IGLESIA. El nuevo presidente de la Conferencia episcopal
La colegialidad no es homologación
Entrevista a Geraldo Majella Agnelo, arzobispo de São Salvador de Bahía: «Todo obispo tiene la responsabilidad personal de su diócesis. La colegialidad no es un peso, sino una ayuda que se le ofrece a cada obispo para hacer frente a problemas comunes. Espero que en la CNBB se conserve este rasgo distintivo»
por Gianni Valente

El cardenal Geraldo Majella Agnelo
La asamblea eligió al cardenal Geraldo Majella Agnelo, arzobispo de São Salvador de Bahía, para guiar en los próximos años al episcopado más numeroso del mundo, en el país con el número más alto de fieles católicos del mundo.
Sesenta y nueve años, natural del Estado de Minas Gerais, con el nombre de bautismo que es, como se usa en Brasil, el nombre y apellido del santo protector de las madres canonizado por Pío X, dom Geraldo Majella estudió y fue ordenado sacerdote en São Paulo. A finales de los años sesenta terminó su cursus studiorum en Roma, consiguiendo el doctorado en Teología litúrgica por la Universidad pontificia San Anselmo. Después volvió a Brasil. En mayo de 1978 Pablo VI lo nombró obispo de Toledo y en el 82 Juan Pablo II lo promovió a arzobispo de Londrina. Desde el 91 al 99 vivió un largo paréntesis vaticano como secretario de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, antes de suceder al cardenal Lucas Moreira Neves como arzobispo de la sede primada de la Iglesia brasileña y ser creado cardenal en el consistorio del 21 de febrero de 2001.
También dom Geraldo Majella pertenece a esa nouvelle vague de cardenales latinoamericanos, distintos por temperamento y por sensibilidad eclesial, que parecen haber digerido la radicalización de los conflictos entre “conciliares” y reformadores que marcó el escenario eclesial latinoamericano de los últimos decenios. Él mismo reconoce que «se agotó el esquema según el cual la doctrina y la gran disciplina moral son patrimonio de los de “derechas”, mientras que basta una alusión o una intervención sobre cuestiones sociales para ser considerados de “izquierdas”».
Eminencia, ha sido usted elegido presidente de los obispos brasileños mientras se está llevando a cabo una “reforma” de la Conferencia episcopal brasileña (CNBB).
GERALDO MAJELLA AGNELO: El año pasado se hizo la reforma de los estatutos de la Conferencia episcopal. Las nuevas normas se han aplicado por primera vez durante los trabajos de la asamblea de mayo, que estableció las líneas directrices para la acción pastoral de los próximos cuatro años renovando la composición de todas las comisiones pastorales.
¿Cuáles son los cambios concretos que se han introducido en la estructura y en las actividades de la CNBB?
AGNELO: La composición de cada una de las diez comisiones pastorales ha visto un aumento del número de los obispos entre sus miembros. Esta consolidación del componente episcopal quiere dar más cohesión y un apoyo más amplio al trabajo de los organismos. Además, la presidencia de la Conferencia debe presidir no sólo la asamblea general, sino todas las reuniones de cada comisión, que anteriormente podían reunirse y tomar decisiones de manera autónoma. Además, en cada reunión de las comisiones está prevista la presencia de un miembro de la comisión doctrinal, presidida por Walmor Azevedo de Oliveira. Un biblista con el que estoy en contacto, visto que es también el obispo auxiliar de São Salvador de Bahía. También está prevista la institución de comisiones extraordinarias, formadas ad hoc, por un tiempo determinado, como la que se ocupa de Amazonas, encabezada por Jayme Menrique Chemello (presidente saliente de la CNBB), que tenía mucho interés en este proyecto.
¿Ha recibido críticas esta reforma que parece basarse en una mayor centralización de las estructuras?
AGNELO: La reforma quiere seguir las directrices de la Santa Sede, expresadas en la carta apostólica Apostolos suos, sobre la naturaleza teológica y jurídica de las Conferencias episcopales, publicada en 1998. Yo fui el presidente de la comisión para la reforma de los estatutos. Los trabajos de este organismo fueron rápidos y sin demasiados problemas. Quizás es uno de los motivos por los que pensaron en mí para presidente…
Y, sin embargo, se hacen críticas al exceso de estructuras burocráticas de la Iglesia brasileña. Algunos han hablado de una “CNBB encorsetada”. ¿No corre esta reforma el peligro de acentuar este aspecto?
