«IUSTITIA ET PAX». Entrevista al cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson
El camino de África, es decir, África en camino
Encuentro con el presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz: las crisis de Nigeria y del noreste de la República Democrática del Congo. La deuda exterior que atenaza a los gobiernos del Continente africano. Pero también los progresos y las esperanzas de lo que el Papa definió el “pulmón sano de la humanidad”
Entrevista al cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson por Roberto Rotondo y Davide Malacaria
El cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, ghanés, desde hace seis meses presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz, es el
purpurado africano más joven y el de rango más alto en el Vaticano dentro de los hombres de Curia del Continente negro. Nació en Wassaw Nsuta, en la zona oriental de Ghana, fue consagrado sacerdote por la
archidiócesis de Cape Coast en 1975, de la que luego sería arzobispo en 1992. Fue presidente de la Conferencia episcopal de Ghana desde
1997 a 2005. Ha estudiado en Estados Unidos y en el Instituto Bíblico de Roma. Habla inglés, francés, italiano y alemán. Conoce el hebreo, el griego antiguo y el latín. Creado cardenal en 2003 – primer purpurado ghanés de la historia–, fue relator general en el Sínodo especial para África de finales de 2009. Con él, que ha declarado varias veces que en su nueva experiencia en Roma quiere
llevar consigo el «gran sentido de solidaridad y de búsqueda de la justicia» de la gente de África, hemos hecho un balance sobre algunos problemas graves que por desgracia
se han vuelto crónicos del África subsahariana. Y hemos empezado por su último viaje a Nigeria.
![EI cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson [© Reuters/Contrasto]](/upload/articoli_immagini_interne/1278946911633.jpg)
El pasado mes de marzo estuvo usted en Nigeria, pocos días después de la matanza de centenares de personas en tres aldeas de campesinos, en su
mayoría católicos, de la diócesis de Jos. ¿Qué idea se ha hecho de la situación después de los ataques del 7 de marzo, que en un primer momento fueron atribuidos
apresuradamente a la rivalidad entre cristianos y musulmanes?
PETER KODWO APPIAH TURKSON: Cuando supe la noticia de las aldeas asaltadas durante la noche y de los centenares de mujeres y niños muertos, pensé inmediatamente en ir a ayudar al arzobispo de Jos, monseñor Ignatius Kaigama, a restablecer la calma y a frenar a quienes, queriendo vengarse, podían alimentar una dramática espiral de violencia. Conozco bien a monseñor Kaigama, es el presidente del Consejo para el Diálogo interreligioso nigeriano y ha tratado siempre de promover la paz, pero en aquellos días era casi el único que invitaba la gente a la calma. Desde el primer momento se vio claramente que se había tratado de una terrible venganza tribal y también L’Osservatore Romano excluía la matriz religiosa, pero, pese a todo, en los medios de comunicación de todo el mundo se transmitió la idea de que la raíz de la violencia en Nigeria había que buscarla en el choque entre musulmanes y cristianos.
¿Y no es así?
TURKSON: En realidad, trágicamente, se trató de una represalia de los pastores fulani, nómadas y en mayoría musulmanes, contra los campesinos, sedentarios y en mayoría cristianos. ¿La causa de la represalia? La muerte de algunas cabezas de ganado y algunos episodios de violencia contra los pastores fulani, a quienes los campesinos acusan de destruir las cosechas con sus rebaños, que debido a la sequía llegan hasta el sur, a las zonas cultivadas. El hecho es que el ganado para los fulani vale más que la vida, pero también para los campesinos la cosecha es una cuestión de vida o muerte.
