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DIÁLOGO
Sacado del n. 02/03 - 2008

Si todo se pone en manos de Dios también el diálogo es más fácil


«Una posibilidad de arreglo, sobre la que se está trabajando, es afirmar que todo queda en el ámbito de la esperanza escatológica y que es necesario relacionar la expresión de la oración con algo más cercano al sentido que puede tener en el famoso pasaje de la Carta a los Romanos en el que san Pablo se expresa sobre la salvación de Israel. Donde la “plenitud de la redención” se posterga al final de los tiempos, es decir, se confía al plano misterioso de los designios inescrutables de Dios. Y realmente de nadie más». Entrevista con Riccardo Di Segni, rabino jefe de la comunidad judía de Roma


Entrevista a Ricardo Di Segni por Giovanni Cubeddu


Riccardo Di Segni, rabino jefe de la comunidad judía de Roma

Riccardo Di Segni, rabino jefe de la comunidad judía de Roma

¿Cuándo recomenzará el diálogo interrumpido unilateralmente con motivo de la nueva oración del Viernes Santo para los judíos?
RICCARDO DI SEGNI: Interrupción… Estamos haciendo una pausa de reflexión, es decir, estamos reflexionando juntos, que es distinto.
Sin duda alguna querrá usted aclarar las razones del desacuerdo.
DI SEGNI: El elemento más inquietante de este asunto no es ya la oración como tal, sino su presentación medida sobre el recorrido histórico llevado a cabo y aún en proceso. Es decir, el recorrido de la relación del mundo cristiano con los judíos, marcado en los siglos pasados por varias formas de hostilidades, y por una incomprensión de fondo: desde sus orígenes el cristianismo que nace del judaísmo se pregunta por qué los judíos, de cuyo seno nace Jesús, no lo aceptaron como Dios y Salvador. Esta es la incomprensión que nace entonces y que siempre ha marcado de alguna manera nuestras relaciones. Y más de una vez, de manera dramática.
Pero se ha hecho camino.
DI SEGNI: En el momento en el que judíos y cristianos empiezan a hablarse, la primera petición de los judíos es que no se discutan estos problemas: es decir, no pueden ustedes pedirnos que resolvamos este punto.
Sigue en pie, en cambio, la petición de la conversión de ustedes.
DI SEGNI: En el momento en el que reconociéramos a Jesucristo dejaríamos de ser judíos. Esto lo consideran ustedes de manera diferente, porque, para ustedes, de este modo los judíos coronaríamos, completaríamos, idealizaríamos nuestro recorrido judío. Esta es la visión de ustedes, la nuestra es completamente distinta. Sobre estos temas no hay espacio para la discusión porque inevitablemente terminaríamos… ante todo en la inutilidad sustancial, por lo menos desde nuestro punto de vista. Y se levantarían barreras, en vez de hablar. Hemos de dialogar, sí, pero por cien motivos distintos de este. El discurso que subyace en la oración del Viernes Santo no es un tema cualquiera, sino una especie de sombra, de histórica angustia que los judíos arrastramos.
Desde luego no se puede negar que la Iglesia católica haya mostrado una sensibilidad nueva en estos últimos decenios…
DI SEGNI: …hasta el punto de que el elemento simbólico de la hostilidad sobre estos aspectos, es decir, la oración del Viernes Santo, ha venido variándose, desmantelándose, y hoy en todas las iglesias, en las lenguas locales, se pide que los judíos, por un lado, mantengan fidelidad a su propia Alianza, y por el otro que tengan la «plenitud de la redención». Es decir, que reconozcan a Jesús. En términos judíos, sin embargo, con esa fórmula existe la posibilidad de un equívoco, dado que también para nosotros, aunque con significado distinto, existe la oración «plenitud de redención», Geullà Shlemà… La cuestión por lo menos ha quedado en el equívoco. No satisfactoria, pero por lo menos diplomáticamente aceptable.
El texto latino propuesto para enmendar el Misal Romano preconciliar, ¿es inaceptable?
