Siena, una obra maestra anterior a Duccio
Cuando la exposición sobre Duccio di Buoninsegna abra sus puertas en octubre, una de las etapas más importantes será la cripta descubierta hace dos años y restaurada para la ocasión. Habla Luciano Bellosi
por Giuseppe Frangi

La fachada de la Catedral de Siena
En realidad, el recorrido ideal comenzará precisamente aquí. «Efectivamente», explica Bellosi, «estas pinturas pueden fecharse en torno a 1270 y representan una especie de victoria contra los que afirmaban que la pintura mural había entrado en la historia del arte senés sólo con Simone Martini. En aquella época Duccio, con poco más de veinte años, estaba probablemente en el taller de Cimabue en Florencia, pero es probable que conservara en sus ojos el color encendido de estas pinturas». El ciclo narra las escenas de la vida de Cristo. Hay un Descanso en la huida a Egipto pintado en un pilar, con referencias al detalle, citado por los evangelios apócrifos, de la palma que se inclina sobre los fugitivos para darles sombra. Hay dos escenas de la Pasión, una Crucifixión y un Entierro de Jesús, y se trata de las dos escenas en mejores condiciones; mientras que los dos recuadros de la Resurrección, con las mujeres piadosas en el sepulcro y el Noli me tangere, tienen su parte superior cortada por las obras de pavimentación de la Catedral. Las imágenes se desenvuelven con solemnidad, con esas figuras esbeltas, de tamaño natural y colocadas con gran sabiduría. «Se trata de uno de esos artistas anteriores a Duccio, cuyo conocimiento profundizará la exposición de octubre. Los nombres más acreditados son los de Dietisalvi di Speme, Guido di Graziano y Rinaldo di Siena», explica Bellosi. El candidato principal es Dietisalvi di Speme, la figura más completa entre los pintores anteriores a Duccio. Los documentos dicen que trabajó entre 1259 y 1288, y le atribuyen con seguridad cuatro tablas pintadas: se trata de las famosas Biccherne, las portadas de los registros en los que la magistratura encargada de las oficinas de hacienda escribía los presupuestos de Siena. Dietisalvi, dicen los documentos, pintó 29 de estas tablas, pero sólo cuatro han llegado hasta nuestros días.

detalle de la Crucifixión de Jesús, pintura de la cripta hallada en 2001 debajo del altar de la Catedral
Bellosi ha estudiado las pinturas de la cripta comparándolas con las contemporáneas Biccherne. Gracias a la comparación no sólo ha reducido la lista de los probables autores, sino que sobre todo ha fijado la característica clave de la pintura senesa: el sentido del color. «En las pinturas de la cripta el frescor de los pigmentos es excepcional; la oscuridad y el hecho de haber permanecido durante tantos siglos encerradas han conservado de manera sorprendente los colores. La cripta, en efecto, no fue en la práctica utilizada. Quizás la habían ideado como ingreso a la Catedral desde la ciudad. Pero luego se cambió totalmente el proyecto».
En torno, mientras tanto, como hemos visto, las cosas cambiaban rápidamente. En 1287 Duccio recibía el encargo de la vidriera de la Catedral. Contemporáneo de este trabajo es la pequeña Maestà de Berna, otra obra que se podrá ver en la exposición. Donde veremos también el excepcional Tríptico de las colecciones de la reina de Inglaterra, la obra más hermosa de Duccio, Maestà aparte. Con la madurez de Duccio, el arte senés despega. «La originalidad y la elegancia son las primeras características que indican una grandeza acabada. El velo blanco debajo del manto de la Virgen en el Tríptico es un detalle que causa maravilla», explica Bellosi. Pero si tuviéramos que trazar un perfil del Duccio hombre y artista, ¿qué nos tendríamos que imaginar? Bellosi sugiere dos categorías no exclusivamente artísticas: «Para mí la belleza de Duccio se basa en la seriedad y en la convicción. Vio con sus ojos el poder de la revolución de Giotto, la asimiló a su manera sin reservas mentales, pero tuvo la fuerza de seguir siendo el mismo. Proyectó en la intensidad de los colores, como en esos tonos rojos de vino tinto y oscuros, su propio estupor por lo real. Pero nunca perdió el sentido del equilibrio. La profundidad del trazo no fue nunca en perjuicio de la elegancia».
Este es pues Duccio. Un grande cuya historia humana y artística hoy podemos seguir, paso a paso. Imaginándolo asombrado a los pies de esas pinturas de la cripta de la Catedral, deslumbrantes de colores que hoy surgen de nuevo tal y como las vieron sus ojos.