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CHINA
Sacado del n. 05 - 2007

CHINA. La carta del Papa y el futuro de la Iglesia católica

Elogio de la flexibilidad


«La elección de los obispos de la Iglesia latina le compete a la Santa Sede. Pero en el pasado ésta aceptó acuerdos con Benito Mussolini y Francisco Franco sobre este punto. ¿Por qué no hacer de manera análoga con el gobierno chino?». Entrevista al obispo Aloysius Jin Luxian, el “patriarca” de Shangai


Entrevista con Aloysius Jin Luxian por Gianni Valente


Ahora, cuando se habla con él, se cautela enseguida diciendo que es «un pobre viejo medio sordo». Un hábito de jesuita socarrón para conquistar la complicidad del interlocutor. Todo el mundo sabe que Aloysius Jin Luxian, obispo de Shangai, pese a los achaques, goza de una mente aguda. Y la mirada es la misma de siempre.

El obispo Aloysius Jin Luxian celebrando misa en el santuario de Sheshan, el pasado primero 
de mayo

El obispo Aloysius Jin Luxian celebrando misa en el santuario de Sheshan, el pasado primero de mayo

Mayo es mes de peregrinaciones a la Virgen de Sheshan, el santuario que se encuentra en una colina fuera de Shangai. ¿Qué tal ha ido este año?
ALOYSIUS JIN LUXIAN: Nuestra Señora de Sheshan es el santuario de Shangai desde el siglo XIX, que en los años veinte del siglo pasado se convirtió en santuario nacional. Así que todos los años, a partir de la segunda mitad de abril, empiezan a llegar grupos de peregrinos de todas las partes de China. El año pasado fueron más de 70.000 personas las que hicieron la peregrinación. El primero de mayo es el momento culminante. Ese día hay siempre más de diez mil peregrinos procedentes de todo el país. Este año comenzamos a saludar a la Virgen ya a los pies de la colina. Durante todo el camino hemos rezado, cantado, ofrecido flores. Al llegar a la cima celebré una solemne liturgia eucarística. La basílica puede dar cabida a no más de tres mil fieles. La mayoría de los presentes asistió a la misa quedándose fuera de la iglesia. Había tanta gente que si hubiera llovido la lluvia no habría mojado el suelo.
Hace dos años consagró usted como obispo auxiliar al joven Joseph Xing, que en el futuro debería convertirse en su sucesor. ¿Cómo va el trabajo de Xing?
JIN: Xing fue nombrado por Roma. Hace dos años yo lo consagré obispo auxiliar. Trabaja muy bien. Su responsabilidad principal es el trabajo pastoral en la diócesis. Tenemos 140 iglesias y 150.000 fieles. Al principio abrigamos la esperanza de que los clandestinos lo reconocieran porque había sido nombrado por Roma. Pero la realidad no es tan simple. El obispo clandestino ha perdido la memoria. El representante del Vaticano en Hong Kong ha nombrado un vicario general para la comunidad clandestina. Por tanto, aquí la gente piensa que Roma no espera de verdad dejar que los clandestinos salgan de la clandestinidad.
¿Cuándo le substituirá Xing en el gobierno pastoral de la diócesis?
JIN: Él mismo no quiere que sea inmediata la sucesión, porque es muy joven, la diócesis de Shangai es grande, las situaciones son muy complicadas. Además, según el derecho canónico, Xing es solamente obispo auxiliar y no tiene derecho de sucesión. Por lo que yo también estoy esperando que Roma lo nombre obispo coadjutor y que obtenga la autorización del gobierno. Por lo que a mí respecta, quisiera hacerle sitio mañana mismo. Al fin y al cabo, tengo ya 91 años…
El nombramiento y la consagración de Xing parecía un modelo para toda China: nombrado por la Sede apostólica, votado por los representantes de la diócesis, aprobado por el gobierno. Luego, en 2006, hubo nuevas ordenaciones ilegítimas.
JIN: Espero de verdad que su consagración se convierta en un modelo, para hallar una solución a la cuestión de la ordenación de los obispos. Pero el caso no es tan simple. Un diplomático extranjero me decía que para hacer algo en China hay que tener ante todo paciencia, luego hay que perseverar, y además hay que poner mucha atención en la táctica.
Mientras tanto, en abril, murió Michael Fu Tieshan, obispo en Pekín.
JIN: El obispo Fu Tieshan murió tras una enfermedad que duró más de dos años. Y a pesar de que tuvo la oportunidad, no preparó con tiempo su sucesión. Es una pena. Ahora espero que la Santa Sede y el gobierno chino pongan en marcha buenos contactos para evitar problemas no necesarios.
El santuario de Sheshan, en los alrededores de Shangai, consagrado a la Virgen María, Auxilio de los cristianos

