Entre Roma y Pekín el sensus fidei desata los nudos
La fe del pueblo ha ayudado a todos a hacer ineficaz el proyecto de una Iglesia nacional independiente. Por eso también el gobierno ha reorientado su línea. Y podría revisar así mismo las bases teóricas de su política hacia las comunidades católicas chinas. Entrevista a Ren Yanli, miembro de la Academia china de Ciencias sociales
Entrevista a Ren Yanli por Gianni Valente
Ren Yanli, miembro de la
Academia china de Ciencias sociales y del Instituto de investigación
de las Religiones mundiales, sigue desde hace decenios las vicisitudes de
la Iglesia católica china y las relaciones entre la China popular y
el Vaticano. La ventaja de hablar con él es que el profesor sabe
poner los hechos singulares en la justa perspectiva histórica, sin
censurar los cambios sustanciales que han tenido lugar en las relaciones
entre la Iglesia católica y la China popular en las últimas
décadas. 30Días lo ha entrevistado durante su reciente visita a Italia, en la
sede de la Fundación para las ciencias religiosas “Juan
XXIII” de Bolonia.
![Ren Yanli [© Ucanews]](/upload/articoli_immagini_interne/1265899729243.jpg)
Profesor, sobre la situación de la Iglesia
católica china siguen circulando tópicos engañosos.
REN YANLI: Los católicos chinos son católicos como los demás. Tienen la misma fe, leen la misma Biblia, van libremente a la iglesia para oír misa, rezar y recibir los sacramentos. Como los demás católicos aman a su patria y quieren participar en la vida y en la modernización de China.
Entonces, ¿de dónde nacen los problemas?
REN: Hubo un periodo en que, por varios motivos, no parecía posible amar a la patria y al mismo tiempo amar a la Iglesia. Cuando nació la República Popular China, el Vaticano era considerado como un enemigo político de la nueva China comunista. Y a finales de los años cincuenta, en el culmen del movimiento antiimperialista que dominaba entonces la política china, se cortó la relación con la Santa Sede, y se empujó la Iglesia china hacia la línea política de la independencia y del nombramiento autónomo de los obispos. Pero ya entonces, incluso los que por patriotismo o los que lo sólo de palabra se adherían a esa línea, acababan pronto por perder su tranquilidad espiritual. Parecían como personas divididas. ¿Cómo puede ser católica una Iglesia local que no tiene vínculos con la Sede apostólica? Y efectivamente, tras el periodo infausto de la Revolución cultural, con la reapertura de China promovida por Deng Xiaoping, el pensamiento dominante de los católicos chinos fue el de recuperar, según los tiempos y los modos en que han podido hacerlo, la relación con la Santa Sede, el Papa y la Iglesia católica universal.
Un deseo que para cumplirse ha encontrado caminos diferentes.
REN: Algunos se reunieron en torno a obispos ordenados clandestinamente que estaban en comunión con el Papa, y que rechazaban toda relación y todo control del poder político. Pero también los obispos que habían sido ordenados sin la aprobación de la Sede apostólica comenzaron a seguir el mismo camino, solicitando que el Papa les reconociera y legitimara. Ellos también abandonaron, de hecho, la perspectiva de la independencia. Esto ha sido un fenómeno general, y hay que tenerlo presente en su totalidad.
¿Cómo explica este fenómeno? ¿Cuáles son las causas de fondo?
REN: Para mí está cada vez más claro que el factor decisivo fue la fe misma de los católicos chinos, tanto de los laicos como del clero. Ahora los sacerdotes no están dispuestos a ser obispos si su nombramiento no procede del Papa y no hay mandato apostólico. Muchos nuevos obispos han querido mostrar en público, al principio y al final de su consagración, la carta de nombramiento enviada por el Papa. Porque, además, saben muy bien que los fieles no harán caso a pastores elegidos y consagrados autónomamente, sin la aprobación del Papa. Los últimos obispos nombrados sin mandato pontificio están aislados y nadie quiere tomar la eucaristía de sus manos, durante la misa. En fin, admitiendo que alguien en el pasado haya tenido la tentación de hacer carrera en una Iglesia independiente, la fe del pueblo ha ayudado a todos a hacer ineficaz este proyecto. Y esto ha ayudado también al gobierno a reorientar su línea.
