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AMÉRICA LATINA
Sacado del n. 09 - 2003

OBISPOS. Entrevista al nuevo presidente del Celam

La opción por los pobres sigue siendo prioritaria, pero…


Habla el cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, arzobispo de Santiago de Chile. La situación de la Iglesia latinoamericana, la crisis económica y social del continente y el cambio político en Argentina y Brasil


por Gianni Cardinale


Francisco Javier Errázuriz Ossa, en el centro de la foto, durante los trabajos de la XXIX Asamblea ordinaria del Consejo episcopal latinoamericano (Celam) que se celebró del 13 al 16 de mayo en Paraguay

Francisco Javier Errázuriz Ossa, en el centro de la foto, durante los trabajos de la XXIX Asamblea ordinaria del Consejo episcopal latinoamericano (Celam) que se celebró del 13 al 16 de mayo en Paraguay

Del 13 al 16 de mayo se celebró en Paraguay la XXIX Asamblea ordinaria del Consejo episcopal latinoamericano (Celam). Participaron unos sesenta prelados en representación de los episcopados del centro y del sur de América. Con la ocasión fueron elegidas las nuevas jerarquías de este importante organismo eclesial. Como presidente del Celam para el cuadrienio 2003-2007 fue elegido el cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, de 69 años, de los Padres de Schönstatt, arzobispo de Santiago de Chile. El primer vicepresidente es el mexicano Carlos Aguiar Retes, de 53 años, obispo de Texcoco; el segundo vicepresidente es el brasileño Geraldo Lyrio Rocha, de 61 años, arzobispo de Vitória da Conquista. Como secretario general fue elegido el dominicano Ramón Benito de la Rosa y Carpio, de 64 años, obispo de Higüey (promovido el 16 de julio arzobispo de Santiago de los Caballeros). El Consejo económico estará presidido por el cardenal colombiano Pedro Rubiano Sáenz, de 71 años, arzobispo de Bogotá.
Participó en las primeras jornadas de esta asamblea del Celam el cardenal Giovanni Battista Re, prefecto de la Congregación para los obispos y presidente de la Comisión pontificia para América Latina.
La nueva presidencia del Celam vino a Roma a finales de junio y el sábado 28 por la mañana fue recibida en audiencia por el Papa. 30Días aprovechó esta vista para entrevistar al cardenal Errázuriz Ossa sobre la situación en América Latina.

Eminencia, ¿cómo ve la situación de la Iglesia latinoamericana desde ese observatorio privilegiado que es la presidencia del Celam?
FRANCISCO JAVIER ERRÁZURIZ OSSA: Las semillas del Evangelio sembradas con la primera evangelización siguen dando sus frutos. El substrato católico de nuestra cultura es una realidad viva. Los fenómenos de secularización no se dan con la misma profundidad ni caminan con la misma rapidez que en otros lugares. Incluso los sociólogos se quedan sorprendidos de la fe en Dios de la inmensa mayoría de la población, de la religiosidad popular y sus expresiones propias, de la devoción a la Virgen María, de la admiración por la figura del Papa, que se dan en América Latina. Un fenómeno que da ánimos es el del crecimiento y multiplicación de los movimientos eclesiales, y la presencia evangelizadora de los diáconos permanentes, que desempeñan su preciosa actividad sobre todo en realidades en las que escasean sacerdotes y falta ese aflujo de religiosos y religiosas, por ejemplo de Italia, en otros tiempos muy significativo. De todos modos, se trabaja mucho en la formación de catequistas cualificados, uno de los voluntariados más frecuentes entre nosotros, en la pastoral juvenil y en la pastoral vocacional, pero en este terreno es obvio que debemos ponernos en manos del Señor. En las celebraciones litúrgicas vibra la fe y el corazón de las comunidades cristianas.
Estos son los aspectos positivos. Y, ¿los más problemáticos?
ERRÁZURIZ OSSA: Para fortalecer la raíz cristiana de nuestros pueblos se puede hacer más, y se está haciendo, a fin de que todo el trabajo pastoral de la Iglesia lleve a un encuentro con Jesucristo vivo, evitando una catequesis que tenga sólo contenidos intelectuales, incapaz de transformar la vida y de despertar la solidaridad. Además, trabajamos mucho para que la Iglesia sea un verdadero sacramento de comunión y reconciliación. El reciente pasado ha dejado muchas heridas en nuestros países y en nuestras realidades eclesiales. La Iglesia debe ayudar a curarlas y ha de hacerlo primero dentro de ella, para ser realmente un modelo y un instrumento de reconciliación.
Como hicieron ustedes en Chile con la ceremonia litúrgica de la “Purificación de la memoria”, celebrada durante el Año Santo de 2000…
ERRÁZURIZ OSSA: El episcopado chileno no hizo más que seguir el ejemplo de la petición de perdón hecha por el Papa durante el Gran Jubileo. Hemos reconocido clara y humildemente, tratando de no ofender de nuevo a otras personas, los pecados cometidos por los hijos de la Iglesia en el pasado.
Tanto el gesto pontificio como el del episcopado chileno no suscitaron mucho entusiasmo en algunos sectores eclesiásticos…
ERRÁZURIZ OSSA: Está claro que siempre hay gente que piensa que si la Iglesia reconoce sus culpas del pasado pierde credibilidad. No es verdad. Si la Iglesia quería celebrar con sinceridad la Natividad del Señor frente al pesebre, es un bien que reconociera que había hecho muchas cosas que no estaban de acuerdo con la Buena Nueva que nos trajo el Señor. Haciendo esto la Iglesia no ha disminuido su credibilidad, sino que la ha aumentado.
Eminencia, ¿cómo ve la situación social en el continente?
ERRÁZURIZ OSSA: En las últimas décadas, por desgracia, los problemas sociales se han agudizado. En muchos países ha aumentado la pobreza y también la miseria. Se nota asimismo una falta de confianza en el servicio público, sobre todo en los jóvenes, entre otras cosas por el descrédito que tienen los partidos políticos, lo que, además, ha provocado situaciones ingobernables en bastantes países del continente. Es verdad que tenemos muchos laicos comprometidos, muchos de ellos con una buena formación, pero faltan personalidades de gran estatura moral y religiosa que puedan desempeñar una función de liderazgo y de guía moral y política ante las jóvenes generaciones.
¿Se debe esta situación crítica a problemas internos o las responsabilidades hay que buscarlas también fuera?
Pobreza en las calles de Santa Fe, Argentina

