ENCUENTROS. El nuevo secretario de la Congregación para la Doctrina de la fe
Un jesuita en el ex Santo Oficio
Después de dos salesianos, un hijo de san Ignacio desempeñará el cargo de número dos de la primera de las Congregaciones de la Curia romana. Entrevista al arzobispo Luis Francisco Ladaria Ferrer
Entrevista a Luis Francisco Ladaria Ferrer por Gianni Cardinale
Después de dos salesianos, la
Congregación para la Doctrina de la fe tiene a un jesuita como nuevo
secretario. El 9 de julio el papa Benedicto XVI nombró como
número dos del dicasterio que él mismo dirigiera desde 1981
hasta 2005, al español Luis Francisco Ladaria Ferrer, de 64
años, natural de Manacor, la segunda ciudad, después de
Palma, de la isla de Mallorca en las Baleares.
Ladaria substituye al salesiano Angelo Amato, que fue promovido prefecto de la Congregación para las Causas de los santos, quien a su vez había substituido a otro hijo de don Bosco, el entonces arzobispo Tarcisio Bertone, que como cardenal secretario de Estado consagró obispo a Ladaria el pasado 26 de julio en la Basílica de San Juan de Letrán.
30Días ha entrevistado al nuevo secretario, en el Palacio del Santo Oficio, a su regreso de vacaciones, que pasó por lo general en su país natal. Cuando le señalo que no está muy moreno, monseñor Ladaria me responde sonriendo: «Depende de que me gusta mucho el mar, pero mucho menos el sol…». Antes de comenzar la entrevista, Ladaria, hablando de sus orígenes, nos dice que, aunque su familia está establecida desde hace generaciones en las Baleares, quizá sus antepasados procedían del antiguo Reino de Nápoles, y más exactamente del golfo de Policastro. Pero aquí terminan los cumplidos y comienzan las preguntas.
![Benedicto XVI recibe en audiencia
a monseñor Ladaria Ferrer en Castelgandolfo, el 10 de septiembre de 2008 [© Osservatore Romano]](/upload/articoli_immagini_interne/1224683398093.jpg)
Excelencia, ¿cómo nació su
vocación y por qué eligió la Compañía de
Jesús?
Luis Francisco Ladaria Ferrer: Quizás “elegir” no es la palabra correcta. No fui yo quien eligió, sino que vi un camino ante mí y me encaminé. Un camino, el de la vocación, que empecé a verlo cuando iba al Colegio de los jesuitas de Palma de Mallorca y luego durante los estudios de Jurisprudencia en Madrid. Estudiaba Derecho pero me daba cuenta de que no era eso lo que deseaba. Quería ser sacerdote y la Compañía de Jesús, que conocía, me gustaba. Así que era un camino abierto ante mí que emprendí casi con naturalidad.
¿Su familia era muy religiosa?
Ladaria Ferrer: Bastante.
¿Hubo alguna figura de sacerdote que le impresionó especialmente?
Ladaria Ferrer: Por supuesto, tengo ante mí los rostros de los padres del Colegio donde estudié, el antiguo Colegio de Monte Sión, fundado en 1561; pero en general fue todo el ambiente, el aire que se respiraba, lo que me llevó a dedicarme completamente al Señor.
Usted emitió los votos religiosos en 1968. ¿Qué recuerdos conserva de aquel año, tan turbulento por lo menos fuera de España?
Ladaria Ferrer: También en España fue un año turbulento. Pero yo emití los votos tranquilamente, sin fijarme mucho en las agitaciones. Me gustaba estudiar y estudiaba.
¿No ha sentido nunca la fascinación del 68?
Ladaria Ferrer: Quizás todos hemos estado algo condicionados por el 68, pero en mi caso no de manera especial.
¿Quienes han sido sus maestros?
Ladaria Ferrer:Me agrada recordar a algunos. En Frankfurt, Alemania, donde estudié Teología, tuve como profesores al padre Grillmeier, que luego sería creado cardenal, que era un gran estudioso de Dogmática; al padre Otto Semmelroth y al padre Herman Josef Sieben, en los comienzos de su carrera académica, que más tarde se convertiría en uno de los mayores expertos del mundo en la idea conciliar. En Roma hice la tesis de doctorado con el padre Antonio Orbe, gran patrólogo, y tuve como profesores a los padres Juan Alfaro y Zoltan Alszeghy.