¿Dónde ve usted esta reorientación? Se dice que la postura del poder chino es siempre rígidamente igual a sí misma.
REN: Si el gobierno quiere que los obispos sean pastores apreciados y seguidos por los fieles, y que no sean vistos como funcionarios aislados e impuestos desde fuera, ahora ha comprendido que el nombramiento procedente del Papa y la plena comunión con él son elementos indispensables, de los que no se puede prescindir. Esto quiere decir que en la práctica se abandona la idea de imponer a la Iglesia una independencia que consista en la separación del Papa y de la Iglesia universal. El proceso que lleva a una afirmación cada vez más explícita de la comunión de los obispos chinos con el Papa –y todo lo que comporta– es irreversible. Por este camino no se puede dar marcha atrás.
¿Qué piensa de la fase reciente de las relaciones entre China y el Vaticano?
REN: En mi opinión no tiene ningún sentido seguir hablando de deshielo, porque desde hace mucho tiempo ya no hay hielo, y las dos partes comenzaron hace muchos años a tener contactos directos. Pero sigue este tira y afloja: cada vez que una parte considera las iniciativas de la otra como tentativas unilaterales para dejarla fuera, responde con hechos que pueden ser interpretados como contraataques.
¿Por ejemplo?
REN: Empecemos por 2005. Todos los obispos ordenados en aquel año tenían ya en el bolsillo el nombramiento del Papa, antes de la consagración. El año transcurrió en paz. En 2006, el obispo de Hong Kong Joseph Zen fue creado cardenal, e inmediatamente en China se volvió a elegir a obispos sin mandato del Papa, en abril y en noviembre. Se abrió un nuevo ciclo de declaraciones severas entre el gobierno chino y la Curia romana. Pero en enero de 2007, cuando corrió la noticia de que Benedicto XVI enviaría una Carta pastoral a la Iglesia en China, cesaron las consagraciones de obispos no autorizadas por Roma. Ese año, también el nuevo obispo de Pekín fue elegido con la aprobación del Papa. Pero luego China celebró con mucho énfasis los cincuenta años de la Asociación patriótica y de los primeros nombramientos episcopales ocurridos en 1958 sin mandato del Papa. Los dirigentes políticos reafirmaron durante las ceremonias la línea independentista a la que debe spos chinos la facultad de consagrar a otros obispos pidiendo la aprobación papal sucesivamente. En la práctica, se advierte que se les pueden atribuir de nuevo a las comunidades clandestinas las facultades especiales que la Carta del Papa había revocado.
¿Cómo reaccionó la parte china?
REN: Era de temer el comienzo de una nueva fase conflictiva. Pero luego, cuando Hu Jintao vino a Italia para participar en el G8, el Papa le hizo saber que le recibiría con gusto en el Vaticano. El encuentro no pudo llevarse a cabo. Pero la invitación del Papa fue apreciada.
¿Y ahora? ¿Cómo van las cosas?
REN: En los meses pasados se tenía que haber celebrado el octavo Congreso de los católicos chinos. Es la asamblea periódica de los delegados de las diócesis registradas en la Administración estatal de los Asuntos religiosos, que tiene también la función de distribuir los cargos a las jerarquías de los organismos oficiales de la Iglesia de China, como la Asociación patriótica y el Colegio de los obispos, que están vacantes desde que murieron los obispos que los desempeñaban. En cambio, las autoridades políticas decidieron aplazar el Congreso a 2010.
![Distribución de la comunión en la iglesia católica Xishiku de Pekín [© Sinopix/LaPresse]](/upload/articoli_immagini_interne/1265899729321.jpg)
¿Cómo interpreta usted este aplazamiento?
