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LA MADRE TERESA, BEATA
Sacado del n. 10 - 2003

LA BEATIFICACIÓN DE LA MADRE TERESA DE CALCUTA

Un lápiz en las manos de Dios


Entrevista al cardenal Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las causas de los santos: «La madre Teresa se consideraba un simple instrumento en las manos del Señor, o, por usar una conocida frase suya, “un lápiz en sus manos”. El mérito nunca es del lápiz, sino de quien escribe: en este caso, de Dios. De esta convicción profunda nacía su ilimitada confianza, su esperanza tenaz, no en sus propias fuerzas, sino en la gracia divina»


por Gianni Cardinale



El domingo 19 de octubre la plaza de San Pedro de Roma se llenará de fieles de todo el mundo para la ceremonia de beatificación de la madre Teresa de Calcuta. El acontecimiento estará precedido por la celebración del XXV aniversario del pontificado de Juan Pablo II y precederá en dos días al consistorio para la creación de treinta nuevos cardenales anunciado por el Papa el 28 de septiembre.
La pequeña religiosa albanesa subirá al honor de los altares tras uno de los procesos de beatificación más rápidos que se recuerden. Según las disposiciones vigentes, en efecto, una causa de beatificación puede comenzarse sólo después de cinco años de la muerte de la persona en cuestión. Para la madre Teresa, en cambio, el Papa ha aprobado formalmente una derogación que le había pedido el prefecto de la Congregación para las causas de los santos, el cardenal José Saraiva Martins, que a su vez había recibido peticiones de este tipo de numerosos obispos y fieles de todo el mundo. La madre Teresa murió el 5 de septiembre de 1997, así que según las reglas canónicas su causa no podía empezar antes de septiembre de 2002. En cambio, a finales de 1998, después de algo más de un año, el Papa concedió la derogación permitiendo de este modo el comienzo de la primera fase del proceso, la diocesana. Mientras tanto, el 5 de septiembre de 1998, en India había ocurrido un milagro por intercesión de la madre Teresa: la joven Monica Besra, de religión animista, se había curado de una grave forma de tumor. La fase diocesana terminó el 14 de agosto de 2001, cuando el entonces arzobispo de Calcuta, Henry S. D’Souza anunció que las actas (76 volúmenes de 450 páginas cada uno) habían sido enviadas a Roma. En la Urbe, el proceso siguió adelante rápidamente, hasta que, entre finales de septiembre y primeros de octubre de 2002, en el espacio de una semana, la Congregación para las causas de los santos aprobó las virtudes heroicas y el milagro. El 20 de diciembre de 2002 estos decretos fueron promulgados solemnemente en el Vaticano, en presencia del Papa.
Sobre esta causa de beatificación y sobre la figura de la madre Teresa de Calcuta 30Días ha hecho algunas preguntas al cardenal portugués Saraiva Martins, de 71 años, prefecto de la Congregación para las causas de los santos desde hace cinco años.

Eminencia, ¿conoció personalmente a la madre Teresa de Calcuta?
JOSÉ SARAIVA MARTINS: Sí, la vi varias veces. La primera vez yo era rector de la Universidad Pontificia Urbaniana y ella vino a nuestra sede con motivo de la solemnidad del Corpus Christi. La madre Teresa no ocultó nunca su devoción por el Santísimo Sacramento. Luego la volví a ver cuando era secretario de la Congregación para la educación católica: venía a menudo a visitarnos en nuestra sede de la plaza de Pío XII. Mi recuerdo más intenso es quizás cuando tuve el placer de recibir la profesión religiosa de un grupo numeroso, eran más de una docena, de hermanas misioneras de la caridad. La ceremonia se celebró en la iglesia de San Gregorio al Celio, en Roma, y la madre Teresa estaba presente, sentada en el suelo, con las demás hermanas. Hablar con ella era siempre una verdadera lección evangélica: de sus palabras emanaba siempre su profunda espiritualidad y su intenso espíritu misionero.
¿Qué representa para usted la figura de la futura beata?
SARAIVA MARTINS: No cabe duda de que la madre Teresa es una de las figuras más eminentes de la Iglesia de nuestro tiempo. Y es una figura que ejerce gran fascinación sobre los fieles, pero también sobre los no creyentes, de todo el mundo. En el origen de su encanto están su extraordinaria personalidad de mujer y de religiosa, su carisma profundamente evangélico y la extrema actualidad de su mensaje humano y cristiano. Un mensaje que es esencialmente de amor, de caridad, para con los hermanos, sobre todo para con los pobres, los pequeños, los marginados. Estos han sido siempre sus mayores tesoros. Y a ellos consagró toda su vida y sus energías. En todo su intenso apostolado entre los pobres, la madre Teresa no olvidó nunca las palabras de Jesús: «Todo lo que hagáis al más pequeño de mis hermanos, me lo haréis a mí». En el rostro de los pobres y de los marginados ella veía, a veces desfigurado, el rostro mismo de Jesucristo.
José Saraiva Martins

