Las decisiones de Benedicto XVI
Con pequeños pasos
El análisis del vaticanista del periódico La Stampa: el papa Ratzinger comunicó sus decisiones el 22 de febrero al final de la audiencia general del miércoles con esa actitud sonriente, y casi ligeramente autoirónica, que le gusta tomar a veces, casi como diciendo: ¡mirad lo que me toca hacer!
por Marco Tosatti

Aquí arriba, William J. Levada, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe

A la izquierda en la foto, Nicholas Cheong Jin-suk, arzobispo de Seúl, con el cardenal Stephen Kim Sou-hwan, arzobispo emérito de Seúl
¿Es posible hallar líneas concretas en las decisiones tomadas por el Papa? Trataremos de señalar algunos elementos, que luego han de ser examinados más detalladamente. El primero, evidente, es geográfico: tres de los nueve cardenales diocesanos pertenecen a Asia. China, Filipinas y Corea. El segundo es el carácter de un buen porcentaje de los futuros cardenales: son luchadores, hábiles, capaces de moverse en la complejidad del mundo del tercer milenio, pero que no temen asumir posturas impopulares, o de denuncia de las situaciones de injusticia. En algunos casos puede haber tenido un papel la afinidad doctrinal con el Papa, que ha demostrado que no teme confiar en su propio juicio y en su propia experiencia. No hay que olvidar, en este sector particular, como en los otros campos de gobierno, que durante varios lustros Joseph Ratzinger ha visto pasar ante sí, en las visitas ad limina, a todos los obispos del mundo (y la Congregación para la doctrina de la fe era una etapa obligatoria, al igual que la Congregación para el clero, en la estancia romana); gracias a su memoria excepcional, Benedicto XVI tiene ante sí un “tablero” muy rico, en el que puede pescar —o negarse a pescar— a aquellos que considere más apropiados para las varias tareas. Añadimos que la Congregación que dirigía es a la que confluyen también las señalaciones no especialmente honorables de todo el mundo. Y no cabe duda de que el papa Ratzinger no sufre de vacíos de memoria.
Como hemos dicho Asia parece privilegiada. Aunque está claro que no son los números absolutos los que han motivado la opción; los católicos en Hong Kong son una minoría, el 3,5%; así como en Corea del Sur (el 6,6%). Tampoco en Filipinas, donde en cambio son mayoría (83%, único país de Asia con mayoría católica, junto con el pequeño Timo oriental), las cifras absolutas no son comparables con las del Viejo continente. Pero Benedicto XVI mira al futuro. Y el catolicismo asiático parece mucho más tónico que el europeo. Por lo menos la mitad de los fieles a Roma en aquellas tierras exterminadas va a misa el domingo; los nuevos bautizados (en su mayoría adultos) crecen en un cinco por ciento al año. Las estadísticas sobre los “cuadros” demuestran que en Asia se da un crecimiento del clero y del personal religioso (más 1.422 en 2004), mientras que en el mismo periodo en Europa hay una disminución de 1.876 unidades. En fin, hay que subrayar que Asia representa para la Iglesia el continente del futuro incluso desde el punto de vista de la grey, y no sólo de los pastores: casi la mitad de la población asiática (que en conjunto cuenta con 3.900 millones de personas, los dos tercios de la población mundial) está constituida por jóvenes con menos de 25 años; en este continente vive el 80% de los no cristianos del mundo. Decía Juan Pablo II: «Asia es nuestra tarea común para el tercer milenio»; una convicción que evidentemente Benedicto XVI comparte.
El nombramiento de Joseph Zen es el que naturalmente más ha despertado la curiosidad; es probable –viendo la reacción de Pekín– que el nombramiento no estuviera preparado diplomáticamente; pero, por lo demás, señalan los expertos, Hong Kong sigue gozando de un régimen especial; la presión exterior sobre China (motivada por rencores de carácter comercial) en lo tocante a los derechos humanos, y por consiguiente también religiosos, está creciendo, y el gobierno no puede ignorarla completamente; así que no era oportuno, en el caso de que lo hubiera querido hacer, abandonarse a reacciones excesivas. La Iglesia católica en China está viviendo un nuevo periodo, y probablemente los pasos futuros que se den lleven a una mayor unidad de los dos “ramos”. En este sentido Joseph Zen, que ha pasado años enseñando en China y conoce muy bien a los seminaristas, sacerdotes y obispos de la Iglesia oficial y subterránea, es para Benedicto XVI el eje en torno al cual puede desarrollarse este proyecto. De hecho ya ha trabajado para reforzar las relaciones entre los dos ramos de la Iglesia, que lo respetan; y la nueva dignidad le dará mayor prestigio y autoridad.

Benedicto XVI
Qué piensa Benedicto XVI de Europa, y de occidente en general, desde el punto de vista de la fe, no es un secreto. Pero pensamos que es importante ver lo que decía el cardenal Joseph Ratzinger en 2004, en un encuentro citado por la agencia Zenit. «La Iglesia substancialmente no puede reconocerse en la categoría “Occidente”. Sería un error histórica, empírica y teológicamente. Históricamente, sabemos que el cristianismo nació en el cruce de Europa, Asia y África, y esto indica también algo de su esencia interior. Nació en un encuentro de culturas como capacidad, posibilidad y desafío de una síntesis de las culturas y como posibilidad de trascender las culturas en algo que es el ser humano como tal y que precede y trasciende las culturas. En sus comienzos, la expansión del cristianismo se dirigía por igual a Oriente, hacia China, India, Persia, Arabia, y a Occidente. Por desgracia, después del nacimiento del islam, gran parte de esta cristiandad oriental desapareció. Pero no del todo, porque existen elementos de estas cristiandades históricas que dan testimonio de su universalidad, y también la cristiandad europea se divide en occidental y oriental. Por tanto, la extensión de la Iglesia referida a nuestra cultura es muy grande y se detalla en varias culturas. Empíricamente, no sólo poseemos esta gran herencia histórica, sino que el cristianismo está presente, con minorías de fuerza espiritual reconocida, en todos los continentes. Cada vez más el eje de la cristiandad se mueve hacia los nuevos continentes, hacia África, Asia, América Latina. Europa es todavía una fuente esencial para el desarrollo del cristianismo, sin embargo, comienza a marginarse precisamente con la discusión sobre su identidad... No es una actitud política dictada por la necesidad de no perder la simpatía por la Iglesia en África, Asia o América Latina, sino que es una actitud teológica. La Iglesia no puede reconocerse simplemente como Occidente, sino que debe cada vez de nuevo trascender su definición occidental y extenderse realmente hacia la universalidad, sobre todo trascendiendo a sí misma hacia lo divino, que es la única realidad que puede crear una comunicación de las culturas». Es una lectura histórica, si la hace un cardenal y estudioso; pero se transforma inmediatamente en base para una estrategia, si la persona que la formula se convierte en el responsable principal de la Iglesia católica. Y quizá nos puede ayudar a intuir en qué dirección quiere moverse Benedicto XVI.

Joseph Ratzinger con Pablo VI durante su primera misa como cardenal, el 29 de junio de 1977