Dios ha abreviado su Palabra
por el cardenal Agostino Cacciavillan

Ha llegado a los ochenta años con gran vigor de intelecto, de sentimientos (incluido un fino sentido del humor), de movimientos, pese a que su cargo del oso de san Corbiniano es más pesado que antes (cf. Memorie autobiografiche 1927-1977, Edizioni San Paolo, Milán, 1997, págs. 118-121, y saludo en la Marienplazt, Múnich, 9 de septiembre de 2006).
No podemos olvidar aquel «simple y humilde trabajador de la viña del Señor» con que se presentó el 19 de abril de 2005. Nos hace pensar en el espíritu salesiano, es decir, en el humanismo cristiano humilde y dócil del obispo y doctor de la Iglesia san Francisco de Sales. Quizá Benedicto XV era también así.
Los ochenta años del papa Ratzinger pueden fácilmente dividirse en dos partes: cincuenta años antes de ser ordenado obispo (1927-1977) y treinta, desde la ordenación episcopal hasta hoy (1977-2007).
Treinta años de obispo: cinco en Alemania, como arzobispo de Múnich y Frisinga (1977-1982), veinticinco en Roma-Vaticano, de los cuales veintitrés (1982-2005) con el cargo de prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe y dos como pastor universal. Durante veintiocho años (1977-2005) fue también cardenal, cinco en Múnich y veintitrés en Roma.
En su octogésimo año de edad, que ahora se cumple para dar comienzo al octogésimo primero, Benedicto XVI realizó cuatro viajes apostólicos, llenos de significado y con gran éxito: Polonia (25-28 de mayo de 2006), Valencia (8-9 de julio de 2006), Baviera (9-14 de septiembre de 2006) y Turquía (28 de noviembre - 1 de diciembre de 2006).
En cierto sentido, el viaje a Baviera fue también la celebración de su propio 80 cumpleaños con especial referencia al periodo anterior a su viaje a Roma de 1982: una celebración conmovedora y edificante revivir en lugares conocidos y con personas queridas, además del recuerdo de los ausentes o fallecidos, entre ellos sus padres Joseph y Maria y su hermana Maria, ante cuya tumba fue a rezar con su hermano monseñor Georg; revivir sus distintas edades y muchas cosas y hechos del pasado, desde la infancia a la madurez activa y fructífera como sacerdote, profesor, escritor, obispo –una celebración que sólo él podía hacer–. A la luz de su reciente viaje a Baviera es interesante volver a leer los mencionados recuerdos autobiográficos de sus primeros cincuenta años de vida.
El pasado mes de septiembre en su patria se expresó así: «[…] lugares que han tenido una importancia fundamental en mi vida […] muchos recuerdos de los años pasados en Múnich y en Ratisbona: son recuerdos de personas y vicisitudes que han dejado en mí una huella profunda […] todos los que han contribuido a formar mi personalidad en las décadas de mi vida […] las etapas de mi camino, desde Marktl y Tittmoning hasta Aschau, Traunstein, Ratisbona y Múnich» (discurso a su llegada a Múnich); y estuvo también en Altötting y Frisinga. «Lugares que me son familiares y que han ejercido un influjo decisivo en mi vida, formando mi pensamiento y mis sentimientos, los lugares en los que aprendí a creer y a vivir […] todas las personas —vivas y muertas— que me han guiado y acompañado» (homilía en Múnich). «Me conmovió conocer cuántas personas […] han colaborado para embellecer mi casa y mi jardín» (homilía en Ratisbona). «Para mí es un momento emocionante encontrarme de nuevo en la universidad y poder impartir una vez más una lección magistral» (discurso en la Universidad de Ratisbona). «En esta bellísima plaza a los pies de la Mariensäule, lugar que, como se ha dicho, en otras dos ocasiones ya ha sido testigo de cambios decisivos en mi vida [comienzo del ministerio episcopal en 1977 y despedida antes de salir hacia Roma en 1982]» (saludo en la Marienplatz, Múnich). Recuerdos de su ordenación sacerdotal que recibió en la Catedral de Frisinga y de las ordenaciones de sacerdotes y diáconos que hizo en la misma Catedral (discurso en la catedral de Frisinga). «Han sido días intensos, y en el recuerdo he podido revivir muchos acontecimientos del pasado que han marcado mi existencia» (discurso de despedida en el aeropuerto de Múnich). Sobre todos estos puntos Benedicto XVI volvió a hablar con una síntesis precisa y conmovedora durante la audiencia general en la plaza de San Pedro el 20 de septiembre. Luego dedicó a los cuatro viajes pastorales de 2006 el discurso de Navidad a la Curia romana (22 de diciembre), y dijo entonces: «Proseguimos mentalmente hacia Baviera: Múnich, Altötting, Ratisbona y Frisinga. Allí viví las hermosas e inolvidables jornadas del encuentro con la fe y con los fieles de mi patria. El gran tema de mi viaje a Alemania fue Dios». Se explayó, pues, en profundizar dicho tema y dos temas relacionados con este, el sacerdocio y el diálogo.

