DIPLOMACIA. Los coloquios reservados sobre el problema del uso de los OGM en el Tercer Mundo
Por un puñado de maíz “biotech”
Estados Unidos sigue presionando para convencer a la Santa Sede de que se pronuncie a favor de los alimentos genéticamente modificados. Todo por la lucha contra el hambre. Pero también para controlar los mercados. El caso de Zambia
por Gianni Cardinale

Mujeres de Zambia transportan los sacos de cereales distribuidos por el centro WFP, el Programa Mundial de Alimentación, en Ngombe
El caso de Zambia
La acción diplomática estadounidense comenzó el verano pasado, y arrancó de la hambruna de Zambia. El gobierno de Lusaka se empeñó en rechazar el maíz genéticamente modificado producido por Estados Unidos, que le había ofrecido el World Food Program. Tras esta actitud estaba también el Jesuit Centre for Theological Reflection (JCTR), al frente del cual está el jesuita estadounidense Pete Henriot, quien ha llevado a cabo una profunda investigación sobre el tema. Para el JCTR los OGM no han de desembarcar en Zambia por una serie de razones (los estudios sobre su nocividad no son dignos de crédito; pueden producir esterilidad; tras su siembra no se podrían utilizar los terrenos para otros cultivos; su utilización haría que los países fueran dependientes de los Estados Unidos…), las clásicas de los opositores a los alimentos biotecnológicos. Estas motivaciones fueron consideradas sólo un pretexto por el Departamento de Estado norteamericano. Así que en Washington se tomó la decisión de encargar el tema al embajador Nicholson, que además es un convencido defensor de los OGM (en un reciente convenio confesó que de joven pasó hambre y que de aquella experiencia arranca su especial atención por el problema del hambre en el mundo).
El activo diplomático estadounidense no ha perdido tiempo. De modo que, paralelamente a los febriles coloquios sobre la cuestión iraquí entre la Santa Sede y Washington, se ha desarrollado otra no menos intensa serie de contactos verbales y epistolares sobre el caso de Zambia. Fueron coloquios y mensajes que hasta el momento se han mantenido reservados, pero que 30Días puede ahora revelar a grandes rasgos.
Presiones estadounidenses
y prudencia vaticana
Sobre el tema de Zambia, entre mediados de septiembre y los primeros días de diciembre del año pasado, hubo encuentros en la Secretaría de Estado entre Nicholson y el “ministro de Exteriores” vaticano, Tauran, y también con el sustituto (el “ministro del Interior”), el arzobispo Leonardo Sandri. Además, también hubo un intercambio de misivas entre Powell y Tauran, entre el número dos de la embajada, Brent Hardt, y el entonces número dos de Tauran, monseñor Celestino Migliore (hoy observador ante la sede de la ONU de Nueva York), además de entre Nicholson y el general de los jesuitas, Peter-Hans Kolvenbach, en calidad de superior último del JCTR de Lusaka.
El objetivo de estas presiones era conseguir de la Santa Sede una declaración «clara y no ambigua» en la que se afirmara la «seguridad de los alimentos biotecnológicos» para ayudar a superar las «vacilaciones tan frecuentes en África y otras partes». Una intervención pública que, de alguna manera, neutralizara la propaganda anti OGM de los jesuitas de Zambia, aunque también las tomas de posición negativas de algunos episcopados (como el sudafricano, en 2000) y de amplios sectores del mundo católico de África y otros lugares. Pero esta intervención todavía no se ha producido. Está claro que en el Vaticano no encuentran eco los tonos ideológicamente anti OGM como los usados a veces por los defensores del medio ambiente y en las ONG laicas y católicas, pero muy diplomáticamente se ha evitado bendecir a los paladines de los alimentos biotecnológicos.
La Santa Sede ha apreciado siempre en sus respuestas el papel de los Estados Unidos en la asistencia humanitaria en África. Pero al mismo tiempo ha hecho saber que no está en condiciones de valorar cada uno de los productos o la cuestión en su totalidad, sobre si un país ha de usar o no este tipo de alimentos. El Vaticano ha recordado, además, que por su parte no existe ningún «rechazo absoluto» de los alimentos biotecnológicos, pero que es necesario valerse del «principio de precaución», como se hace con los fármacos, para evitar que no haya riesgos para los seres humanos. Para la Santa Sede, además, es necesario que los alimentos biotecnológicos, una vez comercializados, queden identificados como tales mediante «etiquetas apropiadas». En los sagrados palacios, además, no ha faltado quien ha señalado que el uso de los OGM en los países en vías de desarrollo tendría que respetar también «los principios de justicia y solidaridad con referencia a las cuestiones comerciales y económicas».
Las respuestas vaticanas no satisficieron plenamente las peticiones estadounidenses. Así que el general Powell aprovechó la audiencia que le había sido concedida el 2 de junio para volver a plantear la cuestión, hablando de ello directamente con Juan Pablo II. Según lo que contaba Nicholson sonriendo al Corriere della Sera, para dar fuerza a sus palabras Powell no dudó en presentarse como ejemplo, diciéndole al Papa: «Míreme, sir. Yo como todos los días productos genéticamente modificados, y más o menos me conservo, ¿o no?».
Cita en Sacramento
¿Tendrán efectos las palabras de Powell? Podríamos saberlo a finales de mes. Entre los días 23 y 25 está prevista en Sacramento, California, una conferencia ministerial sobre “Ciencia agrícola y tecnología”, organizada por el Departamento estadounidense de agricultura y patrocinada por el Departamento de Estado. Del Vaticano ha sido invitado el arzobispo Renato Raffaele Martino, presidente del Consejo Pontificio de la Justicia y la Paz. Esta decisión podría parecer paradójica, visto que el eclesiástico es el representante de la Curia romana que más ha criticado la política de Washington durante la última guerra en Irak. En realidad, hay que recordar que en su primera conferencia de prensa como jefe del dicasterio vaticano, el 17 de diciembre del año pasado, monseñor Martino hizo una especie de apología de los OGM: «Mírenme», confesó, «tengo buena salud, o por lo menos eso creo. Estuve en Estados Unidos 16 años [como observador permanente de la ONU, n. de la r.] y comí todo lo que ofrecen los mercados locales, incluidos muchos alimentos OGM. Hasta el momento no he sufrido consecuencias». Palabras no muy distintas de las pronunciadas por Powell frente a Juan Pablo II. De todos modos, en Sacramento Martino no expondrá sus posiciones personales, sino las de la Santa Sede. En esa ocasión, quizá, se podrá ver si las palabras de Powell al Papa surtieron algún efecto. O bien, como parece más probable, si la Santa Sede seguirá considerando que no ha llegado aún el momento de tomar una posición oficial “clara y no ambigua” a favor de los OGM.