REN: Quizás no se quiere forzar. En Pekín han comprendido que los jefes de los organismos oficiales, para que sean de verdad reconocidos y respetados, han de ser obispos en comunión con el Papa. Y los obispos legítimos tienen cierta renuencia y tendrían dificultad a asumir los cargos si hubiera una explícita contrariedad de la Santa Sede. Se requiere tiempo para organizar las cosas de modo que la elección caiga sobre el hombre justo y todo salga a pedir de boca. Los políticos chinos de hoy son pragmáticos y tienden a resolver los problemas uno a uno. Sin cambios llamativos. Dicho esto, temo que si antes no se resuelven algunos problemas de fondo existirá siempre el peligro de que se abran fases conflictivas extenuantes y anacrónicas, que perjudicarían a todos.
¿Qué es lo que en este momento puede ayudar a que se interrumpa esta espiral de acción-reacción que nos ha descrito?
REN: La Santa Sede, por su parte, haría bien en tener en cuenta e implicar a la Iglesia china: como decía, en todo este tiempo la fidelidad de los católicos chinos a la fe de los apóstoles ha sido el factor decisivo, también en la evolución de las relaciones con los que dirigen políticamente el país.
Y por parte de los líderes políticos chinos, ¿cuáles son sus expectativas?
REN: El pasado mes de mayo, una anónima pero influyente personalidad china señaló en un periódico de Hong Kong que las autoridades de Pekín podrían proponer una revisión de las categorías de autonomía, independencia y autogobierno tal y como se aplican a la Iglesia local. En seminarios de estudio reservados a los responsables políticos se está debatiendo desde hace tiempo este tema: cómo hallar una definición de independencia que distinga el aspecto eclesial y de fe del aspecto político. El concepto de independencia no puede aplicarse a los aspectos de la vida de la Iglesia que tienen que ver con la fe, sino que hay que interpretarlo sólo en clave política.
¿Qué significa concretamente? ¿Puede poner un ejemplo práctico?
REN: El gobierno quiere la garantía de que la Iglesia no se comporte como un cuerpo político, que los obispos chinos sean independientes respecto a eventuales orientaciones políticas y geopolíticas de la Curia romana. En la práctica, se quiere evitar la posibilidad de que un obispo o eventualmente un nuncio puedan atacar la política del gobierno. Por esto en Pekín hay quienes se obstinan en querer mantener cierto control sobre los nombramientos de los obispos.
![Ren Yanli [© Ucanews]](/upload/articoli_immagini_interne/1265899729243.jpg)
Ren Yanli [© Ucanews]
REN YANLI: Los católicos chinos son católicos como los demás. Tienen la misma fe, leen la misma Biblia, van libremente a la iglesia para oír misa, rezar y recibir los sacramentos. Como los demás católicos aman a su patria y quieren participar en la vida y en la modernización de China.
Entonces, ¿de dónde nacen los problemas?
REN: Hubo un periodo en que, por varios motivos, no parecía posible amar a la patria y al mismo tiempo amar a la Iglesia. Cuando nació la República Popular China, el Vaticano era considerado como un enemigo político de la nueva China comunista. Y a finales de los años cincuenta, en el culmen del movimiento antiimperialista que dominaba entonces la política china, se cortó la relación con la Santa Sede, y se empujó la Iglesia china hacia la línea política de la independencia y del nombramiento autónomo de los obispos. Pero ya entonces, incluso los que por patriotismo o los que lo sólo de palabra se adherían a esa línea, acababan pronto por perder su tranquilidad espiritual. Parecían como personas divididas. ¿Cómo puede ser católica una Iglesia local que no tiene vínculos con la Sede apostólica? Y efectivamente, tras el periodo infausto de la Revolución cultural, con la reapertura de China promovida por Deng Xiaoping, el pensamiento dominante de los católicos chinos fue el de recuperar, según los tiempos y los modos en que han podido hacerlo, la relación con la Santa Sede, el Papa y la Iglesia católica universal.