El Papa en Cracovia saluda a los fieles en el parque de Blonie, el 28 de mayo de 2006
Quisiera, sin embargo, subrayar sobre todo los numerosos documentos oficiales que promulgó como prefecto del susodicho dicasterio. Acaba de ser publicado por la Congregación para la doctrina de la fe un espléndido volumen que recoge Documenta inde a Concilio Vaticano Secundo expleto edita (1966-2005).
Notando que la mayor parte de estos documentos (desde el n. 46 al n. 105, págs. 195-629) están firmados por el cardenal Joseph Ratzinger, el arzobispo Angelo Amato, secretario, escribe (p. 12): «En ellos está presente su alta calidad teológica fuertemente arraigada en la gran tradición de la Iglesia y, al mismo tiempo, abierta a escuchar atentamente el novum cultural, visto con simpatía y, en caso necesario, con sano espíritu crítico. A él, que por gracia de Dios hoy es papa Benedicto XVI, la Congregación para la doctrina de la fe le ofrece esta colección en señal de inmensa gratitud».
Dos características de notable importancia, esenciales de su personalidad y de su vida, fueron y siguen siendo la plena dedicación al servicio apasionado de la verdad y del amor. La sustancia de la vida cristiana.
Leemos en los citados recuerdos autobiográficos de sus primeros cincuenta años: «Como lema episcopal [en 1977] elegí dos palabras de la tercera carta de san Juan: “Colaboradores de la verdad”, en primer lugar, porque me parecía que podían representar bien la continuidad entre mi tarea precedente y el nuevo cometido: aun con todas las diferencias se trataba y se trata siempre de la misma cosa, seguir la verdad, ponerse a su servicio. Y desde el momento que en el mundo de hoy el tema “verdad” casi ha desaparecido, porque parece demasiado grande para el hombre, y, sin embargo, todo se derrumba se no hay verdad, este lema episcopal me pareció el que mejor conciliaba con nuestro tiempo, el más moderno, en el buen sentido del término». Este lema siguió usándolo también cuando fue prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe desde 1982 a 2005.
Podemos observar inmediatamente que en la citada breve tercera carta de san Juan, se subraya la verdad, pero también se menciona la caridad. En los escritos del apóstol Juan hay un entrelazarse de verdad y caridad.
Por otra parte, con la verdad están íntimamente relacionadas la razón, la racionalidad, la inteligencia: el logos minúsculo y el Logos mayúsculo, el Logos creador; además del tema fe y razón, religión y razón. Y al respecto tenemos la lección pronunciada por el Santo Padre en la Universidad de Ratisbona el 12 de septiembre de 2006, lo que él mismo dijo en la audiencia general del 20 de septiembre de 2006 y su discurso al IV Congreso eclesial de la Iglesia en Italia, pronunciado en Verona el 19 de octubre de 2006.
Si la verdad sobresale en el lema al inicio de su ministerio-magisterio episcopal, la caridad domina en la encíclica inicial de su sumo pontificado. Toma de nuevo su inspiración en san Juan: «Dios es amor» (Jn 4, 8). Ahora bien, esa encíclica la hallamos citada en los dos discursos mencionados de Ratisbona y de Verona, lo que es inevitable, dada la íntima relación que existe entre verdad y amor. Nótese esta reflexión de la lección de Ratisbona: «[…] el Dios verdaderamente divino es el Dios que se ha manifestado como logos y ha actuado y actúa como logos lleno de amor por nosotros. Ciertamente el amor, como dice san Pablo, “rebasa” el conocimiento y por eso es capaz de percibir más que el simple pensamiento (cf. Ef 3, 19); sin embargo, sigue siendo el amor del Dios-Logos, por lo cual el culto cristiano, como dice también san Pablo, loghikè latreía, un culto que concuerda con el Verbo eterno y con nuestra razón (cf. Rm 12, 1)».

Benedicto XVI firma la encíclica Deus caritas est, 25 de diciembre de 2005
Por tanto, las palabras del Papa arribas referidas, hacen, por así decir, todo uno de la Verdad-Verbo-Logos y del Amor. El Verbo, la Palabra, la Verdad, concierne principalmente al Amor: Dios es amor, y la síntesis de la Ley y de los profetas es amar a Dios y amar al prójimo.
Verdad y caridad son temas fundamentales para toda la vida y la obra de la Iglesia: su misión en la sociedad civil (los ámbitos de la política, la economía, el trabajo, el pensamiento, la ciencia, la técnica, etc.), la promoción de la unidad de los cristianos, el diálogo con las otras religiones y culturas, etcétera. En la estupenda homilía de la Epifanía 2007 el Papa nos habló de la dimensión política, la científica y la religiosa, tres dimensiones constitutivas del humanismo moderno, e invitó a los gobernantes, hombres del pensamiento y de la ciencia, y a los líderes espirituales de las grandes religiones no cristianas a ser los Magos de hoy.
En los mencionados retos Benedicto XVI tiene una responsabilidad suprema, y se desenvuelve de manera admirable, con mucha ciencia y mucha sabiduría, a veces “de manera sorprendente” han dicho algunos, y “con verdadera maestría de la palabra y de los gestos”. Por su incansable gran servicio a la verdad y al amor, le presentamos todo nuestro agradecimiento al papa teólogo Benedicto XVI. Al mismo tiempo, esperamos que las alusiones a sus enseñanzas que acabamos de hacer favorezcan nuestro crecimiento en ese “apoyo y cariño” hacia su persona por el que muy humanamente él a menudo expresa su “gracias”, con modesta sencillez comparable a su grandeza espiritual. Su aumentado cargo del oso de san Corbiniano lo hace sentir más cerca de Dios.