DI SEGNI: Lo que en estos días nos ha turbado es que saliéndose de un camino recorrido juntos, que manifestaba una toma de conciencia de la sensibilidad judía y la necesidad de eliminar de la agenda de nuestras discusiones lo que supone un estorbo, se haya vuelto a temas discutibles. Y frente a esto nos preguntamos: «Pero entonces… ¿qué sentido tiene nuestro diálogo?». No estamos cerrando la puerta del diálogo, estamos diciendo: «¿Qué estamos haciendo los judíos?». ¿Es posible que cada vez que un cristiano y un judío se encuentran, con todas las cosas que deberían hacer juntos, se plantee esto –es decir, nuestra conversión– como primer tema? ¿Es posible que la única vez al año en que la Iglesia reza por los judíos ha de plantearse este problema? ¿Qué pintamos los judíos en este diálogo? Pienso que es una pregunta legítima. El incidente actual, que espero que pueda quedar resuelto pronto, podría ser benéfico si ha servido para que todos reflexionemos.
Y entonces podrá retomarse el camino.
DI SEGNI: Nosotros, que tenemos en común la visión bíblica, con respecto al resto del mundo, que no la tiene, hemos de estar dispuestos a dialogar –cito aquí al gran rabino Joseph Soloveitchik– sobre temas como «la paz y la guerra, los valores morales del hombre, la amenaza de la secularización» –yo no diría amenaza, sino más bien confrontación con la visión laica–, «tecnología y valores humanos, derechos civiles, etcétera». Tenemos bastantes, creo yo. Si pensamos solo en el debate político en Italia, una visión religiosa fundada en valores bíblicos tendría mucho que decir.
Así pues, si la confrontación judío-cristiana se expresa en el plano práctico es fácil, lo es mucho menos si se traslada al plano de la fe o de la esperanza escatológica.
DI SEGNI: Mire, si nuestra conversación tuviera lugar, realmente, en el terreno de la esperanza escatológica, es decir, del final de los tiempos, aún podríamos estar de acuerdo. Ustedes esperan lo que desean y los judíos también. El problema nace cuando alguien quiere traer aquí abajo este final de los tiempos, hic et nunc. Ojalá estuviera en juego solo una esperanza escatológica…
Esta anticipación de los tiempos va acompañada del riesgo de la instrumentalización del hecho religioso.
DI SEGNI: Este es el riesgo de las dinámicas de nuestras religiones. Que son mesiánicas. Cristianismo y recorrido de renovación. Veo de todos modos por parte de los cristianos gran interés por el hebraísmo moderno. Un ejemplo: el rito de la cena judía pascual. He visto que en varias parroquias romanas circulan los formularios sobre nuestra Pesach, que se asume y celebra en la liturgia pascual de ustedes. Y he oído también que sobre esta práctica circulan por parte católica advertencias alarmadas… Más en general, muchos grupos cristianos, católicos y evangélicos, se caracterizan precisamente por asumir temas fundamentalmente judíos, pero todo se realiza amoldando el signo a la imagen cristiana. El resultado es un extraño producto, desde el punto de vista litúrgico, de la confrontación judío-cristiana…
¿Y qué piensa usted de estas prácticas?
DI SEGNI: Es una pregunta que me hacen con frecuencia. Si los judíos tuviéramos que llegar a reclamar por esas “apropiaciones”, entonces deberíamos empezar por la misa, que era y es la cena judía pascual, cambiada en su estilo y significado… Pero en la búsqueda de su identidad es casi natural que un cristiano sienta la fascinación del judaísmo. Recibo numerosas cartas de cristianos y sacerdotes: hay quienes se declaran extasiados por el judaísmo, y quienes siguen sin entender por qué motivo el judaísmo no ha de fundirse con el cristianismo, visto que son la misma cosa… Es una fascinación totalmente especial.
¿Un episodio?
DI SEGNI: Un día una monja y algunas discípulas y amigas suyas vinieron a pedirme permiso para asistir al rito en la sinagoga. Por supuesto les dije que sí, de modo que un sábado por la mañana se presentaron en el templo. El servicio del sábado por la mañana comienza a las 8,30. La sinagoga se va llenando poco a poco, la gente va llegando. Aquella vez había muchos niños de las escuelas, por lo que todo era muy ruidoso y alegre. El servicio terminó a las 11 e inmediatamente después el grupo vino a saludarme diciendo: «Esta mañana nos ha parecido estar en las faldas del monte Sinaí». Todo eso no hubiera sido posible antes…

Di Segni toma una antigua estampa que tiene colgada en la pared de su oficina de rabino. Es la reproducción de un edicto de 1625 –firmado por el vicario de Roma, Giovanni Garzia Millini, creado cardenal en 1606, el once de septiembre– con el que se castigaba, con una «multa de veinte escudos», al judío que dejara entrar en las sinagogas a cristianos.