El santuario de Sheshan, en los alrededores de Shangai, consagrado a la Virgen María, Auxilio de los cristianos

Pero ahora todo el mundo espera la carta del Papa a los católicos chinos. Usted, personalmente, ¿qué espera de este documento?
JIN: Los fieles de toda la Iglesia en China están esperando la carta pastoral del Papa, porque es muy importante. No tengo dudas en cuanto al conocimiento del Papa sobre la situación de la Iglesia china, a su amor profundo por China y a su confianza. Creo que la carta será un hito en la historia de la Iglesia en China. Y espero que llegue pronto para la Iglesia en China el “tiempo de después de la carta”.
El misionero Jeroom Heyndrickx ha escrito que la carta pontificia ha de dar una respuesta a una pregunta crucial que está en el aire desde los años ochenta: si los sacerdotes y los fieles de las comunidades “oficiales” y los de las clandestinas pueden celebrar juntos la Eucaristía y los sacramentos.
JIN: He leído el artículo del padre Heyndrickx. Es alguien que comprende China y ama a la Iglesia de China. Espero que también los respectivos funcionarios estudien este artículo y estén de acuerdo con sus consideraciones.
El cardenal Zen espera sobre todo que en la carta haya reglas claras que todos deberán acatar, para evitar que se siga cultivando el equívoco de una Iglesia china “independiente”. ¿También según usted es útil a estas alturas aclarar la cuestión?
JIN: He visto también la intervención del cardenal Zen, que daba noticias sobre el encuentro que la Santa Sede organizó en enero para tratar la cuestión de China. Al final de dicha reunión publicaron un informe muy breve, que era muy bueno y que me ha gustado mucho. Además de esto, se publicaron también otras noticias. Quisiera decir algo al respecto. Primero: fuera de algunas excepciones individuales, todos los católicos de China poseen un espíritu de amor profundo y obediencia perfecta para con la Santa Sede; hablando de Shangai, me atrevo a garantizar que el cien por cien de los fieles obedece absolutamente al Papa. Segundo: en la Iglesia de China no hay una cuestión de independencia y, lo digo de nuevo, los católicos chinos no quieren absolutamente que la Iglesia católica de China se separe del Papa, por el contrario desprecian profundamente a las personas que urden para la separación de la Iglesia en China. Tercero: la cuestión de la ordenación episcopal no es la única que hay que aclarar. Espero que se resuelvan también otras cuestiones. Por mi cuenta, quiero decir que los llamados “ocho puntos” promulgados por la Congregación para la evangelización en 1988 [que prohíben la plena comunión sacramental con los sacerdotes y los obispos registrados en la Asociación patriótica, n. de la r,] ya no son útiles.
También usted aceptó que le ordenaran sin la aprobación explícita de Roma y durante muchos años ha sido considerado un obispo ilegítimo. ¿Qué diferencia hay entre aceptar la ordenación ilegítima en la China de los primeros años ochenta y aceptarla hoy, en 2007?
JIN: Yo llegué a obispo auxiliar en 1985, sin haber obtenido el nombramiento del Papa. Pero las circunstancias de 1985 y las de 2007 son completamente diferentes. En aquel tiempo era imposible ponerse en contacto con Roma. Antes de mi ordenación invité al sacerdote Tang Han de Hong Kong y al padre Murphy de Estados Unidos para que estuvieran presentes en la ceremonia. Vinieron y me confortaron. Sabía que iban a venir, y pensaba que si el Vaticano no estaba de acuerdo habría sido imposible que vinieran.
La comunidad internacional ha aceptado en todas partes –incluso en los países musulmanes y en los comunistas– el hecho de que el nombramiento de los obispos le compete al Papa, y que esto no constituye ningún peligro para la soberanía nacional. ¿Qué es lo que impide que se acepte este principio también en China?
JIN: Los obispos sirven para garantizar la sucesión apostólica y la validez de los sacramentos, y no son los líderes políticos de una potencia extranjera. Espero que también el gobierno chino comprenda esta circunstancia y se llegue a una solución a través del diálogo. En el pasado la Santa Sede firmó tratados con la Italia de Benito Mussolini y la España de Francisco Franco para resolver problemas de este tipo. ¿Por qué ha de ser imposible resolver de manera análoga los mismos problemas con el gobierno chino? Mi opinión es que deben salvaguardarse los principios, mientras que en su aplicación puede darse cierta flexibilidad. Respecto al cristianismo China sufre el condicionamiento de la historia pasada. Con el tiempo ciertos malentendidos pueden superarse.
Rezo del rosario en la “iglesia del sur” (Nantang) dedicada a la Inmaculada Concepción, en Pekín

