción” en las que los salarios son mínimo y la protección de los trabajadores inexistente. Se trata de una carrera hacia la miseria pilotada por una economía que celebra la competencia individual exasperada, la precariedad del trabajo, la fragilidad de los estatutos sociales, el salario debido. Que este tipo de globalización económica no produzca bienestar para los pobres de la tierra es un dato evidente. Piense, además, en la absoluta independencia de las leyes del espacio y del tiempo del capital financiero, que se mueve en un mundo y un ciberespacio virtualmente unificados y que se ha hecho paulatinamente autónomo: miles de millones de dólares que “fluctúan” sin riendas, en absoluta libertad. Cada jornada laboral de 2001 fueron intercambiados casi un billón de dólares. De esta suma sólo el 13% corresponde al pago de una deuda comercial; el 87% es pura transacción monetaria que no crea ningún valor. El capital virtual en circulación en el mundo es actualmente dieciocho veces superior al valor de todos los bienes y todos los servicios producidos en un año y disponibles sobre el planeta.
Está, además, la cuestión de la deuda que sofoca a los países en vías de desarrollo…
ZIEGLER: Aquí intervienen los “bomberos-pirómanos” del FMI, que imponen a los países pobres sus “planes de reajuste estructural”, es decir, la “disciplina fiscal”, la “transparencia de presupuesto”, la privatización de las industrias y los recursos nacionales, la liquidación de los servicios públicos como los hospitales y las escuelas, que han de ser de pago, la supresión de la mayor parte de las subvenciones sociales… Una fidelidad absoluta (y, por muchos motivos, estúpida, como ha demostrado en sus estudios Joseph Stiglitz) al dogma de la liberalización de los mercados, a la idea de stateless global governance, a los principios fundadores de la “doxa neoliberalista” –aumentar las ganancias, competición sin límite ni protección, universalización del intercambio comercial y liquidación de las culturas autóctonas– que ha empeorado la miseria de países como Níger, Guinea, Mauritania, Zambia… El FMI pone en práctica la ideología neoliberalista que pretende traducir en términos simbólicos las “leyes de la naturaleza” que regulan los acontecimientos económicos. Se convierte en portador de un “fatalismo económico”, asigna un poder fatal a los determinismos económicos liberándolos de todo control. Ningún gobierno de ningún país endeudado del Tercer Mundo tiene la menor posibilidad de realizar frente al FMI una política soberana que pueda dirigirse ante todo a satisfacer las necesidades de la población.
En noviembre lanzó usted públicamente la alarma del hambre también en Palestina…
ZIEGLER: En Palestina se está llevando a cabo una catástrofe humanitaria. El nivel de desnutrición en Gaza es como el de los paupérrimos países subsaharianos. Le cito algunos datos: el 22% de los niños con menos de cinco años está subalimentado, y el 15,6% de ellos sufre anemia, que puede ocasionarles daños físicos y mentales permanentes. La mayor parte de las familias come una vez al día y a menudo sólo un poco de té y pan. El número de pobres desde el año 2000 hasta hoy se ha triplicado. El 60% de los palestinos –el 75% en Gaza, el 50% en Cisjordania– vive en la pobreza extrema: la renta per cápita es la mitad con respecto a hace dos años; la supervivencia de más de la mitad de la población palestina depende exclusivamente de las ayudas humanitarias. A menudo ocurre que las ayudas no pueden ser distribuidas por las ONG porque los camiones quedan retenidos por el ejército, toneladas de alimentos parados durante días hasta que la comida se pudre.

Niños liberianos hacen cola para recibir comida
ZIEGLER: Sí, desde luego, pero obedece a un diseño político. Israel, según la legislación internacional, por ser potencia ocupante, tiene la obligación de ocuparse de la supervivencia de la población. Sin embargo, los cierres continuos, los toques de queda, las incursiones militares hacen imposible que la gente reciba el sustento necesario. La dificultad de movimiento no es sólo una limitación de la libertad, sino la privación efectiva del derecho a alimentarse y a la salud. Debido a la ocupación de los Territorios, ahora la población palestina está pasando hambre.
Profesor, ¿cree que la iniciativa de la Alianza internacional contra el hambre promovida por la FAO el pasado octubre podrá representar un paso adelante en la lucha contra la pobreza en el mundo?
ZIEGLER: Sí, pienso que sí, porque por primera vez la sociedad civil está llamada a confrontarse y a decir lo que piensa. Es una iniciativa formidable, absolutamente esencial. Representa la esperanza de que la opinión pública tenga voz en los organismos internacionales. La Alianza, en este sentido, puede hacer un trabajo magnífico.
Así que piensa que los organismos internacionales son útiles a la hora de luchar contra el flagelo de la miseria…
ZIEGLER: Desde luego. Las organizaciones especializadas de las Naciones Unidas, como la OMS, la UNICEF, el PAM, la FAO, están por lo general muy burocratizadas, pero, a pesar de ello, y con alguna excepción, demuestran gran eficacia en el campo y realizan un trabajo extraordinario. Mi admiración es total por la FAO, que está desarrollando un trabajo difícil por el progreso y la asistencia mundial a la agricultura, para su modernización.
Además del trabajo de los organismos internacionales, ¿hay alguna otra iniciativa que represente una esperanza en este sentido?
ZIEGLER: Sin duda el proyecto “Fome zero” de Brasil para combatir el hambre que aflige a 22 millones de brasileños. Posee una dimensión internacional. Lula, además, lanzó el pasado junio, en Evian, una gran idea: crear un fondo mundial para luchar contra el hambre mediante un impuesto sobre el comercio de armas, uno de los más rentables del mundo. Esta hipótesis, sobre todo, haría que disminuyera la cantidad de armas en venta porque la aplicación de una tasa fija haría que los precios subieran.