Una trágica guerra entre pobres…
TURKSON: Sí, es un problema que perdura desde hace años. La Iglesia local trata con todas sus fuerzas de restablecer la concordia, pero hasta que el gobierno de la región y el Estado no logren garantizar seguridad y justicia la situación será siempre peligrosa. Precisamente por esto, el 19 de marzo, después de presidir una celebración eucarística en sufragio de las víctimas, durante la cual leí un mensaje de Benedicto XVI, nos entrevistamos con los responsables del gobierno de la región y les dijimos una vez más que toda esta gente –que en cada misa reza también por el gobierno, por el Estado, por el presidente– tiene derecho a poder dormir segura. Porque lo que más impresión ha causado es que los ataques contra las aldeas tuvieron lugar a las dos de la mañana, cuando la gente estaba en casa durmiendo, con la intención de causar el mayor número de estragos. En fin, que fue una venganza llevada a cabo con frialdad, y no una explosión irracional de violencia.
¿Ha habido por parte musulmana intención de calmar los ánimos?
TURKSON: En Jos hablé también con el líder musulmán Amil que trabaja en estrecho contacto con Kaigama. Los dos quieren ser la chispa de paz, pero en ambas partes hay quienes fruncen el ceño: algunos cristianos dicen que el arzobispo se fía demasiado de los musulmanes y algunos musulmanes afirman que el emir acabará siendo convertido al cristianismo por el obispo. Pero su camino es la única posibilidad para la convivencia, la paz y el desarrollo de la zona. Han hablado también con el sultán de Sokoto, que es la mayor autoridad del islam en Nigeria, y esperamos que muchos otros decidan seguir el camino del diálogo.
¿Es fruto de nuestra incapacidad de escuchar y comprender lo que sucede en África el hecho de atribuir erróneamente los choques a una guerra de religión?
TURKSON: Sí, exactamente. Visto desde aquí, todo parece solo “África”: el África hambrienta, el África víctima de las violencias tribales, de la lucha por los recursos naturales... Pero en el África subsahariana hay 48 Estados nacionales, cada uno con una situación propia, con sus problemas, sus dramas, sus progresos. Respetar a África quiere decir ante todo aprender a no generalizar. En Ghana, donde nací, por ejemplo, el presidente del Parlamento, el ministro de Justicia y el jefe de la policía son mujeres, esto desde luego no quiere decir que África ha aprendido a valorizar el papel de la mujer. Así, pues, los problemas relativos a los equilibrios demográficos, religiosos y étnicos cambian de país a país: en Nigeria musulmanes y cristianos están equiparados numéricamente, en Sierra Leona los musulmanes son la mayoría. En Ghana, el islam es minoría y representa el 18% de la población, de modo que tenemos un problema que otros no tienen: hay grupos contrarios al equilibrio religioso y étnico que se ha alcanzado en el país y permite la convivencia. En los últimos años estos grupos han puesto en marcha estrategias para cambiar los equilibrios demográficos. No estoy lanzando una cruzada, pero somos conscientes de que el fenómeno existe y, como suele decirse hombre precavido, vale por dos.
La situación de crisis permanente en la zona noreste de la República Democrática del Congo (que es un área de mayoría católica) sigue siendo una herida abierta en el Continente africano. ¿Por qué no se logra salir de esta situación de inestabilidad continua? ¿Es solamente un problema de lucha por la explotación de los inmensos recursos naturales?
TURKSON: La lucha por los recursos es un factor importante de la crisis, pero no es el único. Otro elemento es la falta de infraestructuras como carreteras o puentes: en un país tan grande, esta carencia dificulta el control y la intervención del poder central. Además, las varias divisiones tribales y étnicas son otro elemento de inestabilidad cuando, debido también a la injerencia de fuerzas exteriores al Congo, no consiguen hallar un equilibrio entre ellas. Parte de la población congoleña se considera ruandesa o burundesa. Este es un problema común a muchas zonas África, donde las fronteras separan tribus, etnias o grupos homogéneos por historia y tradiciones. Lo mismo ocurre también en Ghana: hay una aldea fronteriza con Togo donde la línea de frontera es una calle. Los habitantes de la aldea que viven en un lado de la calle son ghaneses, los del otro, togoleses. En Ghana es sólo una situación rara, pero en la zona de Kivu, en la República Democrática del Congo, ha adquirido tonos dramáticos. Entre otras cosas porque quienes quieren llevarse los inmensos recursos naturales de la zona, ya sea oro o diamantes, madera o coltán, prefieren que reine un estado de caos permanente. Cuando hay anarquía, confusión, hasta con un pequeño grupo de gente armada puedes aterrorizar aldeas enteras, abrir minas ilegales, llevártelo todo. Solo un gobierno central fuerte puede resolver poco a poco la situación.