Rezo del rosario en la “iglesia del sur” (Nantang) dedicada a la Inmaculada Concepción, en Pekín

Según algunos observadores es la jerarquía de la Asociación patriótica la que obstaculiza la normalización de las relaciones entre gobierno, Iglesia china y Santa Sede.
JIN: Quién sabe, quizás algunas personas de la Asociación patriótica no quieren que se establezcan relaciones diplomáticas entre China y el Vaticano porque podrían perder poder. Personalmente pienso que la Asociación patriótica no puede intervenir en las decisiones políticas de China. Bastaría con que algunas personalidades de alto rango político decidieran establecer relaciones con el Vaticano, y la Asociación patriótica ya no tendría la posibilidad de poner obstáculos.
En muchas situaciones del pasado y también hoy en algunos casos la Sede apostólica consiente que los gobiernos civiles participen en la selección de los obispos. ¿Qué modelo podría adaptarse a la situación china?
JIN: La elección de los obispos le compete a la Santa Sede, este principio debe ser afirmado. Pero como el contexto político, histórico y económico varía según los países, la Santa Sede a menudo firma tratados concretos con los respectivos gobiernos. Yo espero siempre que el gobierno chino y el Vaticano firmen un tratado que incluya la cuestión del nombramiento de los obispos. Se podría tomar como ejemplo Vietnam: el Vaticano propone dos candidatos y el gobierno elige uno de estos. Se dice que el Ministerio de Asuntos Exteriores, el Ministerio del Frente unido del Comité central y la Oficina nacional para los Asuntos religiosos han enviado una delegación a visitar al cardenal de Ciudad Ho Chi Minh para comprender mejor con su ayuda la cuestión del nombramiento de los obispos de Vietnam. Pienso que también esto indica de alguna manera la tendencia del futuro.
El problema es que, teniendo en cuenta la historia de los últimos cincuenta años, muchos católicos chinos piensan que la fe auténtica requiere el rechazo de todo tipo de sumisión al poder civil. ¿Qué opina usted de este punto de vista?
JIN: La actitud de la mayoría de los fieles chinos es la siguiente: ante todo, obedecemos a la enseñanza de Jesús, «dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Seguimos también lo que nos enseña el apóstol san Pablo en la carta a los Romanos: «Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas». San Pablo dice también que «los magistrados no son de temer cuando se obra el bien, sino cuando se obra el mal». Para él «es preciso someterse, no sólo por temor al castigo, sino también en conciencia », y hay que «dar a cada cual lo que se debe: a quien impuestos, impuestos; a quien tributo, tributo; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor». Aquí el gobierno del Partido comunista se estableció hace ya sesenta años, y desde entonces es el gobierno efectivo de China. Los hechos de los últimos decenios prueban que el actual es el mejor gobierno de la historia de la China popular. ¿Por que los católicos, que son menos del 1% de la población deberían oponerse al gobierno chino?
Para las autoridades chinas es difícil comprender la verdadera naturaleza sacramental de la Iglesia, y la consideran siempre como una entidad política. Según usted, ¿qué puede ser útil para superar equívocos y reservas?
JIN: El gobierno chino es materialista, porque toma como parámetro el marxismo. Es difícil que el punto de vista del gobierno chino respecto de la religión pueda librarse de este influjo. Los cambios imprevistos en la Europa del este han confirmado las opiniones que el gobierno chino tenía sobre el papel político desempeñado por la Iglesia católica. Creo que la realidad demostrará que el Vaticano no busca ningún objetivo político, y frente a la realidad de los hechos el gobierno chino podrá cambiar su actitud con el Vaticano.
La reconciliación entre las dos comunidades se ha vuelto difícil por dos actitudes psicológicas que las marcan. Los clandestinos a veces se parecen a los “obreros de la primera hora” que se lamentan de que los últimos reciban el mismo sueldo. Los que frecuentan las iglesias abiertas a veces consideran a los clandestinos como “hijos pródigos” que deben reconocer que la decisión que tomaron de una vida de fe vivida fuera del control estatal estaba equivocada. ¿Qué es lo que puede ayudar a la reconciliación?
JIN: La reconciliación y el regreso a la unidad entre comunidades registradas y no registradas hallan grandes dificultades. La actitud con la que los oficiales y los clandestinos esperan la carta pastoral del Papa no es la misma. Nosotros tenemos plena confianza y esperamos la carta pastoral del Papa con relativo optimismo, garantizamos que la aceptaremos con fervor. Los clandestinos no pueden evitar tener algunas preocupaciones, o el temor de ser renegados, temor que se refleja en artículos llenos de encono escritos por algunos sacerdotes de Taiwán. Pienso que son preocupaciones superfluas. Creemos firmemente que la Iglesia es una madre misericordiosa, que la Santa Sede nos tratará con el corazón de un padre misericordioso. Hemos de olvidar la preocupación de ser rechazados.
Una joven entra en la iglesia de la Inmaculada Concepción para oír misa