¿No se encontró nunca con el profesor Ratzinger durante sus estudios en Alemania?
Ladaria Ferrer: No personalmente. Pero conocía sus escritos. Sobre todo la Introducción al cristianismo que era su obra más conocida, pero también su libro sobre el pueblo de Dios. Recuerdo que en nuestra facultad circulaban apuntes de las clases del entonces profesor Ratzinger.
¿Cuándo conoció personalmente al actual Pontífice?
Ladaria Ferrer: En 1992, cuando me nombraron miembro de la Comisión teológica internacional. Recuerdo con agrado las detalladas discusiones que se hacían sobre el tema de las relaciones entre el cristianismo y las otras religiones. Las intervenciones del cardenal Ratzinger eran siempre muy exactas y profundas y el nivel del debate era siempre muy alto. El trabajo de esta Comisión es muy interesante tanto por los temas que se tratan, siempre de gran importancia, como por el horizonte internacional, y católico, que se respira.
¿Tuvo usted algún papel en la redacción de la Dominus Iesus?
Ladaria Ferrer: No.
Su tesis de doctorado en la Gregoriana versaba sobre san Hilario de Poitiers. ¿Por qué esta decisión y qué le fascinaba de este santo?
¿Cuál es la actualidad de san Hilario?
Ladaria Ferrer: No debemos afanarnos en buscar la actualidad en los Padres de la Iglesia. Debemos leerlos y gustarlos para podernos acercar mejor a la frescura del mensaje evangélico, a Jesús, y esto es un valor permanente más que algo ligado a la actualidad, que por su naturaleza es mudable, cambia de minuto en minuto. Los Padres de la Iglesia son un manantial que brota en una época más cercana a la apostólica. Es esto lo que hace que sean siempre actuales.
El padre Orbe era experto en san Ireneo y en gnosticismo…
Ladaria Ferrer: Efectivamente era uno de los mayores expertos sobre el tema. Escribió muchos libros sobre estos temas, y en verdad a menudo complicados, porque la materia es difícil.
Usted fue durante muchos años profesor de la Gregoriana y también vicerrector. ¿Qué ha aprendido en todos esos años?
Ladaria Ferrer: El hecho de que fuera vicerrector durante ocho años no es muy importante. Lo importante es la enseñanza, la dirección de las tesis. La Gregoriana me ha enseñado a vivir en un ambiente internacional, con estudiantes procedentes de más de cien países, de diferentes lenguas, razas y culturas. Todos unidos por el amor al estudio, pero sobre todo al Señor y a su Iglesia. En una verdadera Universidad no solo los estudiantes aprenden de los profesores, sino que sucede también al contrario. Y yo he aprendido mucho de mis estudiantes.
Cuando se hizo público su nombramiento, John Allen jr del National Catholic Reporter recogió algunas opiniones de sus colegas sobre usted. Unos le definen cortés y afable…
Ladaria Ferrer: Trato de serlo, pero son los demás los que deben decir si lo consigo…
Otros dicen que es conservador moderado y teológicamente centrista. ¿Se reconoce en estas definiciones?
Ladaria Ferrer: He de decir que no me gustan los extremismos, ni los progresistas ni los tradicionalistas. Creo que hay un camino en el medio, que es el que sigue la mayoría de los profesores de teología aquí en Roma y en la Iglesia en general, que me parece el camino justo que hay que seguir, aunque cada uno de nosotros tiene sus peculiaridades, porque, gracias a Dios, no nos repetimos.
En el mundo tradicionalista no cayó bien su nombramiento. En España el teólogo don José María Iraburu acusa su obra Teología del pecado original y de la gracia de no estar conforme con la doctrina de la Iglesia, mientras que el periódico Sì sì No no llega a decir que su libro Antropología teológica «está completamente fuera de la tradición dogmática católica». ¿Le preocupan estas opiniones?
Ladaria Ferrer: Cada uno es libre de criticar y de dar las opiniones que quiera. Me pregunta si estoy preocupado, he de decirle que estas opiniones no me preocupan demasiado. Además, si me han nombrado para ese cargo, he de suponer que mis obras no merecen esas críticas.
Usted tuvo cierta notoriedad cuando la Comisión teológica publicó el documento sobre la salvación de los niños muertos antes del bautismo. Con dicho documento, ¿pone el magisterio definitivamente de patitas en la calle al Limbo?