![Católicos congoleños durante la procesión del Domingo de Ramos [© M.Merletto/Nigrizia]](/upload/articoli_immagini_interne/1278946911680.jpg)
Hablando de los problemas del África subsahariana ha dicho usted que algunos hombres de la clase política y económica africana son inadecuados y, a veces, incluso corruptos y cómplices de esos lobbies extranjeros que explotan el continente…
TURKSON: La corrupción ha existido siempre en todas las partes del mundo, también en las naciones desarrolladas. Pero en las sociedades desarrolladas existe quien vigila y la limita. En nuestros países, el poder central y los políticos muchas veces no consiguen desempeñar esta función porque tienen que pensar solamente en lo inmediato sin poder realizar nada que tenga un mínimo de alcance y perspectiva. Faltan siempre los recursos para realizar todo lo bueno y noble que se había planteado durante la campaña electoral, y muchísimos gobiernos, ya ahogados por las deudas contraídas en los años anteriores, piensan sólo en cómo obtener rápidamente capitales para hacer frente a las necesidades más urgentes. De ese modo se toman decisiones dictadas sólo por la emergencia, sin pensar si las decisiones que hoy pueden aportar algún capital, mañana tendrán consecuencias negativas. Como en mi país, Ghana: antes las minas de oro penetraban en profundidad en el subsuelo, hoy, en cambio, se prefiere hacer enormes agujeros sobre la superficie del terreno, eliminando los bosques. Nadie se preocupa de que mañana tengamos, en vez de bosques y tierras cultivadas, sólo grandes cráteres vacíos, porque el gobierno necesita urgentemente recursos financieros y todo lo que trae dinero a breve plazo es preferible a proyectos a largo plazo.
Por esto el Mensaje para la paz del Santo Padre de este año, que habla de solidaridad con el medio ambiente y de solidaridad entre las generaciones actuales y las futuras, es muy concreto y tiene implicaciones políticas, sociales, económicas muy sentidas en África.
Hace diez años, en 2000, hubo una gran campaña por la abolición de la deuda externa de los países en vías de desarrollo. ¿Con qué resultado?
TURKSON: La deuda no es el problema mayor: si anulan nuestras deudas pero no disponemos de los medios para producir bienes y mercancías, no conseguiremos nunca crear capitales. Nos volveremos a endeudar.
Pero en este momento los países africanos consiguen a duras penas pagar los intereses sin llegar nunca a cancelar su deuda …
TURKSON: Sería más importante que los gobiernos de los países africanos consiguieran aumentar su capacidad productiva e industrial, porque si continuamos solamente vendiendo materias primas o productos no elaborados no conseguiremos crear una economía fuerte y las deudas nos ahogarán siempre. Ghana, por ejemplo, es uno de los mayores productores de cacao del mundo: pero ¿cuántas fábricas de chocolate hay en Ghana? Cultivamos tomate en abundancia, pero ¿cuántas fábricas de conservas hay? Es sobre todo con las industrias manufactureras que se puede crear riqueza y desarrollo, pero en este punto África es muy débil. Solamente si aprendemos a transformar la piel del buey en zapatos saldremos de este círculo vicioso de préstamos e intereses.
Benedicto XVI en el Sínodo especial para África definió el continente como el pulmón sano de la humanidad. ¿Qué puede dar África al mundo?