AGNELO: Hay que tener siempre presente que la Iglesia brasileña cuenta con más de trescientos obispos ordinarios… Cuando nació, en el 52, en una época en que cada obispo iba por su cuenta, la Conferencia episcopal brasileña era una novedad. Los “padres fundadores”, como el cardenal Carlos Carmelo de Vasconcellos Motta y monseñor Hélder Câmara, se inspiraron en lo que se movía entonces a su alrededor. Les impresionaba el modo con que los laicos de Acción católica llevaban a cabo su misión teniendo presente el mundo, las expectativas y los contextos reales que vivían sus contemporáneos. Los obispos trataron de favorecer también en la acción episcopal esa apertura hacia la realidad concreta, siguiendo el método “ver, juzgar, actuar” en el que se inspiraba la Acción católica. Para mí no ha vuelto a haber en la Iglesia un movimiento como la Acción católica creada por Pío XI. Mi primer cargo fue el de asistente de la Acción católica juvenil… Y por lo que me concierne, trataré de seguir por este camino.
Cuando aumentan las tareas y crecen las estructuras de las Conferencias episcopales, parece quedar en la sombra el papel individual del obispo, aniquilado por los mecanismos colectivos de las asambleas…
AGNELO: Es obvio que cada obispo tiene la responsabilidad personal de su diócesis. La colegialidad no es un peso, sino una posibilidad de ayuda que se le ofrece a cada obispo para hacer frente a problemas comunes. Espero que en la CNBB se conserve este rasgo distintivo que marca toda su historia.
Los detractores de siempre acusan a la CNBB de ser el instrumento de homologación usado por los “nostálgicos” de la Teología de la Liberación para imponer a toda la Iglesia brasileña sus orientaciones pastorales.
AGNELO: No veo ninguna homologación en la CNBB. Hay posturas y sensibilidades distintas. Se vio también en la última asamblea, donde ninguno de los presidentes de comisión fue elegido en el primer turno y se discutió mucho sobre cada nombramiento…
¿Y las relaciones con Roma? Los discursos que el Papa dirigió a los obispos brasileños durante su vista ad limina se han interpretado como admoniciones a un episcopado algo rebelde.

El presidente brasileño Luiz Inácio “Lula” da Silva durante su visita a la Asamblea de los obispos brasileños celebrada en Itaici el 1 de mayo de 2003
Su asamblea de primeros de mayo tuvo un huésped importante: el presidente Lula.
AGNELO: La jerarquía del episcopado brasileño ha mantenido siempre abiertos los canales institucionales con los gobiernos, incluso durante los años difíciles en que el poder estaba en manos de los militares. Pero es la primera vez que un presidente interviene personalmente en una asamblea episcopal.
¿Lo cual confirma una relación particular de Lula con la Iglesia brasileña?
AGNELO: Diría que sí. Y confirma también el carácter desenvuelto y extrovertido del presidente… Ese día, después de la cena, recordó los comienzos de su actividad política, las luchas obreras en su ciudad de San Bernardo, cuando las reuniones de los trabajadores en huelga se podían hacer sólo en las iglesias. Luego expuso las grandes líneas de su programa, tanto en política exterior como nacional. Por último, una representación de diez obispos le hizo algunas preguntas sobre cuestiones y problemas particulares, como la reforma agraria, o la política de los grandes centros urbanos. Casi tres horas de conversación…
Muchos, incluido el ex presidente Cardoso, dicen que en pocos meses el presidente sindicalista se ha sometido a la ortodoxia liberal. ¿Cuál es su juicio provisional sobre los primeros meses de gobierno?
AGNELO: La situación no es fácil. Un ejecutivo que hubiera decidido unilateralmente, por ejemplo, no pagar la deuda externa, como sugerían algunos, habría dado prueba de tener una visión política irreal y peligrosa. Hay que tener en cuenta los factores globales que nos condicionan. La política no es cosa de magia. Hay que pensar gradualmente en los objetivos que se pueden alcanzar; Lula no me parece un aventurero. Y para mí esto es una señal positiva.
Usted al principio era más cauteloso.
AGNELO: Al principio dudaba sobre todo de su capacidad para gobernar su partido, donde las diferencias son muy fuertes. En el PT hay católicos, gente de izquierdas, pequeñas minorías marxistas y trotskistas… Pero en estos meses Lula ha dado la impresión de interesarse por todos lo segmentos de la sociedad. Hay que prever, como es natural, un descenso relativo del consenso. Quien vive en condiciones de pobreza extrema no tiene tiempo de esperar, sueña con el cambio inmediato.