Ladaria Ferrer: La Comisión teológica internacional no tiene el poder de poner de patitas en la calle a nada ni a nadie. Aunque no está formada por teólogos privados sino nombrados por el Papa, sus conclusiones no tienen valor magisterial. El susodicho documento reafirma que la doctrina del Limbo, que durante siglos fue mayoritaria y dominante en la reflexión teológica, no ha sido nunca definida dogmáticamente y por tanto nunca ha formado parte del magisterio infalible. Y que de todos modos quien quiera seguir hablando del Limbo no por ello se coloca fuera de la Iglesia católica. Dicho esto, sin embargo, la Comisión teológica, considerando el conjunto de los datos revelados, en particular la voluntad salvífica universal de Dios y la mediación universal de Cristo, ha escrito que hay caminos más apropiados para afrontar la cuestión del destino de los niños muertos sin haber recibido el bautismo, para los cuales no puede excluirse la esperanza de salvación. En verdad, estas conclusiones no son nuevas, nacieron por la época del Concilio, pero recogen los frutos de un consenso teológico muy amplio hoy.
¿Qué efecto le hace ser el primer jesuita que desempeña este cargo?
Ladaria Ferrer: He de decir que no me he planteado esta cuestión. Aunque es verdad que, al parecer, ningún jesuita lo ha desempeñado nunca. No sé si el Santo Padre me ha elegido por ser jesuita.
![Monseñor Ladaria Ferrer [© Osservatore Romano]](/upload/articoli_immagini_interne/1224683398124.jpg)
¿Cómo supo lo del nombramiento?
Ladaria Ferrer: Fue un hecho sorprendente. No había pensado nunca en este destino. Y no sólo yo, visto que los periódicos no mencionaron nunca mi nombre… Hasta que el 24 de junio por la tarde me comunicaron que la Santa Sede pensaba darme este cargo. Por mi parte expuse mi situación de ánimo ante esta perspectiva e hice presente que me remitía a la decisión del Santo Padre.
¿Ha tenido, como jesuita, que pedirle primero permiso al prepósito general?
Ladaria Ferrer: Sí, los jesuitas hacemos un voto que nos impide recibir cargos episcopales si no es por obediencia. Y el prepósito general me dijo que debía aceptar la voluntad del Papa.
Adolfo Nicolás, desde enero prepósito general, es español como usted. ¿Lo conoce bien?
Ladaria Ferrer: Había oído hablar de él, lo conocía de nombre, pero no personalmente. Lo vi por primera vez el día de su elección, el 20 de enero. Luego fui a visitarle por la cuestión de mi nombramiento.
Otro conocido jesuita español es Juan Antonio Martínez Camino que, como auxiliar de Madrid, se ha convertido en el primer seguidor de san Ignacio que desarrolla su ministerio episcopal en tierra española. ¿Lo conoce?
Ladaria Ferrer: Sí. Fue alumno mío, así que lo conozco bien. Somos buenos amigos.
Usted vive en Roma prácticamente desde 1979. ¿Qué opina de la España de hoy? ¿Se reconoce en ella?
Ladaria Ferrer: No cabe duda de que España ha cambiado mucho, en el ámbito político, religioso, cultural, económico. He de decir, sin embargo, que cuando vuelvo a mi país para descansar no me ocupo de grandes cuestiones doctrinales o políticas. Veo a mi familia, mis amigos, reencuentro mi ambiente, y mi ambiente de siempre no lo encuentro muy cambiado.
Recientemente su superior, el cardenal Levada, presente en España para pronunciar una conferencia, levantó un grito de dolor ante las medidas anunciadas por el gobierno de Zapatero respecto a la ampliación del derecho de aborto…
Ladaria Ferrer: Efectivamente, con respecto a los temas éticos asistimos en España a una deriva preocupante.
Además de los libros de teología, ¿tiene hobbies?
Ladaria Ferrer: Me gusta oír música. Clásica, preferiblemente. Johann Sebastian Bach en especial, pero sin despreciar a los demás.
¿Pasiones deportivas?
Ladaria Ferrer: No, sigo un poco los grandes acontecimientos, pero desde lejos.
El 10 de septiembre el Papa le recibió en audiencia, junto al cardenal Levada, en Castelgandolfo. Fue su primera audiencia con el Papa como secretario de la Congregación. ¿Qué puede decirnos al respecto?
Ladaria Ferrer: Fue una hermosa experiencia. El Santo Padre, como siempre, fue muy acogedor y amable.