Una joven entra en la iglesia de la Inmaculada Concepción para oír misa

En China hay jóvenes que se convierten ahora al cristianismo y no saben nada de la historia de la Iglesia china. Vistas las duraderas divisiones, a veces incluso el pasado glorioso de martirio y de testimonio corre el riesgo de convertirse en un peso.
JIN: En China hoy hay muchos jóvenes que se confrontan seriamente con las grandes cuestiones de la vida humana. Han tenido poco contacto con las virtudes de la moralidad antigua. Después de la liberación no se han conservado ni valorizado las virtudes tradicionales. Ahora, en la sociedad del consumismo, donde impera el poder económico, hay jóvenes que se sienten vacíos en el corazón. Quisieran conocer a Cristo. Habiendo conocido a Cristo, una parte de ellos se siente atraída y se hace cristiana. Estas personas no conocen la historia del cristianismo en China. El tiempo no se detiene, lo que importa es mirar al futuro. Yo personalmente pienso que no hay que hablar a estos jóvenes de nuestra historia atormentada. Más bien deseo y espero que con el Espíritu de Cristo puedan vivir en la sociedad del futuro y participar en su construcción. Así sea.
Durante largos periodos de su vida usted ha sido un incomprendido. Le han definido el “obispo rojo”, o incluso el “Papa amarillo”… Ahora, ¿qué le preocupa y qué le consuela cuando mira su experiencia y la situación actual de la Iglesia china?
JIN: Unos dicen que soy un enigma. Aquí casi todos los obispos ancianos han pasado por la cárcel y llegaron a obispos después de salir de prisión. Sobre ellos, en general, no hay murmuraciones, son todos estimados también en el extranjero. Lo que se dice de mí hoy dentro de China es generalmente positivo: se aprecia mi modo de hablar con franqueza, y se piensa que políticamente soy transparente. Pero en el extranjero siguen difundiendo contra mí tantas difamaciones que ocultan bajo ellas el cielo y la tierra. No me lo explico. De todos modos, me río de ello y no quiero juzgar. Lo que me preocupa es el presente y el futuro de la Iglesia en China que ahora se encuentra ante muchas urgencias. Debemos proteger a nuestros sacerdotes, seminaristas y religiosas de la contaminación del mundo exterior para que sean verdaderos testigos de Cristo: esto es lo más importante, debemos concentrar toda nuestra energía en este punto. Además, en política y en economía China avanza a grandes pasos. Pienso que dentro de menos de veinte años el papel que China asumirá respecto del mundo entero va a ser muy importante. Mil trescientos millones de chinos aspiran a crear una sociedad armoniosa. Espero que la Iglesia pueda dar su aportación a este proceso. En esta circunstancia no quisiera de verdad que se mostrase una división, una desarmonía de la Iglesia. Precisamente en el momento en que todos los chinos están comprometidos a realizar un gran milagro económico y civil, espero que los diez millones de católicos no tomen una postura aislada respecto a esta gran multitud de personas, espero que no canten con voz desentonada, con el resultado de verse marginados en el futuro. Les ruego que imploren a Dios por nosotros. Espero que quien pueda use su influjo para guiar nuestra Iglesia en China hacia la armonía interior, hacia la armonía de toda la Iglesia en China con la Iglesia universal, para que también aquí podamos ser como miembros en comunión en el mismo cuerpo.


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