José Saraiva Martins

Madre Teresa, mujer de caridad, pero también de fe y de esperanza...
SARAIVA MARTINS: Desde luego. Además de la caridad hay en ella una fe profunda, concreta, vivida, existencial. Una fe que nunca vaciló, ni siquiera durante el largo periodo de aridez espiritual con el que Dios quiso ponerla a prueba (hay que recordar que también otros santos místicos tuvieron que afrontar una prueba semejante). La madre Teresa poseía gran humildad y disponibilidad total para hacer la voluntad de Dios. Se consideraba un simple instrumento en las manos del Señor, o, por usar una conocida frase suya, «un lápiz en sus manos». El mérito nunca es del lápiz, sino de quien escribe: en este caso, de Dios. De esta convicción profunda nacía su ilimitada confianza, su esperanza tenaz, no en sus propias fuerzas, sino en la gracia divina.
No se ha dejado nunca de subrayar el interés de la madre Teresa por la familia…
SARAIVA MARTINS: Ciertamente. Era consciente de la extrema importancia de la familia para la Iglesia y para la sociedad. Especialmente, en lo relativo a la familia cristiana, la madre Teresa subrayaba la necesidad de que se vivan dentro de ella los valores evangélicos. Y lo hacia sin tonos autoritarios y forzosos. «Una familia que reza» dijo con ocasión del primer Encuentro mundial de las familias, «es una familia feliz». Estas palabras de la Madre de los pobres conservan toda su fuerza y su urgencia. Y quizá pueden tener una eficacia mayor que muchos planes pastorales… Decía, en efecto, la madre Teresa: «En la familia se debe aprender a rezar juntos: el fruto de la oración es la fe, el fruto de la fe es el amor, el fruto del amor es el servicio y el fruto del servicio es la paz».
La ceremonia de beatificación de la madre Teresa tendrá lugar durante las celebraciones por el XXV aniversario del pontificado de Juan Pablo II. ¿Se trata de una coincidencia?
SARAIVA MARTINS: Las imágenes televisivas han llevado a cada hogar la ternura sublime de la figura de la madre Teresa y la de Juan Pablo II, unidos en la celebración de la vida y entre multitudes de jóvenes que llenaban las plazas y los estadios de todo el mundo. La madre Teresa, efectivamente, ha seguido al Papa peregrino por los caminos del mundo con esa discreción y con ese silencio femenino generadores de vida. ¿Quién no recuerda París, Denver, Roma, por mencionar sólo algunas citas de esta pasión común por la vida y por los jóvenes? Por todo esto la beatificación de la madre Teresa que cae durante las celebraciones del XXV aniversario del pontificado de Juan Pablo II es un hecho providencial, es un don de Dios a la Iglesia. Además, personalmente estoy muy contento de esta feliz coincidencia, y puedo decir que esta Congregación ha trabajado con especial tesón para que sucediera.

De hecho, el proceso de beatificación de la madre Teresa se ha llevado a cabo en un tiempo récord. ¿Acaso la monjita albanesa es una beata “enchufada”?
SARAIVA MARTINS: Inmediatamente después de la muerte de la madre Teresa su fama de santidad, como una amplia ola, inundó y animó el mundo cristiano. Una ola que de alguna manera tocó también nuestra Congregación, a la que llegaron testimonios significativos sobre la santidad de la monjita de Calcuta. Sin acelerar tiempos ni procedimientos, que requerían por lo menos cinco años desde la muerte de la sierva de Dios, ha habido una dispensa en virtud de la cual se ha podido comenzar enseguida a recoger los documentos necesarios para el proceso que ha seguido ritmos y procedimientos usuales. Dada la amplitud y la resonancia mundial de la causa, la Congregación ha puesto a disposición de los actores de la causa un oficial competente por experiencia jurídica y lingüística, y esto ha acelerado la marcha hacia la beatificación. Así que de “enchufes”, nada. Simplemente el dicasterio para las Causas de los santos ha salido al encuentro de las peticiones de los fieles procedentes de todo el mundo.
Los medios de comunicación, y también el diario de los obispos italianos Avvenire (10 de septiembre), dieron la noticia de que se había tomado en consideración «la hipótesis de canonizar a la madre Teresa el mismo día de su beatificación». Pero al final –escribía Avvenire– se decidió «seguir el normal procedimiento canónico también para la madre Teresa».
SARAIVA MARTINS: Es cierto que la madre Teresa durante su existencia terrena nunca buscó para sí ni privilegios ni atenciones especiales.


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