¿Cuáles son las cuestiones principales que ha de afrontar la Congregación?
Ladaria Ferrer: Puedo decir que nuestra Congregación se ocupa de promover y tutelar la fe católica. Primero promover y luego, si es necesario, tutelar. Pero no puedo entrar en detalles. Nuestra Congregación se mueve siempre con discreción y habla exclusivamente por medio de sus documentos.
Ladaria substituye al salesiano Angelo Amato, que fue promovido prefecto de la Congregación para las Causas de los santos, quien a su vez había substituido a otro hijo de don Bosco, el entonces arzobispo Tarcisio Bertone, que como cardenal secretario de Estado consagró obispo a Ladaria el pasado 26 de julio en la Basílica de San Juan de Letrán.
30Días ha entrevistado al nuevo secretario, en el Palacio del Santo Oficio, a su regreso de vacaciones, que pasó por lo general en su país natal. Cuando le señalo que no está muy moreno, monseñor Ladaria me responde sonriendo: «Depende de que me gusta mucho el mar, pero mucho menos el sol…». Antes de comenzar la entrevista, Ladaria, hablando de sus orígenes, nos dice que, aunque su familia está establecida desde hace generaciones en las Baleares, quizá sus antepasados procedían del antiguo Reino de Nápoles, y más exactamente del golfo de Policastro. Pero aquí terminan los cumplidos y comienzan las preguntas.
![Benedicto XVI recibe en audiencia
a monseñor Ladaria Ferrer en Castelgandolfo, el 10 de septiembre de 2008 [© Osservatore Romano]](/upload/articoli_immagini_interne/1224683398093.jpg)
Benedicto XVI recibe en audiencia a monseñor Ladaria Ferrer en Castelgandolfo, el 10 de septiembre de 2008 [© Osservatore Romano]
Luis Francisco Ladaria Ferrer: Quizás “elegir” no es la palabra correcta. No fui yo quien eligió, sino que vi un camino ante mí y me encaminé. Un camino, el de la vocación, que empecé a verlo cuando iba al Colegio de los jesuitas de Palma de Mallorca y luego durante los estudios de Jurisprudencia en Madrid. Estudiaba Derecho pero me daba cuenta de que no era eso lo que deseaba. Quería ser sacerdote y la Compañía de Jesús, que conocía, me gustaba. Así que era un camino abierto ante mí que emprendí casi con naturalidad.
¿Su familia era muy religiosa?
Ladaria Ferrer: Bastante.
¿Hubo alguna figura de sacerdote que le impresionó especialmente?
Ladaria Ferrer: Por supuesto, tengo ante mí los rostros de los padres del Colegio donde estudié, el antiguo Colegio de Monte Sión, fundado en 1561; pero en general fue todo el ambiente, el aire que se respiraba, lo que me llevó a dedicarme completamente al Señor.
Usted emitió los votos religiosos en 1968. ¿Qué recuerdos conserva de aquel año, tan turbulento por lo menos fuera de España?
Ladaria Ferrer: También en España fue un año turbulento. Pero yo emití los votos tranquilamente, sin fijarme mucho en las agitaciones. Me gustaba estudiar y estudiaba.
¿No ha sentido nunca la fascinación del 68?
Ladaria Ferrer: Quizás todos hemos estado algo condicionados por el 68, pero en mi caso no de manera especial.
¿Quienes han sido sus maestros?
Ladaria Ferrer:Me agrada recordar a algunos. En Frankfurt, Alemania, donde estudié Teología, tuve como profesores al padre Grillmeier, que luego sería creado cardenal, que era un gran estudioso de Dogmática; al padre Otto Semmelroth y al padre Herman Josef Sieben, en los comienzos de su carrera académica, que más tarde se convertiría en uno de los mayores expertos del mundo en la idea conciliar. En Roma hice la tesis de doctorado con el padre Antonio Orbe, gran patrólogo, y tuve como profesores a los padres Juan Alfaro y Zoltan Alszeghy.
¿No se encontró nunca con el profesor Ratzinger durante sus estudios en Alemania?
Ladaria Ferrer: No personalmente. Pero conocía sus escritos. Sobre todo la Introducción al cristianismo que era su obra más conocida, pero también su libro sobre el pueblo de Dios. Recuerdo que en nuestra facultad circulaban apuntes de las clases del entonces profesor Ratzinger.
¿Cuándo conoció personalmente al actual Pontífice?
