Archivo de 30Días
La salvación se comunica por contacto vital
por Paolo Mattei

La curación de la hemorroísa, catacumbas de los Santos Marcelino y Pedro, Roma
El artículo de Ignace de la Potterie s.j. (tomado de 30Días, enero de 1997) que volvemos a publicar en estas páginas –que describe la modalidad mediante la cual se comunica a los hombres la gracia de la salvación de Jesucristo– puede representar un comentario a un fragmento importante de una de estas encíclicas de Pío XII, la Mediator Dei: «Sin embargo, este rescate no obtuvo inmediatamente su efecto pleno; es menester que Cristo, después de haber rescatado al mundo con el copiosísimo precio de sí mismo, entre en la posesión real y efectiva de las almas. De aquí que, para que se lleve a cabo y sea grata a Dios la redención y salvación de todos los individuos y de las generaciones venideras hasta el fin de los siglos, es de necesidad absoluta que tomen todos contacto vital con el sacrificio de la cruz, y así, los méritos que de él se derivan les serán transmitidos y aplicados. Se puede decir que Cristo ha construido en el Calvario una piscina de purificación y de salvación que llenó con su sangre, por Él vertida; pero, si los hombres nos se bañan en sus aguas y no lavan en ellas las manchas de su iniquidad, no serán ciertamente purificados y salvados. Por eso, para que todos los pecadores se purifiquen en la sangre del Cordero, es necesaria su propia colaboración. Aunque Cristo, hablando en términos generales, haya reconciliado a todo el género humano con el Padre por medio de su muerte cruenta, quiso, sin embargo, que todos se acercasen y fuesen llevados a la cruz por medio de los sacramentos y por medio del sacrificio de la Eucaristía, para poder obtener los frutos de salvación por Él en la misma cruz ganados» (Mediator Dei, nn. 63-64).
Qué hermoso y consolador es constatar que la palabra “contacto”, utilizada en este pasaje por Pío XII («contacto vital»), fue recientemente repetida por Benedicto XVI (en el discurso del pasado 30 de agosto a sus ex alumnos y en el Mensaje Urbi et orbi de Navidad) para explicar la dinámica histórica con que a todos los individuos y a todas las generaciones «se comunica el mérito de su pasión» (decreto De iustificatione del Concilio de Trento, Denzinger 1523).