Historia de una atormentada causa
El postulador de la causa de beatificación recorre las etapas que han llevado a Rosmini a los altares
por Claudio Massimiliano Papa

Vista de la abadía benedictina Sagrada de San Miguel, en Val di Susa, que se entregó a los rosminianos en 1836
Especialmente Lorenzo Gastaldi, arzobispo de Turín, no solo aprueba la iniciativa, sino que ofrece consejos y apoyo. En una carta al padre general Luigi Lanzoni le dice: «Debería sin dilación presentar su petición a la curia de Novara para que se dé comienzo al proceso…».
El mismo prelado incita a los padres rosminianos, dirigiéndole al obispo de Novara una carta en la que dice que está seguro de que aceptará «la petición justísima de estos excelentes padres, a cuya oración añado la mía», y declarándose dispuesto a ofrecer a la causa toda la ayuda posible, termina diciendo: «Tratándose de cooperar por la gloria de uno de los personajes que más han iluminado a la Iglesia y al clero en este siglo».
El 22 de abril de 1882 el padre Paoli le pide al obispo de Trento permiso para recoger en su diócesis testimonios extrajudiciales sobre las virtudes del siervo de Dios, con la intención de abrir el proceso informativo. La recogida comenzó, pero el proceso no se abrió: al padre Lanzoni no le pareció prudente comenzar «la gran causa de beatificación» en aquel momento, habiendo sabido que el Santo Oficio examinaba las obras de Rosmini.
Precisamente por esta noticia, a comienzos de 1882 el padre Lanzoni había dirigido al papa León XIII la siguiente petición: «… Por gracia pido que se me comuniquen (si fueran ciertas las noticias) por los medios que V. S. considerara más convenientes, las proposiciones que pudiera haber imputadas en las citadas obras, con el fin de aclarar las oscuridades, es decir, disipar las objeciones que pudieran quizá ofender la sana doctrina de la Iglesia y de la Sede apostólica». En los dos años siguientes Paoli continúa con su imparable trabajo, escribiendo la segunda parte de la vida de Antonio Rosmini-Serbati, con el título Delle sue virtù.
En esta, además de demostrar con la ayuda de los hechos las virtudes heroicas practicadas por él, añade unos trescientos testimonios sobre sus virtudes y santidades, dados por personas del mundo eclesiástico y laico que lo conocieron. Aunque el material que probaba la santidad de su vida había llegado a ser notable, los superiores de la Institución religiosa pensaron que era mejor olvidarse de la petición de comienzo del proceso de beatificación, también debido a la Post obitum de 1887, que veía en cuarenta proposiciones sacadas de las obras de Rosmini posibles errores doctrinales. La eventual petición de apertura del proceso de beatificación queda, pues, arrinconada temporalmente. No se volvió a hablar de ella durante cuarenta años.
Será en 1928 cuando el padre general Balsari considerará que ha llegado la ocasión propicia para intentar comenzar la causa de beatificación de Antonio Rosmini. Además de las curaciones milagrosas que se manifestaron precisamente en aquel año, que son el motivo principal, consideradas pruebas sobrenaturales de la santidad de su vida, en aquel año caía también el primer centenario de la fundación del Instituto de la Caridad y trabajar por Rosmini significaba también darle un balón de oxígeno a la vida renqueante de un “Instituto” que había estado humillado hasta entonces porque había sido fundado por un hombre aún no comprendido. Además estaba la necesidad de no perder los pocos testimonios de visu aún existentes y de asegurar los de auditu.
Lo animaron a dar el paso no solo las palabras del Papa, sino también la opinión del cardenal Gamba, arzobispo de Turín, y de monseñor Mariani, secretario de la Sagrada Congregación de los Ritos. La petición a los obispos de Novara y Trento tuvo éxito. De la Sagrada Congregación de los Ritos consigue sin dificultad el 13 de enero el poder para el padre Giuseppe Sannicolò y para dos vicepostuladores, con el nihil obstat emitido por la Cancillería de la misma Congregación y firmado por el substituto monseñor Di Fava. Según los cánones 2038 y 2939, entonces vigentes, los obispos podían, iure proprio, dar comienzo al proceso informativo sobre la fama de santidad y el proceso de non cultu. Mientras el obispo de Trento lo tiene en cuenta, crea el Tribunal y celebra la primera sesión, el de Novara escribe una carta el 6 de enero de 1928 al secretario de Estado, cardenal Gasparri, para pedirle información. No siendo de su competencia, monseñor Gasparri le entrega la carta al procurador general de la fe, monseñor Salotti. Tras hacer sus consideraciones sobre el caso Rosmini, éste responde al obispo de Novara desaconsejándole la introducción de la causa de beatificación para no «despertar antiguas polémicas, encender discusiones todo menos que oportunas y útiles, y despertar en el clero y los laicos las divisiones que la caridad y la prudencia aconsejar evitar».