Ladaria Ferrer: En 1992, cuando me nombraron miembro de la Comisión teológica internacional. Recuerdo con agrado las detalladas discusiones que se hacían sobre el tema de las relaciones entre el cristianismo y las otras religiones. Las intervenciones del cardenal Ratzinger eran siempre muy exactas y profundas y el nivel del debate era siempre muy alto. El trabajo de esta Comisión es muy interesante tanto por los temas que se tratan, siempre de gran importancia, como por el horizonte internacional, y católico, que se respira.
¿Tuvo usted algún papel en la redacción de la Dominus Iesus?
Ladaria Ferrer: No.
Su tesis de doctorado en la Gregoriana versaba sobre san Hilario de Poitiers. ¿Por qué esta decisión y qué le fascinaba de este santo?
¿Cuál es la actualidad de san Hilario?
Ladaria Ferrer: No debemos afanarnos en buscar la actualidad en los Padres de la Iglesia. Debemos leerlos y gustarlos para podernos acercar mejor a la frescura del mensaje evangélico, a Jesús, y esto es un valor permanente más que algo ligado a la actualidad, que por su naturaleza es mudable, cambia de minuto en minuto. Los Padres de la Iglesia son un manantial que brota en una época más cercana a la apostólica. Es esto lo que hace que sean siempre actuales.
El padre Orbe era experto en san Ireneo y en gnosticismo…
Ladaria Ferrer: Efectivamente era uno de los mayores expertos sobre el tema. Escribió muchos libros sobre estos temas, y en verdad a menudo complicados, porque la materia es difícil.
Usted fue durante muchos años profesor de la Gregoriana y también vicerrector. ¿Qué ha aprendido en todos esos años?
Ladaria Ferrer: El hecho de que fuera vicerrector durante ocho años no es muy importante. Lo importante es la enseñanza, la dirección de las tesis. La Gregoriana me ha enseñado a vivir en un ambiente internacional, con estudiantes procedentes de más de cien países, de diferentes lenguas, razas y culturas. Todos unidos por el amor al estudio, pero sobre todo al Señor y a su Iglesia. En una verdadera Universidad no solo los estudiantes aprenden de los profesores, sino que sucede también al contrario. Y yo he aprendido mucho de mis estudiantes.
Cuando se hizo público su nombramiento, John Allen jr del National Catholic Reporter recogió algunas opiniones de sus colegas sobre usted. Unos le definen cortés y afable…
Ladaria Ferrer: Trato de serlo, pero son los demás los que deben decir si lo consigo…
Otros dicen que es conservador moderado y teológicamente centrista. ¿Se reconoce en estas definiciones?
Ladaria Ferrer: He de decir que no me gustan los extremismos, ni los progresistas ni los tradicionalistas. Creo que hay un camino en el medio, que es el que sigue la mayoría de los profesores de teología aquí en Roma y en la Iglesia en general, que me parece el camino justo que hay que seguir, aunque cada uno de nosotros tiene sus peculiaridades, porque, gracias a Dios, no nos repetimos.
En el mundo tradicionalista no cayó bien su nombramiento. En España el teólogo don José María Iraburu acusa su obra Teología del pecado original y de la gracia de no estar conforme con la doctrina de la Iglesia, mientras que el periódico Sì sì No no llega a decir que su libro Antropología teológica «está completamente fuera de la tradición dogmática católica». ¿Le preocupan estas opiniones?
Ladaria Ferrer: Cada uno es libre de criticar y de dar las opiniones que quiera. Me pregunta si estoy preocupado, he de decirle que estas opiniones no me preocupan demasiado. Además, si me han nombrado para ese cargo, he de suponer que mis obras no merecen esas críticas.
Usted tuvo cierta notoriedad cuando la Comisión teológica publicó el documento sobre la salvación de los niños muertos antes del bautismo. Con dicho documento, ¿pone el magisterio definitivamente de patitas en la calle al Limbo?