TURKSON: El Papa se refería a los valores cristianos, religiosos y humanos de África y dijo que nosotros debemos tener cuidado de no hacer enfermar a este pulmón de la humanidad. Es un pulmón sano cuando sabe mirar hacia esos valores de la Evangelium vitae de los que nos hablaba Juan Pablo II; y el foco de las enfermedades son el secularismo y el relativismo, de los que África, hasta este momento por lo menos, parecía estar protegida, aunque vivimos en un mundo globalizado y hay muchas amenazas que nos llegan a través de medios que, de por sí, son muy positivos. Por ejemplo internet, mediante el cual llega de todo a nuestros jóvenes y sin ninguna mediación. La red lleva muchas cosas hermosas, pero también es posible visitar uno de esos sitios donde te explican cómo construir una bomba y fomentan el odio.
Usted está muy vinculado a Ghana y a África, tanto es así que se dice que al Papa le costó algo convencerle para que viniera a Roma. ¿Qué ha traído con usted de su experiencia de pastor?
TURKSON: Mi madre era metodista pero se convirtió al catolicismo cuando se casó con mi padre. La historia de mi vocación es muy sencilla. Quizá todas las vocaciones sacerdotales nacen por un motivo aparentemente banal, pero luego en el seminario crece y se aclara. La vocación es algo así como el starter de los coches, la chispa que enciende el motor, pues la historia de mi vocación es algo parecido. El motivo original por el que entré en el seminario fue la figura de un sacerdote holandés que cada dos meses venía a celebrar misa en la pequeña ciudad donde crecí. Papá era carpintero y nuestra pequeña ciudad estaba cerca de una mina de manganesio. No teníamos un párroco estable y me acuerdo de este cura que venía de vez en cuando, dormía en la iglesia, y por la mañana estaba siempre allí esperando a la gente para la misa. Esto me llamó la atención, más tarde, cuando llegué a la edad de ir a la escuela secundaria, hice la solicitud para entrar en el seminario menor. Se lo digo siempre a los seminaristas, la historia de nuestra vocación empieza con algo muy pequeño, pero el seminario, como decía, es el lugar donde la vocación crece y se aclara.
![Turkson en audiencia con Benedicto XVI como presidente de «Iustitia et Pax», el 26 de marzo de 2010
[© Osservatore Romano]](/upload/articoli_immagini_interne/1278946911774.jpg)
El hecho de que se tratase de un sacerdote holandés nos recuerda que hoy África, enviando tantos sacerdotes a Europa y Estados Unidos, está devolviendo lo que recibió en el pasado …
TURKSON: Nosotros tenemos un proverbio que dice: «Si alguien se ocupa de ti cuando te crecen los dientes, te tocará a ti ocuparte de él cuando los pierda». Europa nos trajo la fe cristiana y nosotros la acogimos. Y cuanto más viva es esta fe, más les estamos agradecidos a quienes nos la trajeron. Por esta gratitud, si ahora en Europa o en Estados Unidos se corre el peligro de cerrar una iglesia por falta de sacerdotes, estamos dispuestos a ayudar para mantenerla abierta, esperando siempre que con la ayuda del Señor las cosas cambien. En Ghana no queda ya ninguna orden misionera, aparte de algunos franciscanos autóctonos y dos o tres jesuitas americanos que enseñan en nuestro seminario: pero hay muchos sacerdotes ghaneses en el mundo.
La encíclica social del Papa Caritas in veritate, sobre cuyas líneas de orientación está trabajando el Consejo Pontificio Justicia y Paz, fue publicada en un periodo histórico particular, en el que la crisis económica mundial puso de relieve los excesos de las finanzas sin reglas y las injusticias que de esto se derivan. A casi un año de la publicación, ¿es hoy la encíclica un instrumento de reflexión útil para salir de la crisis?