Pobreza en las calles de Santa Fe, Argentina

ERRÁZURIZ OSSA: A los dos factores. Un gran número de constructores de la sociedad careció de cursos de ética profesional, y cuando pierden credibilidad por no ejercer bien sus responsabilidades, no reaccionan a tiempo. Por otra parte, faltan los medios para impulsar un rápido desarrollo productivo y humano. Algunos países no los tienen porque el pago de la deuda externa los agobia. Pero ¿dónde ha ido a parar todo el dinero de los préstamos? Por desgracia, muchas veces ese río de dinero ha financiado la corrupción y no el desarrollo económico. Así tenemos naciones al borde de la bancarrota en las que viven personajes riquísimos gracias a los capitales embolsados inmoralmente.
Estas son las causas internas, ¿Y las externas?
ERRÁZURIZ OSSA: La globalización de la economía, tal y como ha sido realizada, ha determinado el hecho de que los países y las poblaciones más pobres queden al margen del desarrollo. La globalización es un hecho inevitable, pero no es inevitable que baje el nivel de vida de los pueblos menos ricos. Depende del modelo de globalización que se aplique. Es posible y se debe esperar que se dé efectivamente una globalización de la solidaridad en la que los criterios no sean sólo los económicos-financieros, sino que encuentre también espacio el respeto de la dignidad de los subdesarrollados económicamente.
Entre las causas del empobrecimiento del continente se cita también la política “neoliberal” dominante en la última década…
ERRÁZURIZ OSSA: Tomemos el caso de Argentina: dicen que se ha hundido en esta crisis terrible porque ha seguido al pie de la letra la doctrina neoliberal, aplicando las recetas que le prescribieron los organismos internacionales. Por desgracia, este sistema “neoliberal” se ha instalado en medio de una relación de no igualdad entre las varias naciones, con los países más débiles que no pueden eludir las imposiciones de los más poderosos. El problema, en cualquier caso, no concierne sólo al modelo, sino a las personas que lo aplican, su honestidad, su sentido de justicia, su atención por los más débiles y por la dignidad de los pueblos y de sus culturas. En este sentido creo que sólo una pastoral de la santidad, conjugada con una mayor atención por la doctrina social de la Iglesia puede producir cambios. Pero se requieren decenios.
También en ámbito católico se discute sobre el ALCA, el Acuerdo de Libre Comercio que, según Washington, debe unir económicamente el norte y el sur de América. ¿Qué piensa de esta hipótesis?
ERRÁZURIZ OSSA: Han sido los obispos canadienses los que nos han dicho que tengamos mucho cuidado con este Acuerdo. Hicieron un estudio sobre las consecuencias negativas del Tratado de Libre Comercio entre EE UU, Canadá y México.
Y, sin embargo, hace poco Chile se adhirió al TLC.
ERRÁZURIZ OSSA: Chile busca relaciones de asociación política y económica con varios grupos de países; ya sea con los asiáticos, con la Unión Europea o con los Estados Unidos. Lo importante es que estos acuerdos se hagan posiblemente junto con los demás países latinoamericanos, de modo que su fuerza de negociación sea mayor.
Hace poco Argentina y Brasil eligieron nuevos presidentes, que han suscitado muchas esperanzas sobre todo en las clases menos acomodadas de estos dos importantes países. ¿Cómo valora estas experiencias?
ERRÁZURIZ OSSA: Para poder dar una opinión hay que esperar un poco. Se trata de elecciones de hace unos meses, como la de Lula en Brasil, o de pocas semanas como la Kirchner en Argentina. Es comprensible que al principio los nuevos presidentes deben hacer algo para complacer a los partidos y a las partes sociales que los han apoyado. La situación en Argentina es especialmente difícil y es de verdad muy pronto para hacer evaluaciones. Gracias a Dios la elección ha hecho que resucite la esperanza. Por otro parte, está claro que Brasil tiene una posición natural de liderazgo en América Latina, madurada con la presidencia de Cardoso. Creo que Lula puede mantener este liderazgo.