El 5 de febrero siguiente el padre Balsari, respaldado por estos testimonios, le escribe al Papa una larga carta, en parte informativa y en parte de súplica, para pedir la apertura del proceso en la diócesis de Novara y la continuación en la de Trento, donde ya ha comenzado. Pero todo queda ahí.
Posteriormente se hicieron otros intentos para introducir la causa. En la historia del Instituto de la Caridad, a excepción de Lanzoni, que es el padre general de la obediencia humilde y silenciosa al Post obitum, todos los demás nunca desistieron de intentar de nuevo introducir la causa de beatificación de su fundador.

Una foto de época de la Colina Rosmini con el santuario donde está enterrado el abad roveretano y donde se halla el Colegio que lleva su nombre
En tiempos del papa Juan XXIII, el entonces general, causa de Rosmini con el propósito declarado de interesarse por la misma nada más terminara el Concilio y quiere que la de Rosmini sea una causa histórica y no doctrinal. El nuevo clima anima a moverse y el 17 de septiembre del 62 arranca la petición para conseguir el nihil obstat de la Sagrada Congregación de los Ritos, pero la esperanza de estar por fin cerca del objetivo vuelve a quedar defraudada de nuevo por la muerte del Papa en junio de 1963.
Mientras tanto, los padres conciliares están discutiendo los problemas ligados a la liturgia, y al procurador general le parece bien mandarle de regalo al cardenal Larraona el libro de las Cinco plagas, relacionado con esos temas. Con el regalo alude a las razones histórico-políticas por las que fue colocado en el Índice, esperando que «a su debido tiempo pueda ser eximido de la prohibición».
En marzo de 1965 se retoman los contactos para enviar la causa de Rosmini. En un encuentro con el cardenal Ottaviani, Secretario de la Congregación del Santo Oficio, al padre general se le dice: «Que empiecen enseguida. Que preparen todas las objeciones y adjunten ya respuestas, de manera que cuando llegue a nosotros el proceso, esté todo listo para una buena solución. Hay que buscar a gente muy capaz».
A mediados de diciembre del 65 comienza su andadura la Súplica, entregada por medio de monseñor Angelo Dell’Acqua, para conseguir la aprobación del Papa a la apertura del proceso. Hacia noviembre del 66 el rosminiano padre Bolla, procurador del Instituto de la Caridad, recuerda al cardenal Larraona que todavía no hay ninguna respuesta, mientras que el padre general, en su encuentro con monseñor Angelo Dell’Acqua, portavoz de la petición, le interroga sobre el retraso y obtiene como respuesta que «son cosas que hay que pensar bien», y la sugerencia de pedir audiencia al Santo Padre. De allí a poco, sin embargo, le da a entender que es mejor renunciar. Las nuevas esperanzas, alimentadas por las voces favorables, se apagan como las anteriores, y las razones del silencio siguen siendo vagas.
En el Archivo generalicio rosminiano existen documentos sobre los primeros meses de 1971 que demuestran la intención de volver a poner en movimiento la causa de beatificación de Rosmini. Del 19 de mayo es una Relación sobre el problema de las “cuarenta proposiciones”, presentada a monseñor Giuseppe Del Ton, secretario de las Cartas latinas (Secretaría de Estado), y del día siguiente una carta del mismo monseñor Del Ton con una Memoria adjunta, enviada al cardenal Franjo Seper, prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, en la que pide el nihil obstat. También del 20 de mayo es una Petición al Papa por parte del padre general. Del 9 de junio es la respuesta del cardenal Seper a monseñor Del Ton, para informarle de que «este Dicasterio no expide en la fase preventiva ningún nihil obstat de ese tipo; por consiguiente esta Sagrada Congregación se reserva tratar con la mayor imparcialidad la cuestión de la eventual beatificación en palabra en cuanto llegue una petición oficial por parte de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos».