TURKSON: Como es sabido la Caritas in veritate había sido preparada en vista del 40 aniversario de la Populorum progressio y fue aplazada su publicación precisamente para poder reelaborarla a la luz de la crisis desatada en los mercados financieros. Si es o no es útil, que lo decidan los lectores, pero su intención no era dar una receta económica nueva, sino reafirmar la necesidad de introducir al hombre como criterio de base de la economía, de las financias y también del progreso tecnológico. Un desarrollo que no ayude ni asista al desarrollo de la persona, no puede considerarse un verdadero desarrollo. Fue, pues, un llamamiento a humanizar la economía y además, ya que el mundo está cada vez más globalizado y que ningún país puede afrontar la situación solo, el Santo Padre se preguntaban si no ha llegado la hora de poner en marcha un organismo mundial que pueda dirigir la globalización. Sé que en Estados Unidos algunos han criticado al Papa acusándole de que quiere ser el guía espiritual de un gobierno mundial, pero es una tontería. Es suficiente leer lo que sucede en el mundo en estos días: nadie es lo bastante fuerte como para poder afrontar solo estos fenómenos y estas crisis.
![EI cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson [© Reuters/Contrasto]](/upload/articoli_immagini_interne/1278946911633.jpg)
EI cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson [© Reuters/Contrasto]
PETER KODWO APPIAH TURKSON: Cuando supe la noticia de las aldeas asaltadas durante la noche y de los centenares de mujeres y niños muertos, pensé inmediatamente en ir a ayudar al arzobispo de Jos, monseñor Ignatius Kaigama, a restablecer la calma y a frenar a quienes, queriendo vengarse, podían alimentar una dramática espiral de violencia. Conozco bien a monseñor Kaigama, es el presidente del Consejo para el Diálogo interreligioso nigeriano y ha tratado siempre de promover la paz, pero en aquellos días era casi el único que invitaba la gente a la calma. Desde el primer momento se vio claramente que se había tratado de una terrible venganza tribal y también L’Osservatore Romano excluía la matriz religiosa, pero, pese a todo, en los medios de comunicación de todo el mundo se transmitió la idea de que la raíz de la violencia en Nigeria había que buscarla en el choque entre musulmanes y cristianos.
¿Y no es así?
TURKSON: En realidad, trágicamente, se trató de una represalia de los pastores fulani, nómadas y en mayoría musulmanes, contra los campesinos, sedentarios y en mayoría cristianos. ¿La causa de la represalia? La muerte de algunas cabezas de ganado y algunos episodios de violencia contra los pastores fulani, a quienes los campesinos acusan de destruir las cosechas con sus rebaños, que debido a la sequía llegan hasta el sur, a las zonas cultivadas. El hecho es que el ganado para los fulani vale más que la vida, pero también para los campesinos la cosecha es una cuestión de vida o muerte.
Una trágica guerra entre pobres…
TURKSON: Sí, es un problema que perdura desde hace años. La Iglesia local trata con todas sus fuerzas de restablecer la concordia, pero hasta que el gobierno de la región y el Estado no logren garantizar seguridad y justicia la situación será siempre peligrosa. Precisamente por esto, el 19 de marzo, después de presidir una celebración eucarística en sufragio de las víctimas, durante la cual leí un mensaje de Benedicto XVI, nos entrevistamos con los responsables del gobierno de la región y les dijimos una vez más que toda esta gente –que en cada misa reza también por el gobierno, por el Estado, por el presidente– tiene derecho a poder dormir segura. Porque lo que más impresión ha causado es que los ataques contra las aldeas tuvieron lugar a las dos de la mañana, cuando la gente estaba en casa durmiendo, con la intención de causar el mayor número de estragos. En fin, que fue una venganza llevada a cabo con frialdad, y no una explosión irracional de violencia.
¿Ha habido por parte musulmana intención de calmar los ánimos?
