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GIUSSANI
Sacado del n. 10 - 2003

La presencia en la historia


Ejercicios espirituales de los novicios de los Memores Domini. La Thuile, 9-10 de agosto de 2003


por Luigi Giussani


EL ROSTRO SANTO DE SANSEPOLCRO. Tiene una altura de 2,70 metros y la apertura de sus brazos es de 2,90 metros. Es una talla de madera de nogal realizada en un único bloque. El Rostro Santo de Sansepolcro ha sido el sujeto de un reciente debate crítico.  Siempre se consideró esta obra como una réplica del más famoso y venerado Rostro Santo de la ciudad de Lucca. Sin embargo, el año pasado se encontraron documentos que atestiguan la mayor antigüedad de éste . Los exámenes del radiocarbono demostraron que la madera de la talla se remonta a un periodo entre los años 670 y 845. Pero esta puede ser la fecha en que el árbol fue cortado: la crítica tiende a situar la obra en época carolingia. Desde el punto de vista iconográfico es un ejemplar de Cristo con túnica: casi un encuentro entre la iconografía del Crucificado y del Cristo pantocrátor. El Señor está representado aún vivo y el centro de la obra es la mirada, por eso el título es Rostro Santo. Da testimonio de la relación entre el fiel y el rostro de Cristo esta frase de san Ambrosio: «No cabe duda de que Pedro volvió a recibir la gracia de la conversión por medio del Santo Rostro, porque aquellos a los que Jesús mira se salvan siempre».

EL ROSTRO SANTO DE SANSEPOLCRO. Tiene una altura de 2,70 metros y la apertura de sus brazos es de 2,90 metros. Es una talla de madera de nogal realizada en un único bloque. El Rostro Santo de Sansepolcro ha sido el sujeto de un reciente debate crítico. Siempre se consideró esta obra como una réplica del más famoso y venerado Rostro Santo de la ciudad de Lucca. Sin embargo, el año pasado se encontraron documentos que atestiguan la mayor antigüedad de éste . Los exámenes del radiocarbono demostraron que la madera de la talla se remonta a un periodo entre los años 670 y 845. Pero esta puede ser la fecha en que el árbol fue cortado: la crítica tiende a situar la obra en época carolingia. Desde el punto de vista iconográfico es un ejemplar de Cristo con túnica: casi un encuentro entre la iconografía del Crucificado y del Cristo pantocrátor. El Señor está representado aún vivo y el centro de la obra es la mirada, por eso el título es Rostro Santo. Da testimonio de la relación entre el fiel y el rostro de Cristo esta frase de san Ambrosio: «No cabe duda de que Pedro volvió a recibir la gracia de la conversión por medio del Santo Rostro, porque aquellos a los que Jesús mira se salvan siempre».

Perdonad, pero querría dejaros un pensamiento: al final de una jornada como la de hoy la disponibilidad del corazón es suficiente, basta para todos. La frase que más me gusta de las que el Medievo ha formulado y la vida monástica ha valorado es esta:

Oh Iesu mi dulcissime,
spes suspirantis animae,
Te quaerunt piae lacrimae
et clamor mentis intimae
.

¡Oh Jesús, mi dulcísimo Señor, compañero! Sea cual sea la situación en la que nos encontremos –lo han dicho de distintas maneras nuestros dos “comandantes supremos”–, sea cual sea la postura de la que partamos, el sentimiento que nos invade es la dulzura y nada podemos decir con mayor verdad que: Oh Iesu mi dulcissime, esperanza del alma que suspira. Es una palabra que utiliza Dante y que permanece en nuestra memoria desde los tiempos en los que en Italia todavía la enseñanza reflejaba los valores del pasado: spes suspirantis animae.
Jesús, tú eres dulce en mi vida: la dulzura caracteriza tu presencia porque eres el contenido de la esperanza. ¡Tú eres mi esperanza! Y la esperanza define continuamente la naturaleza original de nuestro ser, esto es, espera, petición, pues la petición tiene la misma forma de la espera.
Spes suspirantis animae, Te quaerunt piae lacrimae: a Ti claman la angustia, el dolor, la insatisfacción, entre los pliegues poco saludables que nuestra vida adquiere.
Te quaerunt piae lacrimae: a Ti te buscan mis lágrimas, en su estado original: pías, en su forma original.
Et clamor mentis intimae: es un clamor, el grito interior de mi ser, del ser. Y el ser es un grito interior: es un grito, un grito más que interior, total, un clamor total: et clamor mentis intimae.
Por lo tanto, todo es triste y todo es bueno, siendo la esperanza una afirmación positiva a toda costa, una afirmación a toda costa positiva de nuestro ser.
Os deseo que podáis tocar estas cosas no con mano trepidante, sino juvenil, infantil, como de niños, como de seres recién nacidos, pues cada instante somos recién nacidos.
Deseo que seáis para mí compañeros de viaje como habéis demostrado serlo para Pino y Carrón. Pido que podáis sosteneros mutuamente.
Gracias.


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