Eminencia, hablemos del Celam. En la Asamblea de mayo se hicieron cambios en la estructura. ¿Se ha eliminado un poco de burocracia?
ERRÁZURIZ OSSA: No me gusta la palabra burocracia: no es justo usar este término hablando del Celam. Los directivos de este organismo son elegidos cada cuatro años y cada vez se da un cambio profundo. En mayo, las personas que obtuvieron un segundo mandato fueron sólo tres. En Bogotá, además, solamente son nueve los sacerdotes que trabajan a tiempo completo para impulsar los ochenta proyectos que nos fueron encomendados por las conferencias episcopales de América Latina. También ellos son nuevos. ¿Cómo hablar de burocracia? El Celam tiene una estructura mucho más ligera que la de otros muchos organismos eclesiales. Dicho esto, es verdad que la Asamblea simplificó aún más la estructura del Celam.
En la reunión de mayo el cardenal Giovanni Battista Re afirmó que la preocupación del obispo «será siempre el anuncio del Evangelio, pero también debe ayudar a la promoción humana y al bien de todos». A veces se le acusa a la Iglesia latinoamericana de tender demasiado al compromiso civil…
ERRÁZURIZ OSSA: Según los tiempos y las circunstancias, a veces se da más valor a algunos aspectos de la vida cristiana. Está claro que cuando hay sacerdotes que todos los días constatan situaciones de gran pobreza, se puede tener la tentación de un compromiso más bien unilateral en sentido social. Esto sucedió parcialmente después de la Conferencia general del Celam celebrada en 1968 en Medellín. También la teología de la liberación nació de la constatación de las enormes injusticias presentes en nuestro continente. Hoy, en cambio, se da importancia también a otros aspectos de la fe cristiana, como por ejemplo la lectio divina que se ha difundido casi como una novedad, aunque los monjes la practicaron siempre. También casi todos los nuevos movimientos eclesiales tienen en el centro de su carisma la escuela de santidad y de comunión. Está claro, sin embargo, que no deben perder la perspectiva social.
¿No se corre el peligro de tener una Iglesia espiritualizante que no se ocupa de las cuestiones sociales?
ERRÁZURIZ OSSA: Es casi imposible que suceda. Puede ser que un grupo, una comunidad, aun una diócesis durante cierto tiempo privilegie solamente la formación espiritual de sus miembros, pero ella será el punto de partida de todo el compromiso cristiano, y es casi imposible vivir sin ver el drama de los pobres que nos rodea. Y no se puede olvidar cuál fue la actitud del Señor con los pobres, las viudas y los enfermos.
En ese sentido, ¿de qué modo conservan su actualidad la teología de la liberación y la opción preferencial?
ERRÁZURIZ OSSA: La opción preferencial por los pobres sigue siendo absolutamente una prioridad en toda la Iglesia latinoamericana. Es diferente la cuestión de la teología de la liberación que, aun partiendo de exigencias justas, ha ofrecido una visión parcial y reducida del mensaje evangélico, incluso mediante una selección arbitraria de los libros de la Sagrada Escritura. Tampoco es lícito estudiar la palabra de Dios solamente desde una perspectiva, la de los pobres, socio-económica, guardando silencio sobre la opción preferencial de Jesús por los pobres de espíritu, con los cuales construyó su Iglesia. Si bien con frecuencia son dos opciones coincidentes, no siempre es así. A veces sucede que quien es pobre desde el punto de vista material no es pobre de espíritu. Muchos fariseos procedían de sectores pobres de la población.
Se acerca el 50 aniversario de la fundación del Celam. ¿Está prevista una nueva Conferencia general?
ERRÁZURIZ OSSA: Los presidentes de las Conferencias episcopales latinoamericanas le han pedido al Papa que con motivo de los cincuenta años del Celam se celebre una Conferencia general. Sería la quinta después de las de Río de Janeiro de 1955, de Medellín de 1968, de Puebla de 1979 y de Santo Domingo de 1992. Aún no se ha tomado ninguna decisión definitiva, pero nos han dicho que el Papa ve positivamente esta solicitud. Nuestro deseo es que en esta nueva Conferencia, que podría celebrarse en Quito en 2006, participe personalmente el Papa. Y para facilitar su presencia la Conferencia podría celebrarse también en Roma.