TURKSON: En Jos hablé también con el líder musulmán Amil que trabaja en estrecho contacto con Kaigama. Los dos quieren ser la chispa de paz, pero en ambas partes hay quienes fruncen el ceño: algunos cristianos dicen que el arzobispo se fía demasiado de los musulmanes y algunos musulmanes afirman que el emir acabará siendo convertido al cristianismo por el obispo. Pero su camino es la única posibilidad para la convivencia, la paz y el desarrollo de la zona. Han hablado también con el sultán de Sokoto, que es la mayor autoridad del islam en Nigeria, y esperamos que muchos otros decidan seguir el camino del diálogo.
¿Es fruto de nuestra incapacidad de escuchar y comprender lo que sucede en África el hecho de atribuir erróneamente los choques a una guerra de religión?
TURKSON: Sí, exactamente. Visto desde aquí, todo parece solo “África”: el África hambrienta, el África víctima de las violencias tribales, de la lucha por los recursos naturales... Pero en el África subsahariana hay 48 Estados nacionales, cada uno con una situación propia, con sus problemas, sus dramas, sus progresos. Respetar a África quiere decir ante todo aprender a no generalizar. En Ghana, donde nací, por ejemplo, el presidente del Parlamento, el ministro de Justicia y el jefe de la policía son mujeres, esto desde luego no quiere decir que África ha aprendido a valorizar el papel de la mujer. Así, pues, los problemas relativos a los equilibrios demográficos, religiosos y étnicos cambian de país a país: en Nigeria musulmanes y cristianos están equiparados numéricamente, en Sierra Leona los musulmanes son la mayoría. En Ghana, el islam es minoría y representa el 18% de la población, de modo que tenemos un problema que otros no tienen: hay grupos contrarios al equilibrio religioso y étnico que se ha alcanzado en el país y permite la convivencia. En los últimos años estos grupos han puesto en marcha estrategias para cambiar los equilibrios demográficos. No estoy lanzando una cruzada, pero somos conscientes de que el fenómeno existe y, como suele decirse hombre precavido, vale por dos.
La situación de crisis permanente en la zona noreste de la República Democrática del Congo (que es un área de mayoría católica) sigue siendo una herida abierta en el Continente africano. ¿Por qué no se logra salir de esta situación de inestabilidad continua? ¿Es solamente un problema de lucha por la explotación de los inmensos recursos naturales?
TURKSON: La lucha por los recursos es un factor importante de la crisis, pero no es el único. Otro elemento es la falta de infraestructuras como carreteras o puentes: en un país tan grande, esta carencia dificulta el control y la intervención del poder central. Además, las varias divisiones tribales y étnicas son otro elemento de inestabilidad cuando, debido también a la injerencia de fuerzas exteriores al Congo, no consiguen hallar un equilibrio entre ellas. Parte de la población congoleña se considera ruandesa o burundesa. Este es un problema común a muchas zonas África, donde las fronteras separan tribus, etnias o grupos homogéneos por historia y tradiciones. Lo mismo ocurre también en Ghana: hay una aldea fronteriza con Togo donde la línea de frontera es una calle. Los habitantes de la aldea que viven en un lado de la calle son ghaneses, los del otro, togoleses. En Ghana es sólo una situación rara, pero en la zona de Kivu, en la República Democrática del Congo, ha adquirido tonos dramáticos. Entre otras cosas porque quienes quieren llevarse los inmensos recursos naturales de la zona, ya sea oro o diamantes, madera o coltán, prefieren que reine un estado de caos permanente. Cuando hay anarquía, confusión, hasta con un pequeño grupo de gente armada puedes aterrorizar aldeas enteras, abrir minas ilegales, llevártelo todo. Solo un gobierno central fuerte puede resolver poco a poco la situación.