¿Y la Santa Sede? ¿Qué actitud ha notado hacia Lula durante sus encuentros en la Curia romana?
AGNELO: Tiene crédito, despierta simpatía. Lula es un trabajador, un hombre sencillo, que quiere cambiar sin prometer subversiones utopistas. Todo ello favorece una curiosidad bien predispuesta para con él.
¿Qué papel tiene el gobierno de Lula en el cambio político que ha marcado gran parte de las recientes elecciones en América Latina?
AGNELO: Si las cosas funcionan en Brasil, hay posibilidades de que el efecto dominó se transmita también a los países vecinos que en los últimos meses han cambiado sus líderes políticos, como Argentina y Ecuador. Y Lula puede ejercer un influjo saludable y moderado también en situaciones difíciles como la de Venezuela, dando buenos consejos a Chávez.
Se ha dicho que con Lula ganó la “línea” eclesial brasileña. Ahora, después de seis meses de gobierno, ¿qué perspectivas tiene la relación entre la Iglesia y el nuevo gobierno? ¿Se acabó la “luna de miel”?
AGNELO: No ha habido ninguna luna de miel… La Iglesia ha mantenido una independencia total respecto al gobierno. Antes el emperador nombraba a los obispos, pagaba a los sacerdotes, pero con la proclamación de la República en 1889 se estableció una separación clara entre la Iglesia y el Estado. No tenemos ni siquiera un concordato…
Y, sin embargo, muchos estrechos colaboradores de Lula proceden de ambientes católicos, como Gilberto de Carvalho. E incluso el viejo lema de la Acción católica “ver, juzgar, actuar”, que usted recordaba antes, ha aparecido en muchos documentos y declaraciones programáticos del Partido de los Trabajadores.
AGNELO: En el PT hay muchos militantes católicos, pero no es el “partido de la Iglesia”. La tradición de distinción e independencia institucional es un bien precioso que hay que tutelar, frente al hecho de que en todo el mundo corrientes y grupos religiosos intentan conquistar y darle un carácter confesional a los Estados y gobiernos, por intereses de poder corporativos.
Al respecto, en Brasil muchas sectas evangélicas se mueven como lobbies políticos a la caza de posiciones de poder. Frente a su militancia agresiva, ¿no le penaliza a la Iglesia su separación del Estado?
AGNELO: La distinción es un buen antídoto contra toda tentación integrista y triunfalista. Pero puede crear problemas en los campos donde la Iglesia desempeña una obra social que se compenetra con las competencias públicas del Estado.
¿A qué se refiere?
AGNELO: Los gobiernos cambian, mientras que los funcionarios de la administración estatal son más estables. Y en esos ambientes, a veces, puede darse cierta hostilidad contra la Iglesia…
¿Se refiere a alguna situación concreta?
AGNELO: Por ejemplo, me parece que algunos sectores de la burocracia estatal, con tal de defender sus privilegios y no pagar su parte en la reforma de las pensiones, tienen por objetivo cortar los fondos para la asistencia social, también para debilitar las iniciativas sociales y educativas de la Iglesia, y fomentar tensiones entre la Iglesia y el gobierno. Las escuelas y las obras de asistencia relacionadas con la Iglesia, que son subvencionadas también con fondos destinados al sector filantrópico y no lucrativo, corren el riesgo de recibir presiones. Se habla también de suspender las exenciones de impuestos que tienen las empresas de utilidad social.
¿Tiene alguna petición que dirigir al Estado para hacer frente a estos problemas?
AGNELO: Entre el Estado y la Iglesia hay que tutelar y favorecer una relación de colaboración, manteniendo siempre la distinción. Las obras educativas y asistenciales ligadas a la Iglesia garantizan una red de protección social, sobre todo en las zonas más pobres donde la acción asistencial del Estado llega con dificultad. Por ejemplo, los estudiantes y los alumnos que van a las escuelas católicas de todos los grados son casi un millón y medio, y de estos casi un tercio goza de contribuciones y becas, sin pesar en la economía de sus familias. Respecto a la asistencia social, las últimas estadísticas disponibles, relativas a 1999, documentan que en ese año las instituciones ligadas a la Iglesia garantizaron casi 175 millones en ayudas a los sectores más pobres, distribuyendo géneros alimentarios, medicinas, ropa, material de construcción. Es verdad que en Brasil la Iglesia está reconocida como entidad de derecho público, pero esta formulación es algo abstracta. Quizá sería útil reglamentar esta materia con acuerdos de tipo jurídico. Ya he hablado de ello en el Vaticano. Veremos qué pasa.