Ladaria Ferrer: La Comisión teológica internacional no tiene el poder de poner de patitas en la calle a nada ni a nadie. Aunque no está formada por teólogos privados sino nombrados por el Papa, sus conclusiones no tienen valor magisterial. El susodicho documento reafirma que la doctrina del Limbo, que durante siglos fue mayoritaria y dominante en la reflexión teológica, no ha sido nunca definida dogmáticamente y por tanto nunca ha formado parte del magisterio infalible. Y que de todos modos quien quiera seguir hablando del Limbo no por ello se coloca fuera de la Iglesia católica. Dicho esto, sin embargo, la Comisión teológica, considerando el conjunto de los datos revelados, en particular la voluntad salvífica universal de Dios y la mediación universal de Cristo, ha escrito que hay caminos más apropiados para afrontar la cuestión del destino de los niños muertos sin haber recibido el bautismo, para los cuales no puede excluirse la esperanza de salvación. En verdad, estas conclusiones no son nuevas, nacieron por la época del Concilio, pero recogen los frutos de un consenso teológico muy amplio hoy.
¿Qué efecto le hace ser el primer jesuita que desempeña este cargo?
Ladaria Ferrer: He de decir que no me he planteado esta cuestión. Aunque es verdad que, al parecer, ningún jesuita lo ha desempeñado nunca. No sé si el Santo Padre me ha elegido por ser jesuita.
![Monseñor Ladaria Ferrer [© Osservatore Romano]](/upload/articoli_immagini_interne/1224683398124.jpg)
Monseñor Ladaria Ferrer [© Osservatore Romano]
Ladaria Ferrer: Fue un hecho sorprendente. No había pensado nunca en este destino. Y no sólo yo, visto que los periódicos no mencionaron nunca mi nombre… Hasta que el 24 de junio por la tarde me comunicaron que la Santa Sede pensaba darme este cargo. Por mi parte expuse mi situación de ánimo ante esta perspectiva e hice presente que me remitía a la decisión del Santo Padre.
¿Ha tenido, como jesuita, que pedirle primero permiso al prepósito general?
Ladaria Ferrer: Sí, los jesuitas hacemos un voto que nos impide recibir cargos episcopales si no es por obediencia. Y el prepósito general me dijo que debía aceptar la voluntad del Papa.
Adolfo Nicolás, desde enero prepósito general, es español como usted. ¿Lo conoce bien?
Ladaria Ferrer: Había oído hablar de él, lo conocía de nombre, pero no personalmente. Lo vi por primera vez el día de su elección, el 20 de enero. Luego fui a visitarle por la cuestión de mi nombramiento.
Otro conocido jesuita español es Juan Antonio Martínez Camino que, como auxiliar de Madrid, se ha convertido en el primer seguidor de san Ignacio que desarrolla su ministerio episcopal en tierra española. ¿Lo conoce?
Ladaria Ferrer: Sí. Fue alumno mío, así que lo conozco bien. Somos buenos amigos.
Usted vive en Roma prácticamente desde 1979. ¿Qué opina de la España de hoy? ¿Se reconoce en ella?
Ladaria Ferrer: No cabe duda de que España ha cambiado mucho, en el ámbito político, religioso, cultural, económico. He de decir, sin embargo, que cuando vuelvo a mi país para descansar no me ocupo de grandes cuestiones doctrinales o políticas. Veo a mi familia, mis amigos, reencuentro mi ambiente, y mi ambiente de siempre no lo encuentro muy cambiado.
Recientemente su superior, el cardenal Levada, presente en España para pronunciar una conferencia, levantó un grito de dolor ante las medidas anunciadas por el gobierno de Zapatero respecto a la ampliación del derecho de aborto…
Ladaria Ferrer: Efectivamente, con respecto a los temas éticos asistimos en España a una deriva preocupante.
Además de los libros de teología, ¿tiene hobbies?
Ladaria Ferrer: Me gusta oír música. Clásica, preferiblemente. Johann Sebastian Bach en especial, pero sin despreciar a los demás.
¿Pasiones deportivas?
Ladaria Ferrer: No, sigo un poco los grandes acontecimientos, pero desde lejos.
El 10 de septiembre el Papa le recibió en audiencia, junto al cardenal Levada, en Castelgandolfo. Fue su primera audiencia con el Papa como secretario de la Congregación. ¿Qué puede decirnos al respecto?
Ladaria Ferrer: Fue una hermosa experiencia. El Santo Padre, como siempre, fue muy acogedor y amable.
¿Cuáles son las cuestiones principales que ha de afrontar la Congregación?
Ladaria Ferrer: Puedo decir que nuestra Congregación se ocupa de promover y tutelar la fe católica. Primero promover y luego, si es necesario, tutelar. Pero no puedo entrar en detalles. Nuestra Congregación se mueve siempre con discreción y habla exclusivamente por medio de sus documentos.