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03 - 2007 >
Que el amor humilde del Santo Padre enriquezca a la Iglesia y la humanidad
Que el amor humilde del Santo Padre enriquezca a la Iglesia y la humanidad
por el cardenal Zenon Grocholewski

Considero el aniversario una feliz ocasión para expresar gratitud al Señor por el don que le ha hecho a la Iglesia con este Papa y para manifestar a la persona del Santo Padre el ser cum Petro de toda la Iglesia, además de su ser sub Petro, necesarios para la construcción del reino de Dios que se extiende en el mundo.
Al dirigir su primer saludo a la iglesia y al mundo, el día de su elección, se presentó como «un simple y humilde trabajador de la viña del Señor». Luego, en la homilía de la asunción del ministerio petrino habló de sí como «débil siervo de Dios». Estas imágenes nos abren la puerta de su conciencia para dejarnos entrever su actitud interior frente Dios y la Iglesia. Por una parte, comunican su sentirse pequeño ante Dios y la misión que le ha sido encomendada. Es una actitud de gran alcance. Sabemos bien, en efecto, que cuanto más se vacía uno de sí mismo más capaz es de dejarse llenar de Dios, de ser instrumento eficaz en las manos de Dios. Por otra parte, las palabras citadas indican un sentido de entrega, incluso fatigosa y oculta, además de total disponibilidad. Por lo demás, este ha sido siempre su modo de presentarse en el largo servicio de estudioso, profesor, teólogo, pastor, prefecto de la Congregación para la doctrina de al fe, realizado con tesón, elevada competencia y cristalino espíritu de servicio a la Iglesia. Como miembro de la mencionada Congregación tuve el honor y el placer de colaborar con el cardenal Ratzinger durante algunos años y ver en acción estas cualidades suyas. Su manera de ser trabajador y servidor ha sido siempre sencillo y apasionado servicio a la verdad que ofrecer al hombre para alejarlo de la idolatría del relativismo.
Hace dos años el Señor llamó al actual Pontífice al supremo pontificado. Al asumir este «cometido inaudito» –como él mismo afirmó en su homilía de inicio del pontificado– configuró su ministerio en las imágenes del pastor y del pescador, focalizando su valor en el servicio del amor de Dios por la humanidad y del amor a Dios y al prójimo. Así, el amor es el hilo de oro que recorre las distintas expresiones del ministerio de Benedicto XVI, ahora “pastor y pescador” en la viña del Señor. «Apacentar», dijo, «quiere decir amar […]. Amar significa dar el verdadero bien a las ovejas, el alimento de la verdad de Dios, de la palabra de Dios; el alimento de su presencia, que él nos da en el Santísimo Sacramento […]. En la misión de pescador de hombres, siguiendo a Cristo, hace falta sacar a los hombres del mar salado por todas las alienaciones y llevarlo a la tierra de la vida, a la luz de Dios […]. Nosotros existimos para enseñar Dios a los hombres […]. Sólo cuando encontramos en Cristo al Dios vivo, conocemos lo que es la vida […]. La tarea del pastor, del pescador de hombres, puede parecer a veces gravosa. Pero es gozosa y grande, porque en definitiva es un servicio a la alegría, a la alegría de Dios que quiere hacer su entrada en el mundo».
Benedicto XVI no concibe el amor a la verdad de Dios que hay que donar al hombre de hoy como un cometido solitario del sucesor de Pedro, sino de toda la Iglesia. Por eso ha elegido como tema de su primera carta encíclica el amor cristiano a partir del corazón palpitante de la fe cristiana: Deus caritas est. El deseo del Papa con la encíclica es el de seguir hablando «del amor, del cual Dios nos colma, y que nosotros debemos comunicar a los demás» (n. 1). Del amor de Dios, que el hombre puede experimentar poniendo la mirada «en el costado traspasado de Cristo» (n. 12), brota como agua sanadora el amor del prójimo que «es ante todo una tarea para cada fiel, pero lo es también para toda la comunidad eclesial» (n. 20). Por tanto, subraya el Papa, «toda la actividad de la Iglesia es una expresión de un amor que busca el bien integral del ser humano: busca su evangelización mediante la Palabra y los Sacramentos, empresa muchas veces heroica en su realización histórica; y busca su promoción en los diversos ámbitos de la actividad humana. Por tanto, el amor es el servicio que presta la Iglesia para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades, incluso materiales, de los hombres» (n. 19).

Benedicto XVI con los niños de primera Comunión en la plaza de San Pedro, el 15 de octubre de 2005
Pienso que el camino del amor –de Dios, a Dios y al prójimo– por el que Benedicto XVI está conduciendo como “pastor y pescador” a la Iglesia, es el don más hermoso para el mundo entero, al que le cuesta tener corazón. Por tanto, lleno de gratitud, me alegra expresarle al Santo Padre mi deseo que su ministerio petrino, ejercido con humildad y amor, y al servicio del amor, pueda enriquecer el mundo actual con valores de los que dependen la vida en la Verdad y el verdadero progreso de la humanidad.