![Católicos congoleños durante la procesión del Domingo de Ramos [© M.Merletto/Nigrizia]](/upload/articoli_immagini_interne/1278946911680.jpg)
Católicos congoleños durante la procesión del Domingo de Ramos [© M.Merletto/Nigrizia]
TURKSON: La corrupción ha existido siempre en todas las partes del mundo, también en las naciones desarrolladas. Pero en las sociedades desarrolladas existe quien vigila y la limita. En nuestros países, el poder central y los políticos muchas veces no consiguen desempeñar esta función porque tienen que pensar solamente en lo inmediato sin poder realizar nada que tenga un mínimo de alcance y perspectiva. Faltan siempre los recursos para realizar todo lo bueno y noble que se había planteado durante la campaña electoral, y muchísimos gobiernos, ya ahogados por las deudas contraídas en los años anteriores, piensan sólo en cómo obtener rápidamente capitales para hacer frente a las necesidades más urgentes. De ese modo se toman decisiones dictadas sólo por la emergencia, sin pensar si las decisiones que hoy pueden aportar algún capital, mañana tendrán consecuencias negativas. Como en mi país, Ghana: antes las minas de oro penetraban en profundidad en el subsuelo, hoy, en cambio, se prefiere hacer enormes agujeros sobre la superficie del terreno, eliminando los bosques. Nadie se preocupa de que mañana tengamos, en vez de bosques y tierras cultivadas, sólo grandes cráteres vacíos, porque el gobierno necesita urgentemente recursos financieros y todo lo que trae dinero a breve plazo es preferible a proyectos a largo plazo.
Por esto el Mensaje para la paz del Santo Padre de este año, que habla de solidaridad con el medio ambiente y de solidaridad entre las generaciones actuales y las futuras, es muy concreto y tiene implicaciones políticas, sociales, económicas muy sentidas en África.
Hace diez años, en 2000, hubo una gran campaña por la abolición de la deuda externa de los países en vías de desarrollo. ¿Con qué resultado?
TURKSON: La deuda no es el problema mayor: si anulan nuestras deudas pero no disponemos de los medios para producir bienes y mercancías, no conseguiremos nunca crear capitales. Nos volveremos a endeudar.
Pero en este momento los países africanos consiguen a duras penas pagar los intereses sin llegar nunca a cancelar su deuda …
TURKSON: Sería más importante que los gobiernos de los países africanos consiguieran aumentar su capacidad productiva e industrial, porque si continuamos solamente vendiendo materias primas o productos no elaborados no conseguiremos crear una economía fuerte y las deudas nos ahogarán siempre. Ghana, por ejemplo, es uno de los mayores productores de cacao del mundo: pero ¿cuántas fábricas de chocolate hay en Ghana? Cultivamos tomate en abundancia, pero ¿cuántas fábricas de conservas hay? Es sobre todo con las industrias manufactureras que se puede crear riqueza y desarrollo, pero en este punto África es muy débil. Solamente si aprendemos a transformar la piel del buey en zapatos saldremos de este círculo vicioso de préstamos e intereses.
Benedicto XVI en el Sínodo especial para África definió el continente como el pulmón sano de la humanidad. ¿Qué puede dar África al mundo?
TURKSON: El Papa se refería a los valores cristianos, religiosos y humanos de África y dijo que nosotros debemos tener cuidado de no hacer enfermar a este pulmón de la humanidad. Es un pulmón sano cuando sabe mirar hacia esos valores de la Evangelium vitae de los que nos hablaba Juan Pablo II; y el foco de las enfermedades son el secularismo y el relativismo, de los que África, hasta este momento por lo menos, parecía estar protegida, aunque vivimos en un mundo globalizado y hay muchas amenazas que nos llegan a través de medios que, de por sí, son muy positivos. Por ejemplo internet, mediante el cual llega de todo a nuestros jóvenes y sin ninguna mediación. La red lleva muchas cosas hermosas, pero también es posible visitar uno de esos sitios donde te explican cómo construir una bomba y fomentan el odio.
Usted está muy vinculado a Ghana y a África, tanto es así que se dice que al Papa le costó algo convencerle para que viniera a Roma. ¿Qué ha traído con usted de su experiencia de pastor?