DI SEGNI: Si los cristianos querían entrar en la sinagoga la culpa se les echaba a los judíos, que eran multados con veinte escudos. Es un documento espectacular. Le hago una fotocopia… [se ríe, n. de la r.]. Por lo menos en lo que respecta a la curiosidad no hay nada nuevo.
Proclamar la suspensión del diálogo con la Iglesia católica implica el valor y la disponibilidad de someterse a las críticas, ¿no?
DI SEGNI: El nuestro no ha sido un gesto extremo. Hemos pedido una pausa de reflexión. Para preguntarnos qué sentido tiene este diálogo.
Como indicaba usted antes, el primer campo de confrontación hebraico-cristiana es “la paz y la guerra”. Sobre este punto, ¿no cree usted que más que por los asuntos teológicos los judíos son juzgados por la política de Israel con los palestinos?
DI SEGNI: Por las decisiones políticas de Israel los judíos italianos nos sentimos juzgados perennemente. Y la oficina rabínica de Roma es un observatorio excepcional. Llegan no solo cartas de rechazo… Algunos nos aconsejan incluso pensar en lo que estamos haciendo «con los Protocolos de los sabios de Sión, porque son verdaderos» y en nuestras culpas por la masacre de los palestinos. Todo va junto, en una única línea perversa.
¿De qué manera propondría allanar la incomprensión con la Santa Sede sobre la oración pro iudaeis?
DI SEGNI: Una posibilidad de arreglo, sobre la que se está trabajando, es afirmar que todo siga en el ámbito de la esperanza escatológica y que es necesario aplicar la expresión de la oración a algo más cercano al sentido que puede tener en el famoso pasaje de la Carta a los Romanos en el que san Pablo se expresa sobre la salvación de Israel. Donde la «plenitud de la redención» se coloca al final de los tiempos, es decir, se confía al plano misterioso de los designios inescrutables de Dios. Y realmente de nadie más. Para nosotros el diálogo no tiene como finalidad convertir al interlocutor.
<I>Moisés salvado de las aguas</I>

Moisés salvado de las aguas

Volvemos así al punto crucial…
DI SEGNI: …que es un tema fundamental de la Dominus Iesus.
Mire, se entiende “misión” como “testimonio” de la verdad a la que uno se adhiere en conciencia, adhesión que ninguno de los interlocutores puede eludir, por honestidad y por coherencia con su propia fe; como mucho se podría incluso digerir la expresión de que el diálogo es “misión”… Pero habría que explicar bien su significado. Y de todos modos seguiría existiendo el gran riesgo de que la gente no comprenda y lo malinterprete. Si la primera misión, en el respeto de nuestras identidades, es un testimonio personal que nos permita hablar entre nosotros libremente, por lo que somos, tratando ante todo de acercarnos más a Dios, es decir, convertirnos primero a nosotros mismos, quizá podría también ser aceptable. Pero la conversión hay que entenderla en el sentido literal judío de teshuvà , que significa “respuesta y regreso”, no “tránsito a otro lugar”. Si se leyeran las fuentes atribuyendo este significado a la conversión-teshuvà sería todo muy distinto.
Según usted, la Iglesia a nivel popular ¿piensa de manera diferente?
DI SEGNI: A juzgar por las cartas que me llegan existe la convicción de que «los cristianos hemos de presentaros a Cristo y hacer que ustedes los hebreos lo reconozcan». No sé si es comprensible a nivel popular otra idea de “misión” o de “testimonio”. Como decía, habría que explicarla mucho mejor.
Aun teniendo en consideración estas cartas, no son suficientes para afirmar que hoy la Iglesia se concentra en la conversión de los judíos. Las dificultades son otras…
DI SEGNI: En efecto, también este es un tema que quisiera afrontar. Probablemente no era necesario introducir esta modificación a la oración del Viernes Santo pues la realidad de los hechos nos hace ver que la Iglesia de hoy, la que la gente conoce, ya no viene a llamar a tu puerta… Esta modificación despierta solo realidades marginales.
Y que se rece o no pro iudaeis, perder de vista a Jesús es más un riesgo para la Iglesia que para el judaísmo.
DI SEGNI: Sí, y nosotros quisiéramos quedarnos fuera de las cuestiones propias de la Iglesia católica de hoy.
Pero si la ocasión de esta discusión sirve para hacer entender que, mientras se advierte la necesidad de reencontrar las propias raíces, se reconoce que se vive en un momento de confusión, entonces esta crisis es positiva.


(Gracias a Gianmario Pagano)


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