Un deseo que para cumplirse ha encontrado caminos diferentes.
REN: Algunos se reunieron en torno a obispos ordenados clandestinamente que estaban en comunión con el Papa, y que rechazaban toda relación y todo control del poder político. Pero también los obispos que habían sido ordenados sin la aprobación de la Sede apostólica comenzaron a seguir el mismo camino, solicitando que el Papa les reconociera y legitimara. Ellos también abandonaron, de hecho, la perspectiva de la independencia. Esto ha sido un fenómeno general, y hay que tenerlo presente en su totalidad.
¿Cómo explica este fenómeno? ¿Cuáles son las causas de fondo?
REN: Para mí está cada vez más claro que el factor decisivo fue la fe misma de los católicos chinos, tanto de los laicos como del clero. Ahora los sacerdotes no están dispuestos a ser obispos si su nombramiento no procede del Papa y no hay mandato apostólico. Muchos nuevos obispos han querido mostrar en público, al principio y al final de su consagración, la carta de nombramiento enviada por el Papa. Porque, además, saben muy bien que los fieles no harán caso a pastores elegidos y consagrados autónomamente, sin la aprobación del Papa. Los últimos obispos nombrados sin mandato pontificio están aislados y nadie quiere tomar la eucaristía de sus manos, durante la misa. En fin, admitiendo que alguien en el pasado haya tenido la tentación de hacer carrera en una Iglesia independiente, la fe del pueblo ha ayudado a todos a hacer ineficaz este proyecto. Y esto ha ayudado también al gobierno a reorientar su línea.
¿Dónde ve usted esta reorientación? Se dice que la postura del poder chino es siempre rígidamente igual a sí misma.
REN: Si el gobierno quiere que los obispos sean pastores apreciados y seguidos por los fieles, y que no sean vistos como funcionarios aislados e impuestos desde fuera, ahora ha comprendido que el nombramiento procedente del Papa y la plena comunión con él son elementos indispensables, de los que no se puede prescindir. Esto quiere decir que en la práctica se abandona la idea de imponer a la Iglesia una independencia que consista en la separación del Papa y de la Iglesia universal. El proceso que lleva a una afirmación cada vez más explícita de la comunión de los obispos chinos con el Papa –y todo lo que comporta– es irreversible. Por este camino no se puede dar marcha atrás.
¿Qué piensa de la fase reciente de las relaciones entre China y el Vaticano?
REN: En mi opinión no tiene ningún sentido seguir hablando de deshielo, porque desde hace mucho tiempo ya no hay hielo, y las dos partes comenzaron hace muchos años a tener contactos directos. Pero sigue este tira y afloja: cada vez que una parte considera las iniciativas de la otra como tentativas unilaterales para dejarla fuera, responde con hechos que pueden ser interpretados como contraataques.
¿Por ejemplo?
REN: Empecemos por 2005. Todos los obispos ordenados en aquel año tenían ya en el bolsillo el nombramiento del Papa, antes de la consagración. El año transcurrió en paz. En 2006, el obispo de Hong Kong Joseph Zen fue creado cardenal, e inmediatamente en China se volvió a elegir a obispos sin mandato del Papa, en abril y en noviembre. Se abrió un nuevo ciclo de declaraciones severas entre el gobierno chino y la Curia romana. Pero en enero de 2007, cuando corrió la noticia de que Benedicto XVI enviaría una Carta pastoral a la Iglesia en China, cesaron las consagraciones de obispos no autorizadas por Roma. Ese año, también el nuevo obispo de Pekín fue elegido con la aprobación del Papa. Pero luego China celebró con mucho énfasis los cincuenta años de la Asociación patriótica y de los primeros nombramientos episcopales ocurridos en 1958 sin mandato del Papa. Los dirigentes políticos reafirmaron durante las ceremonias la línea independentista a la que debe spos chinos la facultad de consagrar a otros obispos pidiendo la aprobación papal sucesivamente. En la práctica, se advierte que se les pueden atribuir de nuevo a las comunidades clandestinas las facultades especiales que la Carta del Papa había revocado.