A finales del verano del 71 se reanudan los contactos informales en una nueva tentativa. Monseñor Del Ton y el cardenal Nasalli Rocca di Corneliano le reafirman al padre rosminiano Clemente Riva que el ambiente vaticano es favorable, incluido el Papa. De monseñor Frutaz, subsecretario de la Congregación para las Causas de los Santos, el padre recibe consignas precisas sobre el camino a seguir. Se necesitan: la Súplica al Papa por parte del padre general en nombre del Instituto, de amigos y estudiosos de Rosmini, poniendo de relieve la figura y la utilidad actual de la vida santa y del pensamiento rosminiano, el Perfil de su vida y virtudes, la alusión explícita a las “cuarenta proposiciones”, el nihil obstat y un ponente (un cardenal o el propio superior general) que le presente al Papa la petición con todo el material.
El 24 de mayo de 1972 se le entrega una Súplica al Santo Padre, mediante monseñor Pasquale Macchi. La firman el padre Francesco Berra, procurador del Instituto, y el padre Clemente Riva, vicario del padre general. A finales de mayo monseñor Macchi notifica la entrega de la Súplica con documentación adjunta. Para ello la Congregación para la Doctrina de la Fe se dirige al estigmatino padre Cornelio Fabro (18 de noviembre del 72) y al rosminiano Clemente Riva (7 de diciembre del 73) para recibir su parecer sobre la cuestión rosminiana.

El obispo de Novara, Renato Corti (segundo por la izquierda) y el padre Claudio Massimiliano Papa (segundo por la derecha), postulador de la causa de beatificación, durante la conferencia de prensa de presentación de la ceremonia de beatificación de Rosmini
La Congregación para la Doctrina de la Fe, tras examinar el caso, no da ningún juicio negativo, pero, como le refiere a monseñor Riva monseñor Hamer, secretario de la Congregación, se decide por el non expedit nunc por la disparidad de opiniones de los consultores. Invita además a los estudiosos a estudiar más profundamente a Rosmini, para encontrar una interpretación que permita levantarle la censura.
Hay en esta respuesta un problema serio: ¿puede ser y estar condenado un autor cuando la propia “suprema autoridad” duda de que ese mismo autor pueda tener razón? ¿Y que pueda haber una interpretación favorable hacia él? Estas dudas atenazarán a los estudiosos y seguidores de Rosmini.
Basándose en nuevas investigaciones el padre general Giovanni Zantedeschi con fecha 5 de junio de 1990 envía a la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe la documentación sobre los «nuevos elementos de valoración para establecer la posición exacta de Antonio Rosmini en relación con las “cuarenta proposiciones” condenadas en el decreto Post obitum».
El siguiente mes de agosto es nombrado el padre Remo Besseto Belti como experto del Instituto, pues iba a crearse una comisión de estudio que tendrá la tarea de volver a examinar la cuestión rosminiana.
El procedimiento seguido por la Sagrada Congregación es el siguiente: en un primer momento se le dan a conocer al experto rosminiano las dificultades y las reservas sobre el pensamiento de Rosmini con motivo del anterior examen de 1976; sigue su respuesta escrita a esas dificultades e interrogantes; en fin, la convocación de la Comisión de estudio, de la que es miembro el padre Bessero Belti, con la labor de discutir y expresar un parecer.
El resultado del examen es positivo y permite redactar la Declaratio del 19 de febrero de 1994 con el nihil obstat para que «se pueda comenzar la causa de beatificación del siervo de Dios Antonio Rosmini, sacerdote fundador del Instituto de la Caridad y de las Hermanas de la Providencia». El documento añade a pie de página que la «Congregación para la Doctrina de la Fe habrá de ser interpelada de nuevo sobre el juicio doctrinal definitivo sobre el tema».
El 28 de febrero siguiente el superior general se lo comunica a monseñor Renato Corti, obispo de Novara, en cuya diócesis dará comienzo el proceso informativo. El obispo nombra a los tres teólogos y la Comisión histórica para la diócesis de Novara, donde Rosmini vivió y murió, y sugiere otra Comisión también para la diócesis de Trento, donde Rosmini nació y creció. El 10 de marzo del 94 el decreto de nihil obstat se notifica a todos los obispos de la Conferencia episcopal piamontesa.