El semanario católico británico The Tablet en su artículo sobre la Asamblea del Celam de mayo habló de un clima más sereno y menos conflictivo que en el pasado…
ERRÁZURIZ OSSA: No he estado presente en todas las asambleas recientes así que no tengo una experiencia directa al respecto. De todos modos, es verdad que ahora los obispos se reúnen más a menudo y crece entre ellos la amistad y la comunión. Por lo demás, si las reuniones de los obispos no son escuelas de comunión, ¿qué utilidad pueden tener para el bien de la Iglesia?
La Comisión pontificia para América Latina dedicó gran parte de su última asamblea plenaria, celebrada el pasado marzo en Roma, al problema de las sectas. ¿Se trata de un fenómeno muy preocupante para la Iglesia?
ERRÁZURIZ OSSA: Sí y no. Es menos preocupante de lo que se temía. Hasta hace poco se pensaba que en poco tiempo Brasil se iba a convertir en un país con mayoría pentecostal. Y esto no ha sucedido. Así y todo, el fenómeno es preocupante. Es verdad que los miembros de las sectas han aumentado notablemente. Sin contar además que en ciertos países algunos grupos y sectas desarrollan su proselitismo con agresividad contra la Iglesia y sin ningún espíritu ecuménico. Para la Iglesia, el crecimiento de estos grupos implica el desafío de llegar con entrañas de misericordia y ardor misionero, con la Biblia y con la imagen de María en la mano, a tanta gente que se ha alejado de ella, deseosa de encontrar el apoyo fraterno de cristianos, y con mucha sed de comunión y de Evangelio.
¿Vislumbra detrás de esta expansión un plan de hegemonía estadounidense o piensa que no existe este tipo de implicación?
ERRÁZURIZ OSSA: Efectivamente, a veces se nota una multiplicación extraordinaria de misiones y de predicadores que vienen de los Estados Unidos sin que existan tantos fieles. Pero ahora hay también realidades plenamente autóctonas.
Otro aspecto delicado de América Latina concierne la situación de las poblaciones indígenas…
ERRÁZURIZ OSSA: Hoy estas poblaciones tienen un conciencia de su propia identidad más fuerte que en el pasado, y, además, en el mundo cultural se tiende a tener un respeto mayor por las minorías. En cualquier caso, dentro del mundo indio hay tendencias distintas. Hay grupos indígenas, como por ejemplo los mexicanos, que quieren recuperar sus tradiciones sin renegar de la fe cristiana. En otras zonas, en cambio, hay grupos que quieren volver al paganismo precolombino. Creo que para evitar esta involución es importante recuperar la figura del indio Juan Diego, a quien el Papa canonizó en México hace un año.
Usted pertenece al instituto secular de los Padres de Schönstatt –ha sido su superior general– y ha desempeñado un papel en la Conferencia Latinoamericana de Religiosos (CLAR). Además desde diciembre de 1990 a septiembre de 1996 fue llamado a Roma como secretario de la Congregación para los religiosos. En el pasado no faltaron momentos de tensión entre la CLAR y la Santa Sede. ¿Cómo ve hoy la situación?

ERRÁZURIZ OSSA: Efectivamente me llamaron a Roma en el momento de mayor tensión entre la CLAR de una parte y el Celam y el Vaticano de la otra. En 1992 se celebró la asamblea plenaria más difícil de la historia de la CLAR, y la Santa Sede tuvo que intervenir porque se estaba llevando a cabo un intento de autonomía que rompía la comunión, como también la tendencia a reducir la riqueza de los carismas únicamente a la inserción de las pequeñas comunidades en los medios populares, excluyendo, por ejemplo, su presencia en las escuelas y en los hospitales. Hoy por suerte las cosas han cambiado. La CLAR reconoce la pluralidad de los carismas que son suscitados por la “fantasía” del Señor. La CLAR impulsa valiosas iniciativas, pero siguen existiendo problemas, aunque nada comparable con la situación de hace doce años.



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