¿Cómo reaccionó la parte china?
REN: Era de temer el comienzo de una nueva fase conflictiva. Pero luego, cuando Hu Jintao vino a Italia para participar en el G8, el Papa le hizo saber que le recibiría con gusto en el Vaticano. El encuentro no pudo llevarse a cabo. Pero la invitación del Papa fue apreciada.
¿Y ahora? ¿Cómo van las cosas?
REN: En los meses pasados se tenía que haber celebrado el octavo Congreso de los católicos chinos. Es la asamblea periódica de los delegados de las diócesis registradas en la Administración estatal de los Asuntos religiosos, que tiene también la función de distribuir los cargos a las jerarquías de los organismos oficiales de la Iglesia de China, como la Asociación patriótica y el Colegio de los obispos, que están vacantes desde que murieron los obispos que los desempeñaban. En cambio, las autoridades políticas decidieron aplazar el Congreso a 2010.
![Distribución de la comunión en la iglesia católica Xishiku de Pekín [© Sinopix/LaPresse]](/upload/articoli_immagini_interne/1265899729321.jpg)
Distribución de la comunión en la iglesia católica Xishiku de Pekín [© Sinopix/LaPresse]
REN: Quizás no se quiere forzar. En Pekín han comprendido que los jefes de los organismos oficiales, para que sean de verdad reconocidos y respetados, han de ser obispos en comunión con el Papa. Y los obispos legítimos tienen cierta renuencia y tendrían dificultad a asumir los cargos si hubiera una explícita contrariedad de la Santa Sede. Se requiere tiempo para organizar las cosas de modo que la elección caiga sobre el hombre justo y todo salga a pedir de boca. Los políticos chinos de hoy son pragmáticos y tienden a resolver los problemas uno a uno. Sin cambios llamativos. Dicho esto, temo que si antes no se resuelven algunos problemas de fondo existirá siempre el peligro de que se abran fases conflictivas extenuantes y anacrónicas, que perjudicarían a todos.
¿Qué es lo que en este momento puede ayudar a que se interrumpa esta espiral de acción-reacción que nos ha descrito?
REN: La Santa Sede, por su parte, haría bien en tener en cuenta e implicar a la Iglesia china: como decía, en todo este tiempo la fidelidad de los católicos chinos a la fe de los apóstoles ha sido el factor decisivo, también en la evolución de las relaciones con los que dirigen políticamente el país.
Y por parte de los líderes políticos chinos, ¿cuáles son sus expectativas?
REN: El pasado mes de mayo, una anónima pero influyente personalidad china señaló en un periódico de Hong Kong que las autoridades de Pekín podrían proponer una revisión de las categorías de autonomía, independencia y autogobierno tal y como se aplican a la Iglesia local. En seminarios de estudio reservados a los responsables políticos se está debatiendo desde hace tiempo este tema: cómo hallar una definición de independencia que distinga el aspecto eclesial y de fe del aspecto político. El concepto de independencia no puede aplicarse a los aspectos de la vida de la Iglesia que tienen que ver con la fe, sino que hay que interpretarlo sólo en clave política.
¿Qué significa concretamente? ¿Puede poner un ejemplo práctico?
REN: El gobierno quiere la garantía de que la Iglesia no se comporte como un cuerpo político, que los obispos chinos sean independientes respecto a eventuales orientaciones políticas y geopolíticas de la Curia romana. En la práctica, se quiere evitar la posibilidad de que un obispo o eventualmente un nuncio puedan atacar la política del gobierno. Por esto en Pekín hay quienes se obstinan en querer mantener cierto control sobre los nombramientos de los obispos.