El 1 de julio de 1997 se crea el Tribunal diocesano para el proceso informativo sobre la fama de santidad del siervo de Dios Antonio Rosmini y yo, religioso rosminiano, soy nombrado nuevo postulador general del Instituto de la Caridad y de las Hermanas de la Providencia. Será vicepostuladora sor Carla Cattoretti, religiosa de las Hermanas de la Providencia, que dejará el cargo en 2001 tras ser elegida superiora general. El 20 de febrero del 98 termina el proceso diocesano y se entrega el Trasunto a la Congregación para las Causas de los Santos. En marzo de 1999 se nombra relator al padre Ambrogio Eszer op, que inmediatamente me convoca, dándome consignas precisas sobre cómo llevar el estudio para componer la Positio.
En la Instrucción redactada por el padre Eszer se indica que entre los capítulos de la bibliografía documental habrá de incluirse como documento las “cuarenta proposiciones” condenadas por el Santo Oficio en 1887, con una introducción que demuestre que las doctrinas condenadas no son del siervo de Dios. Este capítulo será presentado por separado a la Congregación para la Doctrina de la Fe, según lo que establece el excelentísimo arzobispo Alberto Bovone, secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la carta del 19 de enero de 1994 enviada a su excelencia reverendísima monseñor Giovanni Battista Re, sustituto de la Secretaría de Estado.
Para ello el 2 de diciembre de 1999 le entrego al relator el capítulo de la Positio que examina los acontecimientos históricos y las conclusiones teológicas que llevaron al Post obitum. El trabajo, preparado íntegramente pormí, tiende a demostrar que «el sentido de las “proposiciones” condenadas no pertenece en realidad a la auténtica posición del autor».
El 1 de julio de 2001, L’Osservatore Romano publica la Nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre «el valor de los decretos doctrinales con respecto al pensamiento y a las obras del sacerdote Antonio Rosmini Serbati». La nota lleva la firma del entonces prefecto de la Congregación Joseph Ratzinger
El 1 de julio de 2001, en el 146 aniversario de la
muerte del siervo de Dios Antonio Rosmini, L’Osservatore
Romano publica la Nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre el
«sobre el valor de los decretos doctrinales con respecto al
pensamiento y a las obras del sacerdote Antonio Rosmini Serbati». En
la Nota, tras una
investigación histórica y una atenta
contextualización, se declara: «Actualmente se pueden
considerar ya superados los motivos de preocupación y de
dificultades doctrinales y prudenciales, que llevaron a la
promulgación del decreto Post obitum de condena de las "cuarenta proposiciones"
tomadas de las obras de Antonio Rosmini. Y eso se debe a que el sentido de
las proposiciones, como las entendió y condenó el mismo
decreto, no corresponde en realidad a la auténtica posición
de Rosmini, sino a posibles conclusiones de la lectura de sus obras».
El documento lleva la firma del entonces prefecto de la
Congregación, cardenal Joseph Ratzinger. Posteriormente el santo
padre Benedicto XVI autoriza a la Congregación para las Causas de
los Santos, dirigida por el prefecto, el cardenal José Saraiva
Martins, a promulgar con fecha 26 de junio de 2006 el decreto de ejercicio
heroico de las virtudes testimoniadas por Antonio Rosmini, y un año
después, con fecha 1 de junio de 2007, el decreto sobre el milagro
ocurrido por intercesión del venerable Antonio Rosmini.
Hoy por fin, tras todo el trabajo hecho, antes por la diócesis de Novara, a cuyo obispo monseñor Renato Corti y a su curia diocesana expreso mi agradecimiento, y luego por la Congregación para las Causas de los Santos, a la que también expreso mi gratitud, comenzando por el ya citado prefecto, junto con el actual secretario monseñor Michele Di Ruberto, y a todos aquellos que han trabajado para llevar a cabo esta difícil causa, podemos ofrecer al santo padre Benedicto XVI la documentación necesaria para promulgar el decreto de beatificación, que será leído el próximo 18 de noviembre en la diócesis de Novara, como prevén las nuevas normas para los ritos de beatificación.