TURKSON: Mi madre era metodista pero se convirtió al catolicismo cuando se casó con mi padre. La historia de mi vocación es muy sencilla. Quizá todas las vocaciones sacerdotales nacen por un motivo aparentemente banal, pero luego en el seminario crece y se aclara. La vocación es algo así como el starter de los coches, la chispa que enciende el motor, pues la historia de mi vocación es algo parecido. El motivo original por el que entré en el seminario fue la figura de un sacerdote holandés que cada dos meses venía a celebrar misa en la pequeña ciudad donde crecí. Papá era carpintero y nuestra pequeña ciudad estaba cerca de una mina de manganesio. No teníamos un párroco estable y me acuerdo de este cura que venía de vez en cuando, dormía en la iglesia, y por la mañana estaba siempre allí esperando a la gente para la misa. Esto me llamó la atención, más tarde, cuando llegué a la edad de ir a la escuela secundaria, hice la solicitud para entrar en el seminario menor. Se lo digo siempre a los seminaristas, la historia de nuestra vocación empieza con algo muy pequeño, pero el seminario, como decía, es el lugar donde la vocación crece y se aclara.
![Turkson en audiencia con Benedicto XVI como presidente de «Iustitia et Pax», el 26 de marzo de 2010
[© Osservatore Romano]](/upload/articoli_immagini_interne/1278946911774.jpg)
Turkson en audiencia con Benedicto XVI como presidente de «Iustitia et Pax», el 26 de marzo de 2010 [© Osservatore Romano]
TURKSON: Nosotros tenemos un proverbio que dice: «Si alguien se ocupa de ti cuando te crecen los dientes, te tocará a ti ocuparte de él cuando los pierda». Europa nos trajo la fe cristiana y nosotros la acogimos. Y cuanto más viva es esta fe, más les estamos agradecidos a quienes nos la trajeron. Por esta gratitud, si ahora en Europa o en Estados Unidos se corre el peligro de cerrar una iglesia por falta de sacerdotes, estamos dispuestos a ayudar para mantenerla abierta, esperando siempre que con la ayuda del Señor las cosas cambien. En Ghana no queda ya ninguna orden misionera, aparte de algunos franciscanos autóctonos y dos o tres jesuitas americanos que enseñan en nuestro seminario: pero hay muchos sacerdotes ghaneses en el mundo.
La encíclica social del Papa Caritas in veritate, sobre cuyas líneas de orientación está trabajando el Consejo Pontificio Justicia y Paz, fue publicada en un periodo histórico particular, en el que la crisis económica mundial puso de relieve los excesos de las finanzas sin reglas y las injusticias que de esto se derivan. A casi un año de la publicación, ¿es hoy la encíclica un instrumento de reflexión útil para salir de la crisis?
TURKSON: Como es sabido la Caritas in veritate había sido preparada en vista del 40 aniversario de la Populorum progressio y fue aplazada su publicación precisamente para poder reelaborarla a la luz de la crisis desatada en los mercados financieros. Si es o no es útil, que lo decidan los lectores, pero su intención no era dar una receta económica nueva, sino reafirmar la necesidad de introducir al hombre como criterio de base de la economía, de las financias y también del progreso tecnológico. Un desarrollo que no ayude ni asista al desarrollo de la persona, no puede considerarse un verdadero desarrollo. Fue, pues, un llamamiento a humanizar la economía y además, ya que el mundo está cada vez más globalizado y que ningún país puede afrontar la situación solo, el Santo Padre se preguntaban si no ha llegado la hora de poner en marcha un organismo mundial que pueda dirigir la globalización. Sé que en Estados Unidos algunos han criticado al Papa acusándole de que quiere ser el guía espiritual de un gobierno mundial, pero es una tontería. Es suficiente leer lo que sucede en el mundo en estos días: nadie es lo bastante fuerte como para poder afrontar solo estos fenómenos y estas crisis.